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Tomando el pulso al planeta

La Tierra está enferma. Nosotros la estamos matando, o más concretamente estamos matando la vida que contiene. Podemos vigilar continuamente sus constantes vitales y ver cómo evoluciona o podemos tomar su pulso en un momento dado. Pero, ¿como tomar el pulso a un planeta?


Esta redacción, ante la imposibilidad de una monitorización prolongada, ha optado por tomar el pulso puntualmente, escogiendo unos pocos resultados sobre Medio Ambiente entre los aparecidos en un periodo de unos poquísimos días y resumirlos aquí sin alterarlos. Es sólo una instantánea, un disparo con escopeta a ver qué cae, un intento fútil de hacer ver a los negacionistas cargados de fanatismo y doctrina que estamos en peligro por nuestro tremendo egoísmo.

Sobre el futuro climático se han dibujado diversos escenarios dependiendo de nuestra capacidad de controlar las emisiones de gases de efecto invernadero. En todo caso, si queremos evitar un apocalipsis habrá que recortar esas emisiones. Nuevas tecnologías más eficientes desde el punto de vista energético podrán ayudar, pero ¿y la tecnología antigua aún en uso y que no vamos a retirar? ¿Hay suficiente inercia para que el aumento de emisiones siga por décadas y no podamos evitarlo?


Según Steven Davis y Ken Caldeira, de la Carnegie Institution [1], hay un resquicio para la esperanza, pero si queremos evitar el desastre urge la creación de nuevas tecnologías limpias.
Según Davis el mayor problema del cambio climático es la enorme inercia que tiene. Parte de esa inercia se debe a los ciclos naturales del carbono o a límites naturales, pero otros se deben a las infraestructuras construidas por el ser humano, que emiten gases de efecto invernadero y lo seguirán haciendo hasta que dejen de estar en uso.


La pregunta que estos investigadores se plantearon fue qué pasaría si se mantienen las actuales infraestructuras (plantas térmicas, automóviles, etc) hasta el final de su vida útil, pero todas las nuevas que se construyan son limpias desde el punto de vista climático.


Encontraron que (tomando como ejemplo datos de EEUU) esto era suficiente como para colocar la concentración de dióxido de carbono a sólo 430 ppm, lo que provocaría un aumento de temperatura de sólo 1,3 grados centígrados respecto a la época preindustrial.


Los autores, sin embargo, advierten que este resultado no minimiza la amenaza, pero como la mayor parte de esta amenaza proviene de infraestructuras que aún no hemos construido urge desarrollar nueva tecnología que no emita gases de efecto invernadero ya, incluyendo los automóviles eléctricos.

Según un estudio ([2], [3]) la expansión de los regadíos a nivel global, para así alimentar a la creciente población mundial, parece que está camuflando los efectos del calentamiento global. Muchos de esos regadíos son regados con aguas procedentes de acuíferos. Pero la mayoría de estos acuíferos quedarán agotados por sobreexplotación en las próximas décadas con lo que se producirán dos consecuencias: un aumento de los efectos del cambio climático y una escasez de comida.


Los científicos de todo el mundo están de acuerdo en que la actividad humana ha elevado la temperatura global en 0,7 grados centígrados debido al consumo de combustibles fósiles.
Cuánto se elevará en el futuro dependerá de las emisiones que hagamos en las próximas décadas, pero también de otros factores. Las partículas de aerosol que introducimos en la atmósfera han compensado en parte esto. Los regadíos también han contribuido al enfriamiento, compensando las consecuencias del efecto invernadero.


En cien años los regadíos se han multiplicado por cuatro y ahora cubren una superficie igual a cuatro veces el estado Texas.


Este proceso de enfriamiento tiene más impacto en áreas desérticas o semidesérticas. El agua en la superficie se evapora llevándose el calor del suelo y enfría la zona.


