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La COP10 logra acuerdo para proteger áreas terrestres y marinas hasta 2020


Nagoya (Japón), (EFE).- La Convención de la ONU sobre Biodiversidad (COP10) de Nagoya (Japón) concluyó hoy con un acuerdo que incluye el compromiso de proteger el 17 por ciento de las áreas terrestres y el 10 por ciento de las áreas marinas del planeta para 2020.

Los negociadores de los 193 países que participan en la reunión de Nagoya también lograron consensuar un protocolo sobre el uso y distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos (ABS, siglas en inglés) y varios aspectos relativos a la financiación de los objetivos.

El encuentro de Nagoya se alargó varias horas más de lo previsto, hasta la madrugada del sábado en Japón, entre intensos debates para acercar posturas sobre un plan general para preservar la biodiversidad en el periodo 2011-2020.


Fuente: Diario Digital El País

¿Hacia dónde se dirige la política de cambio climático de Estados Unidos?


El liderazgo de Estados Unidos en el debate internacional sobre cambio climático no es del todo claro. Después de haberse firmado el Protocolo de Kioto durante la Administración de Bill Clinton, aunque como indica la historia dicho acuerdo jamás fue ratificado por el Congreso estadounidense, vino un período renuente en la diplomacia ambiental en la era de George W. Bush. Más tarde, a partir del inicio del mandato del actual presidente Barack Obama, otras serían las reglas del juego de los Estados Unidos: participar pero primero definir la agenda nacional y sus límites. ¿Lo logrará?

Atender las exigencias de los poderes constitucionales y fácticos de la Unión Americana no ha probado ser fácil. En 2009 se presentó la iniciativa Waxman-Markey ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos (EE.UU.). Posteriormente aparecería una contrapropuesta en el Senado, el proyecto Kerry-Lieberman, que desafortunadamente ha palidecido en el camino. ¿Pero por qué ha sido tan complicado aprobar una ley sobre cambio climático en el Congreso de los EE.UU.? He aquí un repaso de las principales características de estas iniciativas.

Proyecto Waxman-Markey

El intento más reciente de los EE.UU. por legislar sobre cambio climático tuvo su origen el 31 de marzo de 2009, cuando los congresistas demócratas Henry Waxman y Edward Markey introdujeron su proyecto de ley titulado American Clean Energy and Security Act. A grandes rasgos, esta iniciativa que fue aprobada meses más tarde por la Cámara baja, proponía reducir en 3% por debajo de los niveles de 2005 los niveles de gases de efecto invernadero hacia 2012, 20% hacia 2020, 42% hacia 2030 y 83% hacia 2050. Las principales entidades que estarían constreñidas bajo esta ley serían las empresas petroleras, eléctricas y manufactureras que en total son responsables del 85% de las emisiones. Además, se contemplaban permisos para contaminar (allowances), un esquema de cap-and-trade, así como aranceles de ajuste en frontera para detener el paso de bienes provenientes de países con un marco jurídico no comparable al estadounidense en cuanto a sus objetivos ambientales (ver Puentes, Vol. X, No. 3).

El proyecto de ley, que aunque al principio fue considerado como “un extraordinario primer paso”, según el propio Obama, fue puesto bajo la lupa y criticado por quedarse corto en sus aspiraciones ambientalistas. La ciencia ya ha sido clara, según Greenpeace EE.UU.: los países desarrollados deben reducir entre 25% y 40% sus emisiones por debajo de los niveles de 1990 hacia 2020 para evitar impactos catastróficos, por lo que Waxman-Markey apenas era un tibio comienzo. También, al menos en materia comercial, mucho se cuestionó la imposición de medidas unilaterales en frontera para obligar a que países como China o Brasil asumieran compromisos internacionales para la reducción de emisiones.

Posteriormente, vino la conferencia de Copenhague que se tradujo en un fracaso y en una notable pérdida de confianza en el proceso de toma de decisiones de Naciones Unidas. Pero EE.UU. continuó con su determinación de definir por sí solo sus límites y aspiraciones, a pesar de las críticas sobre su ‘unilateralismo’ y la manera en que pretendía asumir su responsabilidad como el país más contaminante.