Estos autores calculan que este efecto de enfriamiento es pequeño (0,1 grados centígrados) a escala global, pero es muy potente a escala regional, llegando hasta los 3 grados centígrados en algunas regiones de India. El estudio sugiere que incluso este efecto puede que esté alterando el patrón de comportamiento del monzón en Asia.


Según los autores, los modelos previos estaban muy idealizados, pero el suyo es más realista. Este trabajo subraya la importancia de incorporar a los modelos climáticos el efecto de los regadíos.

Científicos de la Universidad de Oregón han determinado a escala fina la estructura genética del primer animal en mostrar respuesta rápida frente al cambio climático: un mosquito (Wyeomyia smithii) de las plantas jarro (Sarracenia purpure). Para ello han utilizado una técnica novedosa denominada RAD (Restriction-site Associated DNA). Según los autores del estudio ([4], [5]) este resultado demuestra el poder de la Genética a la hora obtener conocimiento de las especies terrestres.


En este caso han podido determinar los mecanismos genéticos subyacentes al cambio climático posterior a la última glaciación de la respuesta de tipo fotoperiodo. Esta respuesta está relacionada con la emigración y reproducción del mosquito. Al parecer la expansión de este mosquito se dio en su día en forma de ola progresiva y no por parches aislados a lo largo de Norteamérica.


La idea es obtener información que nos pueda ayudar a diagnosticar mejor la posible invasión de otro tipos de mosquitos como el portador del dengue, la encefalitis o de la malaria según invadan zonas templadas al aumentar la temperatura global debido al actual cambio climático.

La crisis del colapso de las colmenas hizo preocuparse en gran medida a las personas informadas. Gran parte de nuestra producción agrícola depende de estos pequeños insectos. Sin polinizadores la producción agrícola caería dramáticamente y padeceríamos hambrunas.
Un estudio reciente de la Universidad de Toronto ([6], [7], [8]) proporciona la primera prueba a largo plazo sobre la tendencia a la baja de todos los polinizadores. Al parecer el culpable es el calentamiento global.


En el caso de las abejas el calentamiento global produce el desacople temporal entre el periodo de floración y el periodo de hibernación de estos insectos.


James Thomson ha tomado datos durante 17 años en las Montañas Rocosas de Colorado. Sostiene que se puede observar una clara disminución de las poblaciones de polinizadores con el paso del tiempo.


Según él esto demostraría que la polinización es vulnerable incluso en ambientes prístinos donde no hay ningún tipo de pesticida o influencia humana directa, pero donde ya se nota el cambio climático.

¿De dónde sale la comida que se come? Pues al parecer gran parte de la misma, directa o indirectamente, proviene de la destrucción de selva tropical. Al menos así se manifiesta en un estudio de expertos de la Universidad de Stanford ([9], [10]).


Más del 80% de las nuevas tierras de cultivo creadas entre 1980 y 2000 provienen de bosques vírgenes tropicales. Entre 1980 y 1990 (diez años) se destruyó una extensión de selva virgen equivalente en extensión a la superficie de Alaska. Los datos provienen del análisis de fotos de satélite.


Esta política ha arrojado una considerable cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera y tendrá grandes implicaciones para el calentamiento global si se sigue destruyendo selva a este ritmo. Con cada 400 mil hectáreas de bosque destruido se arroja a la atmósfera el mismo carbono que 40 millones de automóviles en un año. El bosque tropical almacena más de 340.000 millones de toneladas de carbono, que es 40 veces las emisiones anuales producidas por todo el consumo de combustibles fósiles.


Los principales culpables no serían las pequeñas explotaciones familiares, sino grandes terratenientes y corporaciones que han reemplazado a los primeros y destruyen inmensas extensiones de selva, principalmente en Brasil e Indonesia. Contradictoriamente, las zonas dedicadas a la agricultura en zonas no tropicales han disminuido en extensión (¿no podían competir en precios?).


La ONU espera que la producción agrícola se doble para el año 2050 por lo que es de esperar más destrucción de selva. El aumento de la demanda de productos agrícolas se debe en gran parte al aumento de la población mundial y al surgimiento de una clase media en China e India. También se debe últimamente a la producción de biocombustibles.