Iniciativa Kerry-Lieberman

Con el comienzo de 2010, en mayo para ser más precisos, apareció una nueva versión de proyecto americano de ley climática pero esta vez en el Senado. Los senadores John Kerry, demócrata, y Joe Lieberman, independiente, presentaron una iniciativa llamada American Power Act, aunque sin el apoyo de otro de los autores, el republicano Lindsey Graham. Los topes que se fijaron fueron parecidos a la iniciativa Waxman-Markey, aunque la reducción inicial sería de 4,75% por debajo de los niveles de 2005 a partir de 2013, y luego, hacia 2020, habría un compromiso de reducción del 17%. Se agregaba además la posibilidad de que los participantes en el mercado de bonos de carbono estadounidense pudieran acreditar en su territorio proyectos verdes realizados fuera de sus fronteras.

En esta versión, los aranceles al carbono se transformaron en impuestos al carbono, que en principio asumirían productores nacionales y extranjeros, por aquello de la tremenda inquietud de muchos países sobre la incompatibilidad de estas medidas con los postulados de la OMC. También en afán de proteger los empleos e impedir las fugas de carbono (carbon leakage), la iniciativa Kerry-Lieberman apoyaría a las empresas más afectadas por la nueva legislación a través de subsidios para contrarrestar el daño a su competitividad.

No obstante, conforme han transcurrido estos últimos meses, el tono se ha suavizado y las aspiraciones menguado. Antes del receso de agosto, los senadores ya habían claudicado y removido las intenciones de un sistema de cap-and-trade en la versión de la Cámara alta. Los sujetos de aplicación del proyecto de ley también habían cambiado: la legislación sobre todo estaría concentrada en las actividades de empresas de servicio público y no en la industria manufacturera o de transporte.

En el camino legislativo de la iniciativa Kerry-Lieberman también sucedió uno de los acontecimientos ambientales más escandalosos de los últimos años, y cuya recuperación es todavía una incógnita: el derrame petrolero en la plataforma Deepwater Horizon localizada en el Golfo de México. Los estragos en las aguas, pero también en los empleos y evidentemente en la prensa, han provocado que EE.UU. esté revaluando su alta dependencia del crudo y que considere más fuertemente el uso de energías renovables, por mucho que este sea un debate indeseable en aquel país. En tal sentido, la nueva versión de este proyecto de ley, que fue dada a conocer en julio pasado, ya preveía medidas importantes para mejorar la seguridad en proyectos petroleros, así como esquemas de responsabilidad para empresas envueltas en derrames de esta naturaleza.

Las probabilidades

Pese a la urgencia de que países desarrollados tomen acciones concretas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, la posibilidad se le está yendo de las manos a EE.UU. La voluntad política no está jugando a favor del cambio climático, y los planes de incluir topes obligatorios a las emisiones parecen haber desaparecido de la negociación entre demócratas y republicanos. El cambio en la composición del proyecto de ley es un factor, pero también lo es que EE.UU. todavía no sabe qué hacer con las terribles consecuencias del derrame petrolero, por lo que tal vez esta pausa legislativa es ineludible antes de proseguir.

Como antecedentes, debe mencionarse que no es la primera vez que EE.UU. trata de regular la materia de cambio climático, incluido un esquema de mercado de bonos de carbono. En 1978 ya contaban con una ley cuyo propósito era entender las causas y consecuencias del cambio climático (National Climate Program Act). Pero fue hasta 2002 cuando quizás hubo una declaración política más contundente. El gobierno de George W. Bush dio a conocer su Política Global sobre Cambio Climático que, entre otras cosas, como una mayor apuesta al desarrollo tecnológico y a las energías renovables, pretendía reducir en un 18% la intensidad de emisiones de gases de efectos invernadero en relación a la actividad económica hacia 2012. Sin embargo, sus medidas eran voluntarias para las empresas involucradas, como las propuestas por Clinton en su momento, no aseguraba la participación de todos los sectores relevantes, y al final, según los cálculos del Pew Centre on Global Climate Change, los cambios propuestos conllevaban a un incremento del 12% en las emisiones en lugar del descenso buscado.

Distintas han sido las iniciativas que posteriormente e incluso antes, han tratado de abordar el reto climático, las que en el diseño de políticas pasan por la decisión de escoger un sistema cerrado de normas (command-and-control), una estructura de impuestos, o bien, un mecanismo basado en el mercado. En términos generales, la primera de las opciones representa un dictado de leyes y normativa para definir el objetivo de reducción de emisiones, en qué sectores y bajo qué modalidades esto sería posible. La segunda alternativa implica un esquema arancelario cuya recaudación permitiría invertir en programas de investigación o mejoras científicas para apoyar o desarrollar medidas de mitigación o adaptación. La última vía sería una opción ecléctica, con elementos del primer modelo, es decir, se definen objetivos claros pero mantiene un esquema de incentivos para propiciar que las grandes entidades contaminantes inviertan en proyectos ecológicos comprando y vendiendo bonos de carbono.