En el caso de Brasil gran parte de la destrucción viene de la producción de pastos para el ganado, que más tarde se convertirán en hamburguesas y similares, así como de la producción de soja.


Según uno de los autores del estudio, el 55% de toda la extensión boscosa que había en este planeta fue completamente destruida entre 1980 y 2000 (veinte años) y un 28% fue degradada.

De esa misma universidad es Eric Lambin [11], que ha desarrollado diversas técnicas en las que se usan datos de satélite para estudiar problemas medioambientales. En especial es fácil estudiar los problemas de deforestación y de abandono de la tierra agrícola obtenida en esos mismos lugares al cabo de un tiempo, cuando se pierde la fertilidad del suelo.


Así por ejemplo, descubrió que Vietnam no usaba menos madera como sostenía su gobierno, sino más, generalmente importada ilegalmente de los países del entorno.


Los datos por satélite se complementan con encuestas a pie de selva, que revelan la problemática de la población autóctona. La escasez de suelo lleva a la población a cultivar en laderas, destruyendo los árboles que retienen el suelo. Cuando llueve, a veces fuertemente, se pierde ese suelo, además de provocar toda clase de dramas humanos.

Otro tipo de efectos de la deforestación es la sustitución de mosquitos portadores de malaria por mosquitos portadores de dengue, que ya es la principal causa de hospitalización y muerte infantil en Tailandia.

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Daphnia magna. Fuente: Paul Hebert.

Un muy interesante estudio reciente ([12], [13], [14]) va a permitir predecir qué especies se extinguirán. El trabajo ha sido muy bien valorado dentro de la comunidad científica y en diversas instituciones, considerándose ya un hito en el campo.


Las principales causas de extinción son la degradación o pérdida de habitas, las especies invasoras, la caza y la contaminación. Pero no es fácil predecir si la población de una especie en peligro de extinción está tan dañada como para que ya esté condenada a la desaparición, incluso aunque queden algunos ejemplares. El número de individuos que queden de una determina población no es un buen indicador. Este nuevo estudio permite sentar las bases de una alarma temprana en el proceso de extinción y así tratar de evitarla antes de que sea tarde.


Según sugiere la teoría, el punto de no retorno hacia la extinción está precedido por una fase de decaimiento crítico descrita matemáticamente y que cumplen diversos tipos de procesos, como los cambios abruptos en el clima que se dieron en el pasado o los ataques epilépticos.


En el caso de las especies en peligro de extinción, esta fase se caracteriza por una recuperación cada vez más lenta después de un pequeño declive provocado por las fluctuaciones que se producen de vez en cuando en la población. El punto de no retorno viene descrito matemáticamente como una bifurcación transcrítica.


John Drake y Blaine Griffen decidieron comprobar si estos signos de alarma se podían ver en la realidad y diseñaron un precioso experimento de laboratorio. Como el tiempo implicado en los procesos de extinción son muy elevados para el caso del rinoceronte negro o del tigre de Bengala, en su experimento usaron una especie de vida corta como la pulga de agua (Daphnia magna). Depositaron estas criaturas en 60 tanques y esperaron a que las poblaciones se estabilizaran en unos pocos meses. Luego simularon la degradación ambiental de parte de esos ambientes, disminuyendo las algas verde-azuladas de las que se alimentaban en 30 de los casos. Esas 30 poblaciones disminuyeron rápidamente. Después de 270 días traspasaron el punto de no retorno, desapareciendo por completo al cumplirse poco más de un año. Las poblaciones de las otras 30 oscilaron en tamaño, pero sobrevivieron.


Estos investigadores analizaron la tendencia según el tamaño de las poblaciones usando herramientas estadísticas. Descubrieron signos de decaimiento crítico en las poblaciones con degradación ambiental, pero no en las otras. El decaimiento crítico duraba unas 8 generaciones antes de cruzar el punto de no retorno hacia la extinción.


Por tanto, este experimento ha proporcionado pruebas experimentales a las señales de alarma que se habían predicho teóricamente con anterioridad.


La pregunta que surge es si estos signos de alarma pueden ser detectados entre los datos ecológicos reales fuera del laboratorio, que normalmente son datos muy “ruidosos”.

Un grupo de científicos conservacionistas abogan por un cambio fundamental hacia la conservación de la biodiversidad [15]. En el artículo que han escrito, y que sale publicado en Science, argumentan que, a no ser que la gente reconozca la conexión entre consumo y pérdida de biodiversidad, la vida en la Tierra continuará su declive.


Según Mike Rands la biodiversidad continúa su declive pese a todos los esfuerzos realizados y urge que la gente vea la biodiversidad como un bien común global que proporciona beneficios, como el aire limpio o el agua dulce. Esta visión debe integrarse no sólo en las políticas, sino en la sociedad y en las decisiones individuales del día a día.


Según estos expertos no hay que considerar la biodiversidad de un modo aislado como parte de los planes de una nación, sino que debe extenderse a todos los sectores gubernamentales como un tesoro a defender. Desde el punto de vista internacional sugieren que se apoyen los esfuerzos de conservación del medio de los países en vías de desarrollo.


Según Rands, como los beneficios que recibimos de la biodiversidad son gratuitos los damos por sentados. El costo de conservación de la biodiversidad es mínimo comparado con los beneficios que proporciona o con los costos que acarrea su pérdida. Desde el punto de vista económico mantener la biodiversidad es fundamental.


Abogan por una reunión general de las Naciones Unidas para discutir este problema y así propagar este mensaje tan importante.


Según los autores hay que recompensar las acciones individuales positivas en este aspecto y penalizar las negativas.


En la actualidad las amenazas a la biodiversidad son la destrucción o fragmentación de hábitats, la contaminación, la sobreexplotación de especies, las especies invasoras y el cambio climático. El 21% de las todos los mamíferos, el 30% de todos los anfibios, el 12% de todas las aves y un 25% de todas las plantas están ya en riesgo.

Podríamos mencionar más, como la amenaza bajo la que se encuentran los pingüinos en todo el mundo o que una combinación de agricultura orgánica y tradicional es mejor que cada una de ellas únicamente.


Fuente: Neofronteras, http://neofronteras.com/?p=3235
Los resultados son muchos y se dan continuamente, sirvan los expuestos como sólo unos ejemplos, improvisados a raíz de unos comentarios vertidos en este sitio web. Algunos de ellos son realmente interesantes y merece la pena leer las notas de prensa originales para estar mejor informados.

Basura espacial creció un 20% el año pasado


15.000 restos de satélites orbitan la Tierra

Alrededor del planeta Tierra orbitan actualmente unos 15.000 desechos de satélites y naves espaciales viejas, cifra un 20% superior a la detectada un año atrás.

Esa es la advertencia que se desprende del nuevo reporte anual del Programa de Restos Orbitales de la agencia espacial NASA puesta en su sitio web www.orbitaldebris.jsc.nasa.gov esta semana.

Según los expertos, el incremento de la llamada basura espacial es preocupante tanto para los científicos como para los ciudadanos.

Por un lado, el que haya piezas metálicas de diferentes tamaños y formas girando continuamente alrededor de nuestro planeta a altas velocidades representa una seria amenaza para los astronautas que participan en misiones espaciales y para los que habitan la Estación Espacial Internacional (ISS).

El impacto de una sola de estas piezas en la ISS puede provocar movimientos abruptos y fallas en algunos de sus sistemas vitales.

Pero además, desde la Tierra también nos podemos ver afectados todos, pues, el alza en la cantidad de basura espacial está creando una capa de material sólido que va ‘ensuciando’ el firmamento nocturno y obstruye el estudio y disfrute de observar de las estrellas.

También estos restos de naves y satélites, pueden interferir en el buen funcionamiento de satélites del clima y de comunicaciones o incluso, caer a la Tierra, “sin que seamos aún capaces de prevenir un accidente como este o de interceptarlo”, reconocen los especialistas de NASA.