¿Y cuál es la más atinada para la realidad estadounidense? Aunque hasta antes de julio de este año parecía que un sistema híbrido de cap-and-trade era la opción más adecuada para motivar la participación de empresas poderosas, la interrogante ahora se posa sobre qué tipo de política pública es la más eficiente para un objetivo que dejó de ser claro.

Ciertamente el sistema de cap-and-trade no resolvía el problema energético de EE.UU., pues se requiere de fuertes cantidades de inversión en investigación e implementación de nuevas tecnologías, pero era un buen arranque. Fondos para energía nuclear, captura y almacenamiento de carbono y energía renovables podrían comenzarse a destinarse de aprobarse un nuevo marco legal. También una señal positiva para la diplomacia internacional podría enviarse a partir de la armonización de estas dos iniciativas. Pero todo lo anterior se pone en pausa hasta que nuevamente EE.UU. redefina sus prioridades, tal vez en el siguiente periodo legislativo.

Cambio climático en las cortes

Uno de los aspectos más destacables de la futura legislación estadounidense es la definición de su ámbito de aplicación. Actualmente, los principales estatutos ambientales que indirectamente regulan esta materia son la National Environmental Policy Act y Clean Air Act (además de la Clean Water Act y Endagered Species Act). El primero de estos define las reglas que la autoridad competente debe observar en la evaluación ambiental de un proyecto determinado. La Clean Air Act, por su parte, rige las emisiones de gases de efectos contaminantes de fuentes estacionarias o móviles y tiene un programa de cap-and-trade para emisiones de generadores eléctricos (Titulo IV, sobre lluvia ácida).

A la fecha, EE.UU. se encuentra sin un marco que regule el cambio climático y las emisiones de gases de efectos invernadero, lo que ha conllevado a la presentación de demandas civiles bajo el sistema de torts (o responsabilidad civil en el sistema de derecho civil) para la reparación de daños. Inclusive, y derivado del caso de Massachusetts vs. EPA ante la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos en 2007, se ha presionado fuertemente a la agencia de protección ambiental estadounidense para que tenga competencia en la regulación de emisiones de gases de efectos invernadero a través de la Clean Air Act, y finalmente exista un marco legal, aunque no el más idóneo.

La Environmental Protection Agency de EE.UU. ha tratado el asunto sin prisa y con cuidado, pues espera que sea el Congreso quien redefina competencias y directamente la faculte para regular las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ahora las cortes estadounidense por el principio de State preemption (o supremacía estatal), están impedidas de dirimir directamente estas cuestiones hasta que el Congreso las dote de un marco legal válido.

Determinar hacia dónde va la política estadounidense de cambio climático por el momento no es más que un enorme signo de interrogación. En el contexto de otro impasse anunciado, como podría ser la Conferencia de las Partes en Cancún a fines de este año, el Congreso de EE.UU. tal vez no encuentra la determinación nacional, el consenso para dar la muestra de que pueden ser pioneros en la concreción de una regulación efectiva.

Las elecciones de medio término en Estados Unidos tendrán lugar en noviembre, por lo que poco podrá concretarse en el Senado hasta esa fecha. Es probable que el próximo año sea un mejor momento para que los legisladores y el presidente Barack Obama, una vez asimilado y abordado cabalmente el desastre en el Golfo de México, retomen la agenda climática y enfrenten decisiones que ni el planeta ni sus ciudadanos pueden esperar.

Tal vez el mecanismo cap-and-trade no regrese a la mesa de discusión, tal vez se apueste por un sistema de normas, quizás por un poco de los dos, lo que es cierto es que luego de la gran responsabilidad ambiental que EE.UU. evidencia al ser el mayor consumidor de energía, debería apresurarse a reducir sus emisiones y moldear su economía tan fuertemente basada en el petróleo. Eso ya es ineludible.


Fuente: Revista Puentes

Efectos funestos para el planeta si no se firma nuevo tratado biodiversidad


Ginebra, (EFE).- Si la comunidad internacional no consigue firmar y posteriormente implementar el nuevo tratado para controlar y distribuir justa y equitativamente los beneficios que se derivan de la utilización de los recursos biológicos, las consecuencias serán "un desastre" para la humanidad.

Así lo afirmó hoy, en una rueda de prensa en Ginebra, Ahmed Djoghlaf, secretario ejecutivo del Convenio sobre Diversidad Biológica, firmado en 1992, para proteger la riqueza natural de nuestro planeta.

"Tras los decepcionantes resultados de la reunión sobre cambio climático en Copenhague, los estados parte de la Convención sobre Diversidad Biológica deben establecer nuevas normas para proteger la biodiversidad y asegurarse de que las comunidades de donde procede dicha riqueza se benefician de su explotación, esto es vital, de no conseguirse será un total desastre", aseguró Djoghlaf.

"Si no lo logramos, provocaremos un daño irreparable a nuestro planeta", alertó el secretario ejecutivo, quien afirmó que estaba dando "la voz de alarma".

Del 18 al 29 de octubre se reunirán en la ciudad japonesa de Nagoya los estados partes del Convenio, 193 países, entre los que no se incluye Estados Unidos.

Precisamente, uno de los mayores déficit del Convenio es que el país más poderoso del mundo y, para muchos, el que mayor uso hace de la biodiversidad ajena, no forme parte del acuerdo.

"Se ha hecho un esfuerzo internacional para intentar convencer a la administración estadounidense de la importancia de unirse al acuerdo, yo espero que en los próximos meses su participación sea una realidad", señalo Djoghlaf.

En Nagoya debería firmarse un acuerdo por el cual se establecerán unas normas para proporcionar acceso a los recursos biológicos del planeta pero asegurando que las comunidades de donde provienen dichos bienes puedan obtener un beneficio de su explotación comercial.

El objetivo es que el nuevo protocolo ayude a los países a explotar de forma eficiente y racional sus recursos biológicos y al mismo tiempo protegerlos.

"Hasta la fecha no hay leyes internacionales, cada país decide si las establece o no, con las nuevas normas habrá estándares que tendrá que cumplir cada estado parte", aseguró Djoghlaf, quien está convencido de que el nuevo protocolo permitirá que las empresas hagan más inversiones, gracias a que el resultado será más predecible, y que el país se beneficiará del negocio.

"Esta será también una manera de luchar por conseguir los Objetivos del Milenio -metas de desarrollo socio-económico establecidas por la ONU para ser logradas antes del 2015-".

Precisamente, en el marco de la próxima Asamblea General de Naciones Unidas, los jefes de Estado reunidos en Nueva York para, entre otras cosas, evaluar el progreso de los Objetivos del Milenio, participarán en una sesión especial sobre biodiversidad y la importancia de firmar el nuevo protocolo.

"Espero que los jefes de Estado comprendan la importancia del nuevo acuerdo y den el impulso necesario para que el tratado sea firmado en Nagoya", concluyó Djoghlaf.


Fuente: Diario El País, http://www.elpais.cr/articulos.php?id=31733

Renovado el acuerdo internacional para frenar la contaminación en la Antártida


Buenos Aires, 12 ago (EFE).- Delegados de 28 países se comprometieron hoy a frenar la contaminación que causan actividades científicas en la Antártida y, sobre todo, las decenas de miles de turistas que visitan el llamado “continente blanco” cada año.

El compromiso se logró durante la reunión anual del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP, por su sigla en inglés) al cabo de cuatro días de deliberaciones en Buenos Aires.

Las partes resolvieron coordinar políticas que incluyen la creación de áreas de protección del ecosistema y un mayor control para impedir incumplimientos de normas ecológicas y de seguridad.

Una de las principales preocupaciones del comité es la “conducta negligente” de turistas que visitan la Antártida en pequeños buques que están fuera de los registros de la agencia internacional que regula esa actividad.

“No queremos limitar la presencia de turistas en la Antártida pero sí vigilar mejor sus actividades para que respeten las normas ambientales”, apuntó a Efe Mariano Mémolli, delegado argentino en la reunión de Buenos Aires.

Mémolli calculó que unos 40.000 turistas visitan anualmente el “continente blanco” y buena parte de ellos viaja en barcos que no están avalados por la agencia internacional de turismo en la Antártida.

“Muchos de los turistas independientes están fuera de control. Acceden a las áreas de pingüinos, lo que incrementa su mortalidad, arrojan basura e incluso roban elementos históricos”, se lamentó.

En este sentido, se analizó la implantación de medidas que limiten este tipo de turismo y sancionen las acciones negligentes, aunque los países del Tratado Antártico carecen actualmente de las “herramientas jurídicas necesarias” para limitar y controlar al turismo independiente.

Mémolli explicó que buques turísticos no registrados viajan hacia la Antártida desde puertos de países que no son parte del tratado, que entró en vigor en 1961 y cuenta actualmente con 48 signatarios, entre miembros consultivos (plenos) y adherentes.