Los principales contribuyentes en esta contaminación espacial son el Reino Unido –con 5.653 objetos–, Estados Unidos –con 4.812 piezas– y China, con 3.144 objetos.


Fuente: La Nación, http://www.nacion.com/ln_ee/2010/enero/27/aldea2239969.html

Egipto: Energía limpia en vecindarios pobres


EL CAIRO, (IPS) - En uno de los vecindarios más pobres y poblados de El Cairo, Hussein Soliman y su familia viven en un pequeño apartamento que es un modelo de convivencia con la energía limpia.

Los dos paneles solares y la unidad de biogás en el techo del edificio de Soliman, en Darb El-Ahmar, proporcionan agua caliente y gas a su apartamento de dos dormitorios, lo cual reduce la huella de carbono y los costos energéticos de su familia.

Los aparatos de energía limpia, hechos en gran parte de material reciclado, hicieron que "mis cuentas de gas y electricidad sean mucho menores que antes", dijo Soliman. De hecho, casi 50 por ciento menos.

Soliman probó suerte con la energía limpia en 2008 cuando se sumó a la iniciativa Solar CITIES (sigla de Connecting Community Catalysts and Integrating Technologies for Industrial Ecology Systems), un proyecto de desarrollo dirigido por el planificador urbano estadounidense Thomas Culhane.

El proyecto aprovecha la experiencia y la innovación local para desarrollar tecnologías energéticas baratas, adaptadas al riguroso ambiente de los vecindarios más pobres de la capital de Egipto.

"En el desarrollo no existe una solución única, y parte del problema es precisamente que los llamados ‘expertos’ vienen y pretenden promover productos y diseños que son inadecuados para la comunidad local", explicó Culhane a IPS.

Culhane y su esposa alemana, Sybille, incorporaron como innovadores a los habitantes de los vecindarios de bajos ingresos donde esperan tener un mayor impacto. Sus diseños para los calentadores solares de agua y los digestores de biogás se desarrollaron a través de la experimentación, la búsqueda colectiva de ideas y el registro de "tarros de basura para encontrar materiales que pudieran funcionar".

Con los materiales reciclados, el equipo de Culhane logró armar un sistema solar de calentamiento de agua por menos de 500 dólares. Los paneles solares están hechos de restos de aluminio, vidrio, caños de cobre y aislamiento de poliestireno.

El sistema utiliza dos barriles reciclados de champú, con capacidad de 200 litros, uno para almacenar el agua calentada por los paneles y el otro como reserva.

Solar CITIES fabricó 35 calentadores solares de agua en Egipto desde 2007. La mayoría, incluso 35 unidades realizadas con fondos de USAID (sigla en inglés de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), están instaladas en los techos de zonas subdesarrolladas donde los frecuentes recortes de energía y agua provocan el colapso de los sistemas comerciales.

Los tanques, puestos uno sobre el otro, y una válvula de flotación – similar a las utilizadas en los inodoros – permiten que los calentadores de agua resistan las fluctuaciones en la presión del agua que provoca las fallas.

"Tuvimos que experimentar mucho para encontrar dónde colocar las entradas y salidas para el agua fría y caliente que equilibraran el flujo cambiante, y abrieran las válvulas de flotación en el momento justo", comentó Culhane.

Tras un año en funcionamiento, Soliman explica que el único mantenimiento que el calentador requiere es el lavado dos veces a la semana de los paneles para remover la acumulación de polvo.

"Los paneles calientan el agua, que los caños llevan a la cocina y a la ducha", contó. "Sólo necesitamos la electricidad para calentar el agua en el invierno, y únicamente si la utilizamos después de medianoche".

El digestor de biogás que Soliman instaló en el techo – uno de los ocho fabricados por el proyecto Solar CITIES – convierte los residuos orgánicos en gas de cocina. Pan viejo y restos de comida son dejados en agua durante la noche y luego arrojados a un tanque de plástico de mil litros de capacidad para su descomposición.