Estos 48 países llevan adelante programas de investigación científica ya sea por medio de bases propias o en cooperación con otros y resulta imposible llevar un recuento de la cantidad de residuos que generan sus actividades, apuntaron otras fuentes del COMNAP.

Los portavoces señalaron que en la reunión de Buenos Aires también hubo mucha preocupación por los pequeños o grandes derrames de combustible que pueden ocasionar los barcos que navegan por la zona antártica.

El último accidente grave ocurrió en 2007 con el naufragio del crucero “Explorer”, que estaba registrado en la agencia internacional de turismo antártico cuando naufragó cerca de las islas Shetland del Sur con 185.000 litros de gasóleo a bordo.

Episodios como el del “Explorer” han disparado en los últimos años la investigación para desarrollar microorganismos que reduzcan la presencia de hidrocarburos, una de las materias pendientes entre los países con intereses en el continente.

Algunas de estas investigaciones se presentaron durante la reunión bienal que celebró paralelamente en Buenos Aires el Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR) con la presencia de un millar de expertos de 40 países.

Uno de los proyectos más destacados es el del investigador Walter McCormac, del Instituto Antártico Argentino, quien ha impulsado un estudio para alterar microorganismos terrestres que, tras agregarles nutrientes, consiguen eliminar hasta un 85 por ciento de los restos de petróleo en superficies con temperaturas muy bajas, como la Antártida.

Los representantes del COMNAP se comprometieron también a aumentar la cooperación entre los países del Tratado Antártico en materia de investigación científica, especialmente en el estudio del avance del cambio climático.

Los glaciares antárticos pierden actualmente unas 5.000 millones de toneladas de hielo al año, indicó Mémolli.
Los delegados internacionales acordaron además mejorar la comunicación entre las distintas bases científicas antárticas, así como desarrollar el uso de energías alternativas e impulsar proyectos educativos y culturales.

Reino Unido, España, EE.UU., Rusia, Australia, Argentina y Brasil son algunos de los 28 miembros consultivos del Tratado Antártico, un convenio que regula aspectos sobre la libertad de investigación, defensa medioambiental, no proliferación nuclear y preservación pacífica de la Antártida.


Fuente: Diario Costa Rica Hoy, http://costaricahoy.info/ambiente/renovado-el-acuerdo-internacional-para-frenar-la-contaminacion-en-la-antartida/62604/

Otro intento de USA por regular cambio climático internamente


La tentativa más reciente de conseguir una legislación en materia de cambio climático en Estados Unidos (EE.UU.) sucedió hace algunos días cuando dos senadores, respaldados por parte del sector industrial y empresarial, revelaron la versión preliminar de la American Power Act (APA).

A diferencia de otras versiones para regular este fenómeno, la APA es mucho más blanda en cuanto a las reducciones de emisiones de carbono de alto costo, pero reforzada en cuanto a los incentivos para aquellos que se han opuesto fuertemente a las acciones para detener las emisiones.

El borrador de la legislación, respaldado por los senadores John Kerry (demócrata) y Joe Lieberman (independiente), pretende reforzar las acciones nacionales para abordar el cambio climático; esto mientras se busca acelerar el desarrollo económico y generar más empleos. El proyecto de ley retoma hasta cierto punto las metas de reducción de emisiones y los calendarios de la iniciativa Waxman-Markey que fuera aprobada en la Cámara de Representantes en junio del año pasado, también conocida como American Clean Energy and Security Act.

El tope para las emisiones nocivas en el borrador de Kerry-Lieberman sería efectivo a partir de 2013, un año después que en el caso de la iniciativa Waxman-Markey. El límite superior sería determinado en un nivel 4,75%, inferior a los niveles de emisión de 2005, y presentaría una reducción del 17% por debajo de los niveles de 2005 para 2020, 42% para 2030 y 83% para 2050. Notablemente estos números mantienen los objetivos que los EE.UU. han defendido internacionalmente en el contexto de las negociaciones sobre cambio climático, definiendo así su contribución máxima posible.

La iniciativa propone introducir regulación en cuatro sectores que son los principales contribuyentes a las emisiones de gases de efecto invernadero: generación de electricidad, operaciones industriales, distribución del gas natural y combustibles de petróleo. También delinea un programa de compensación que otorgaría a los mayores contaminantes el derecho de acumular créditos para reducir emisiones más allá de sus metas, así como comprar créditos cuando sea necesario.

El proyecto de ley permite un máximo de 2.000 millones de créditos de compensación que estarían disponibles para determinadas entidades. Estos créditos son restricciones cuantificadas en emisiones de gases de efecto invernadero que son generados por proyectos específicos; empresas u otros actores que no puedan reducir emisiones en sus actividades pueden comprar dichos créditos para cumplir con los requisitos regulatorios.

Como en el proyecto Waxman-Markey, la APA otorga “allowances” (asignaciones) a las compañías eléctricas y de distribución de gas natural para que contaminen. Dichas asignaciones además están dirigidas hacia un fondo para ayudar a reducir el déficit federal. Los proponentes de la iniciativa esperan que estas asignaciones ayuden a la legislación a conseguir un amplio apoyo, especialmente entre los republicanos y los senadores de los estados intensivos en emisiones de carbono.

Medidas en frontera más “suaves”

La iniciativa Kerry-Lieberman, al igual que intentos anteriores por regular el cambio climático, permitirá el uso de “medidas en frontera”, sea en la forma de un arancel o un costo añadido a las importaciones provenientes de países que no hayan emitido normas estrictas sobre emisiones de gases de efecto invernadero. Estas medidas son una especie de instrumentos de reserva para proteger el empleo y evitar la fuga de carbono. En otras palabras, tienen el objetivo de ayudar a los EE.UU. a conseguir sus objetivos ambientales en el supuesto de que no se logre un acuerdo global de cambio climático.

En el proyecto en comento se crearían dos programas: uno destinado a los productores domésticos y otro a los extranjeros. Para los primeros, tratándose de los sectores cubiertos por la APA, la agencia de protección ambiental de los EE.UU. (Environmental Protection Agency, EPA) ofrecería descuentos a aquellas compañías que se vean más afectadas al intentar cumplir esta eventual nueva ley; es decir, sería un subsidio para el cumplimiento, de manera tal que se asegure que la ley no perjudique la competitividad de las empresas nacionales.

Para el caso de los productores extranjeros, la ley permitiría que el Presidente establezca un “programa internacional de reserva de asignaciones”. De esta forma, los productores extranjeros podrán comprar emisiones si desean exportar a los EE.UU. A diferencia de un arancel al carbono, este régimen someterá a los exportadores extranjeros al mismo régimen sectorial de cap-and-trade que aplicaría para las empresas nacionales.

No obstante, se requieren de ciertas condiciones antes de que este programa pueda entrar en vigor. Primero, el Presidente Obama tendrá que autorizar su creación; segundo, aplicaría sólo en el caso de que no se alcance un acuerdo multilateral sobre la materia; tercero, el programa sería creado hasta 2020 y entraría en vigencia hasta 2023. Por último, sólo se implementaría a productores de países con regímenes más blandos que el estadounidense, lo cual sería determinado por el Presidente de los EE.UU.

Vertido de petróleo en el Golfo de México

Debido a los más recientes acontecimientos por el vertido de petróleo en el Golfo de México, el Presidente Barack Obama ha enfatizado la necesidad de efectuar una reforma importante de la política energética de ese país, añadiendo que espera que la ley climática sea aprobada este año. El borrador Kerry-Lieberman visualiza una reducción del 40% en las importaciones de crudo hacia 2030.

La iniciativa también contiene normas para el desarrollo nuclear, incentivos para retirar generadores de carbón y orientarse hacia fuentes renovables de energía, incentivos para el sector de transporte, etc.

¿Qué sigue?

Los siguientes pasos para la iniciativa Kerry-Lieberman incluyen un análisis económico por parte de la oficina de medioambiente de EE.UU, EPA, así como de la Energy Information Administration, seguido de un debate en el Senado. No obstante, determinar si la iniciativa será capaz de atraer los 60 votos necesarios para romper con la resistencia republicana depende de muchos factores, incluida la respuesta de la industria del carbón y el desenlace del controversial incidente del derrame de petróleo en aguas del Golfo de México.

Gobiernos fracasan en proteger biodiversidad


Los esfuerzos que el mundo se planteó para proteger la biodiversidad han fracasado y la amenaza persiste sin freno, aseguró un estudio publicado por la revista Science.

En el marco del Convenio sobre Biodiversidad Biológica los gobernantes del mundo asumieron en 2002 el compromiso de luchar para detener la tasa global de pérdida de especies animales y vegetales para el 2010.

Sin embargo, el estudio realizado por científicos del Observatorio Conservacionista del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, manifestaron que las presiones sobre la biodiversidad siguen creciendo.