Un caño lleva el gas a un quemador en la cocina, mientras una llave drena el vertido, que Soliman vende como fertilizante orgánico a las tiendas de jardinería.

"Puedo utilizar todos los residuos orgánicos de la cocina para crear gas", explicó Soliman, mientras vaciaba un balde de compuesto orgánico al caño de ingreso del tanque. "El digestor proporciona una hora de gas al día en invierno, y dos horas en verano".

La capacidad de la unidad de biogás para procesar los residuos orgánicos adquirió un valor agregado desde que el gobierno egipcio decidió el año pasado sacrificar la población porcina del país, como medida de precaución ante un brote de la influenza A/H1N1. La acumulación de residuos de cocina en putrefacción, que antes se daban como alimento a los cerdos, crearon una amenaza sanitaria.

"El basurero me besa porque tengo la basura más limpia de la cuadra", se jacta Soliman.

Moustafa Hussein, consejero vocacional, se incorporó al proyecto de Solar CITIES en 2007 luego de que un encuentro fortuito con Culhane lo convenció de la idea. El calentador solar que instaló en el techo de su apartamento en Darb El-Ahmar proporcionó agua caliente a su familia hasta que el edificio en ruinas se derrumbó hace tres meses.

Hussein está fabricando otro calentador solar de agua, que espera instalar en el techo de la vivienda provisional pública donde reside ahora. También quiere colocar una unidad de biogás.

"Pretendo recoger los residuos orgánicos de los restaurantes del vecindario para aumentar mi producción de gas", dijo. "Les doy bolsas de plástico, ellos separan los residuos orgánicos, y al final del día recojo las bolsas".

El mayor obstáculo para un proyecto de desarrollo en los vecindarios empobrecidos es la economía, señaló Hussein. La mayoría de los habitantes de la zona subsisten con menos de dos dólares diarios, y no es fácil conseguir crédito.

"Es difícil convencer a la gente aquí de invertir en energía limpia", indicó Hussein. "¿Por qué una familia habría de invertir mil libras egipcias (182 dólares) en biogás, cuando un cilindro de gas butano le cuesta sólo seis o siete libras, dura dos semanas y es más fácil de manejar?"

Debido a los fuertes subsidios que Egipto otorga al gas y la electricidad, a una familia promedio le llevaría 15 años recuperar los costos de instalación de un calentador de agua solar o digestor de biogás de Solar CITIES.

No obstante, se calcula que el tiempo de recuperación disminuirá a medida que el gobierno proceda con los planes de eliminar gradualmente los subsidios a la energía en los próximos cuatro a siete años.

Hussein destacó que la participación de la comunidad en Solar CITIES le otorga más credibilidad a la iniciativa. Pero el éxito del proyecto dependerá, en definitiva, de la producción de un modelo energético barato, duradero y eficiente.

"Si la gente ve en esto un buen ejemplo, le contarán a los demás. Si tiene éxito o fracasa, todos se enterarán ese mismo día", sostuvo.


Fuente: El País, http://www.elpais.cr/articulos.php?id=17958

Los límites de la Tierra


Intentan determinar los límites de estabilidad de los sistemas terrestres en distintas direcciones y ponen de manifiesto que ya hemos cruzado la frontera de sostenibilidad de tres de ellos.


Según un artículo publicado en Nature y elaborado por 29 científicos europeos, norteamericanos y australianos, la actividad humana ya ha sobrepasado tres umbrales de sostenibilidad biofísicos, con consecuencias catastróficas para grandes partes del mundo. Otros seis de estos límites puede que sean cruzados en las próximas décadas.


Los científicos han estado avisando durante décadas de que la explosión de actividad humana desde la revolución industrial está empujando la Tierra y sus sistemas naturales más allá de sus límites. Los datos confirman que 6000 millones de personas son capaces de generar una fuerza global geofísica equivalente a algunas de las más grandes fuerzas de la Naturaleza, simplemente por llevar su cotidiana vida diaria.Esta nueva fuerza a dado lugar a una nueva era: el Antropoceno, en la que las acciones humanas son el principal motor de los cambios medioambientales globales.