Investigación. El reporte publicado por Science analizó 31 indicadores, incluyendo cambios en las poblaciones y extinción de especies, hábitats y comunidades biológicas entre 1970 y el 2005.

Para fundamentar esa conclusión, el informe da a conocer la desaparición de muchas especies.

Desde 1970 se redujeron “las poblaciones de animales en un 30%, el área de los manglares y las praderas marinas en 20% y la cobertura de corales vivos en un 40%”, indicó Joseph Alcamo, director científico del Pnuma.

“Estas pérdidas son claramente insostenibles, ya que la diversidad biológica constituye una contribución clave para el bienestar humano y el crecimiento económico, como lo reconocen los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de Naciones Unidas”, agregó.

Stuart Butchart, autor del estudio y miembro del Observatorio Conservacionista, aseguró que “el análisis demuestra que los Gobiernos no han cumplido los compromisos asumidos en el 2002 y la biodiversidad sigue perdiéndose más rápido que nunca”.

Butchard admitió que se han logrado algunos éxitos de conservación de la biodiversidad en zonas protegidas durante los años recientes, pero acotó que estos han sido escasos.

Entre ellos incluyó los 20.000 kilómetros cuadrados del Parque Nacional Juruena, ubicado en Brasil, la recuperación de algunas especies (como el bisón europeo) y la prevención de algunas extinciones (como la cigueñuela de Nueva Zelanda) .

“Aunque se han dado respuestas en la dirección correcta, las políticas relevantes han sido mal dirigidas, financiadas y ejecutadas”, indicó Ahmed Djoghlaf, secretario ejecutivo del Convenio sobre Diversidad Biológica.

Como resultado, manifestó Butchard, “nuestra información indica que el 2010 no será el año en que se detuvo la pérdida de la biodiversidad en el mundo”.


Fuente: La Nación, http://www.nacion.com/2010-05-03/AldeaGlobal/NotasSecundarias/AldeaGlobal2357327.aspx

Cambio Climático: No hay acuerdos en la costa


CIUDAD DEL CABO, 27 abr (IPS) – Los ministros de Ambiente del grupo conocido como Basic (Brasil, Sudáfrica, India y China) dudan que se alcance un acuerdo vinculante contra el cambio climático en la conferencia internacional prevista para diciembre en Cancún, México

“No hay avance a la vista”, dijo el ministro de Estado para Ambiente de India, Jairam Ramesh.

Por su parte, la ministra de Agua y Asuntos Ambientales de Sudáfrica, Buyelwa Sonjica, admitió que las conversaciones internacionales eran complejas. Sostuvo que para concretar un tratado satisfactorio se necesitaban antes negociaciones honestas, “basadas en la igualdad”.

El Basic, junto a Estados Unidos y la Unión Europea (UE), contribuyó a elaborar el Acuerdo de Copenhague al cierre de la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 15), celebrada en diciembre pasado en la capital danesa.

Ese acuerdo no vinculante fue visto como un último recurso para salvar la dignidad del encuentro, que estuvo a punto de terminar sin consensos.

La tercera reunión del grupo Basic celebrada desde entonces concluyó el domingo con una declaración en la que las cuatro economías emergentes del Sur en desarrollo subrayaron su “determinación a continuar mostrando liderazgo en las acciones sobre cambio climático”.

También dijeron que cumplirían las “acciones nacionales de mitigación apropiadas” a las que se comprometieron en diciembre pasado.

Pero las limitaciones que sufrieron las conversaciones de Copenhague siguen intactas. Los países del Norte industrializado no están dispuestos a realizar nuevos compromisos si las economías de más rápido crecimiento en el Sur no hacen lo mismo.

Los principales contaminantes en el Sur se resisten a aceptar metas vinculantes de reducciones de gases invernadero. Los países del Basic insisten en que el Norte es el mayor responsable del recalentamiento planetario, y por tanto le exigen que disminuya sus emisiones y brinde tecnología a las naciones más pobres para que puedan emprender un camino de crecimiento no contaminante.

Mithika Mwenda, de la red Acción Panafricana por la Justicia Climática (PACJA, por sus siglas en inglés), con sede en Nairobi, alertó que “la presión de los países industrializados está desviando la responsabilidad”.

“El primer periodo de compromisos del Protocolo de Kyoto (único instrumento internacional contra el cambio climático) ha casi expirado sin que los países industrializados hayan alcanzado sus metas establecidas. El Norte debería cumplir sus compromisos iniciales antes de exigirle al Sur”, señaló.