Sander van der Leeuw, uno de los autores del artículo, afirma que sobre un planeta finito llevaremos los recursos vitales a un punto de declive irreversible si nuestro consumo no es compensado por la regeneración y una actividad sostenible.

¿Cómo definir los límites del planeta? Simplemente sabiendo cuanta presión podemos someter a la Tierra antes de que los sistemas colapsen.


Hasta ahora la comunidad científica no habían intentado determinar los límites de estabilidad de los sistemas terrestres en tantas direcciones y hacer una propuesta como esta, según van der Leeuw. La idea es lanzar estas ideas a la comunidad científica para que sean examinadas. Con ello esperan un debate sobre cambio climático, porque no sólo son las emisiones de gases de efecto invernadero las que están poniendo el planeta fuera del equilibrio. Hay muchos otros sistemas en interacción en la Tierra, de tal modo que si uno cruza su límite hace que se desestabilicen otros.


Este estudio se basa en la identificación de 9 límites: el cambio climático, ozono estratosférico, uso del suelo, uso de agua dulce, diversidad biológica, acidificación oceánica, introducción de nitrógeno y fósforo en la biosfera, carga de aerosol y contaminación química. El estudio sugiere que tres de estos límites ya han sido sobrepasados: cambio climático, diversidad biológica y nitrógeno introducido en la biosfera.

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En este gráfico se trata de representar el cambio desde 1950 de diferentes variables de control para siete sistemas terrestres. El polígono verde representa el espacio de operación seguro. La humanidad ya ha sobrepasado los límites de tres de ellos con posibles graves consecuencias para el futuro de la raza humana. Foto: Stockholm Resilience Centre, NeoFronteras.


Según van der Leeuw la amenaza es tan enorme que “ya es demasiado tarde para ser pesimista”.
Los investigadores usaron una aproximación interdisplicinar, estudiando los datos para cada uno de los nueve procesos e identificando su variable de control. Si, por ejemplo, nos fijamos en la pérdida de biodiversidad, la variable de control es la tasa de extinción, que se expresa como el número de extinciones por millón de especies y año.


Luego exploraron cómo los bordes interaccionan entre sí. En el ejemplo anterior, la pérdida de biodiversidad tiene impacto en el secuestro de dióxido de carbono (calentamiento global), reservas de agua dulce, ciclos del nitrógeno y fósforo y en el uso del suelo.


En su estudio estos investigadores proponen los límites por debajo de los cuales se puede mantener un mundo capaz de sostener la vida. Para la pérdida de biodiversidad sería de 10 unidades de las antes expuestas, pero la situación actual es diez veces esa, es decir 100 extinciones por millón de especies y año. El valor preindustrial estaba entre 0,1 y 1.

El estudio no proporciona soluciones o vías de solución, pero permite identificar los límites críticos de los sistemas terrestres.Según estos investigadores la presión humana sobre los sistemas terrestres han alcanzado una escala en la cual ya no se puede excluir un cambio medioambiental global abrupto.


Según Johan Rockström, para que la humanidad pueda sobrevivir de manera segura debe de alejarse de esos límites críticos y respetar los procesos climáticos, geofísicos, atmosféricos y ecológicos del planeta. Cruzar esos límites puede ser devastador para la humanidad, según él, pero si los respetamos podríamos tener un brillante futuro durante siglos. Diana Liverman, otra autora, advierte en similares términos sobre la gravedad de cruzar estos límites y de las graves consecuencias de hacerlo.


Ya hemos sobrepasado con creces tres de esos límites: 350 ppm de dióxido atmosférico, 100 extinciones por millón de especies anuales y 35 millones de toneladas de nitrógeno contaminado los ecosistemas. Los hemos excedido debido al abuso de combustibles fósiles, el uso del suelo y la contaminación agrícola. Segun Liverman nuestro comportamiento nos está llevando a niveles que están produciendo riesgos reales para nuestra supervivencia.


Fuente: Neofronteras, http://neofronteras.com/?p=2850

España se despide de las bolsas de plástico


TOMADO DE: El País, http://elpais.cr/articulos.php?id=12072

Madrid, (dpa) - España empezó hoy a decir adiós a las bolsas de plástico. Con el objetivo de reducir el impacto medioambiental que éstas causan, la cadena francesa de supermercados Carrefour y su competidor español Eroski lanzaron en el país sendas campañas para desterrar de sus establecimientos las bolsas plásticas de un solo uso, una medida que fue recibida con opiniones encontradas por parte de consumidores y ecologistas.

"Me parece muy bien, en otros países europeos hace tiempo que se hace", fue el comentario de una ama de casa a la salida de un supermercado en el extrarradio de Madrid. No tan entusiasta se mostró otro cliente: "Si me gasto más de 100 euros (unos 140 dólares) en una compra, no entiendo que ya no me den las bolsas gratis como hasta ahora", se quejó. "A mi me molesta, porque yo nunca he comprado una bolsa de basura sino que usaba las del supermercado. Pero entiendo que es necesario para el medio ambiente", comentó otra consumidora.

Después de anunciarlo durante meses con grandes carteles, Carrefour dejó hoy en Madrid de repartir de forma gratuita en sus cajas las bolsas de plástico desechables a las que estaban tan acostumbrados los españoles durante décadas, sustituyéndolas por unas reutilizables.

Así, los clientes pueden comprar bolsas de rafia que cuestan 50 céntimos de euro (70 céntimos de dólar), u otras hechas de fécula de patata, a cinco céntimos. Hay además pequeños carros de compra plegables, también de rafia, que se venden a tres euros (unos 4,20 dólares). Lo que tienen en común es que son biodegradables.

La idea es que hasta finales de año la medida se extienda a todos los centros que la cadena gala tiene en España. "Es una apuesta rotunda por fomentar la reutilización de materiales sostenibles", afirmó la empresa en un comunicado.

La estrategia de la cadena vasca Eroski, en cambio, pasa por regalar un céntimo por cada bolsa de plástico que el cliente no coja, mediante un sistema informático instalado en las cajas que calculará cuántas bolsas son necesarias para cada compra. Por ahora, este modelo está en fase de prueba, pero el objetivo es que empiece a funcionar en todo el país a partir del 10 de septiembre.

Otros grupos, como El Corte Inglés o Alcampo, también lanzaron planes para sustituir el plástico por materiales biodegradables, pero tampoco hasta el extremo de erradicar completamente las bolsas "de toda la vida".

España era considerada hasta ahora un auténtico "paraíso" de bolsas de plástico de un solo uso en Europa, donde ocupa el tercer lugar en cuanto a su consumo y el primero en cuanto a su producción.

En promedio, cada habitante utiliza anualmente 238 de estas bolsas, que tardan 400 años en descomponerse y de las que apenas se recicla un diez por ciento. De hecho, la utilización de las bolsas de plástico genera cada año 100.000 toneladas de residuos y 440.000 toneladas de dióxido de carbono que contaminan el planeta.

Pero las iniciativas que ahora se ponen en funcionamiento en España no son del todo voluntarias: En diciembre de 2008 se aprobó el Plan Nacional Integrado de Residuos (PNIR), con el que el país traslada a su legislación una normativa de la Unión Europea.

El objetivo es reducir en un 50 por ciento la cantidad de bolsas plásticas que se utilizan en los comercios entre 2010 y 2014, pero el plan deja en manos de las empresas la forma de lograrlo.

En este sentido, organizaciones ecologistas como Ecologistas en Acción o Greenpeace, si bien saludaron las medidas de Carrefour o Eroski, exigieron al Ministerio de Medio Ambiente que implante normas que eliminen las bolsas de plástico definitivamente.