Los países de la UE han alcanzado su meta colectiva de reducir las emisiones cuatro por ciento respecto de los niveles de 1990, pero esto fue logrado en gran medida gracias al colapso de las economías de Europa oriental, que eran grandes contaminantes.

Las emisiones de Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Suiza crecieron todas 25 por ciento desde 1990. Las de Japón alrededor de nueve por ciento. Las emisiones de Estados Unidos –el mayor contaminante y no integrante del Protocolo de Kyoto— aumentaron 16 por ciento.

Mientras, en el Sur, las emisiones del grupo Basic crecen rápidamente.

“Los países del Basic están siendo presionados para que asuman compromisos”, dijo Mwenda. “China está emitiendo mucho, pero sus liberaciones por habitante son muy bajas comparadas con las de Estados Unidos y otros países del Norte industrializado”.

Las economías emergentes, explicó, no se han negado a asumir compromisos. Están exigiendo apoyo de parte del Norte industrializado para construir economías verdes.

Pero Melita Steele, de la organización ambientalista Greenpeace, rechazó estos argumentos. “No estamos seguros de que (los gobiernos del Basic) estén mostrando un compromiso con el desarrollo verde en sus propios países o reconociendo la urgencia del asunto. El cambio climático es una crisis y debería ser tratado como tal”, señaló.

Para Greenpeace, Sudáfrica podría obtener más de 70 por ciento de la energía que necesita para 2050 a través de fuentes renovables, sobre todo si se garantizara financiamiento al Sur no a través de las opciones contaminantes tradicionales.

“El reciente préstamo del Banco Mundial por 3.750 millones de dólares para el proyecto del cobre debió haber sido canalizado para energías renovables”, sostuvo.

Por su parte, el director de la organización ambientalista GroundWork, Bobby Peek, ve a intereses de las corporaciones internacionales detrás de las trabas en las negociaciones.

“Mientras más nos demoremos en alcanzar un acuerdo, mejor será para los gobiernos como el de Estados Unidos y el de Sudáfrica, y las grandes corporaciones, que quieren mantener el ‘status quo’”, sostuvo.

La tragedia, señaló, es que estas empresas no necesariamente contribuyen en forma significativa con el producto interno bruto (PIB) de países en desarrollo como Sudáfrica. “Por ejemplo, la gigante de la minería BHP Billiton consume 10 por ciento de la energía sudafricana, pero sólo contribuye con 0,1 por ciento del PIB. Es una farsa”.

Las economías emergentes continuarán celebrando reuniones separadas preparando el terreno para la COP 16 en Cancún, e integrando a otros países más vulnerables del Sur agrupados en el denominado “Basic Plus”.

Mwenda, de la PACJA, subrayó la importancia de construir bloques regionales para negociar.

“Esta es la forma en que África ganó influencia ante el G-8 (Grupo de los Ocho países más poderosos). Estamos presionando para asegurarnos que (la conferencia de) México tenga un resultado justo, equitativo y vinculante”, afirmó.


Fuente: Costa Rica Hoy, http://costaricahoy.info/ambiente/cambio-climatico-no-hay-acuerdos-en-la-costa/51453/

ONU anuncia nuevo calendario de negociaciones sobre cambio climático


La Secretaría de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático anunció la semana pasada que la próxima ronda de discusiones formales será llevada a cabo del 9 al 11 de abril en Bonn, Alemania. Yvo de Boer, aún Secretario Ejecutivo de la Convención, describió este movimiento como “un rápido regreso a las negociaciones”.

“La decisión de intensificar el calendario de negociación subraya el compromiso de los gobiernos para hacer avanzar las negociaciones hacia el éxito en Cancún”, dijo de Boer, refiriéndose a la reunión programada a fines del presente año y en la cual los países tratarán de concluir un acuerdo legalmente vinculante para reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Esta nueva convocatoria de abril se suma a las reuniones anuales de junio de los órganos subsidiarios, los cuales son responsables de los aspectos técnicos, científicos y de implementación relacionados con la Convención sobre cambio climático. Antes del anuncio del martes pasado, las reuniones de los órganos subsidiarios, que también ocurrirán en Bonn, constituían la única oportunidad de negociaciones formales antes de que los ministros se congreguen en el balneario mexicano del 29 de noviembre al 10 de diciembre de este año.

El anuncio de la reunión de abril valida los llamamientos de muchos países en desarrollo que destacan que las negociaciones sobre cambio climático prosiguen en dos frentes - uno, sobre un segundo periodo de compromiso bajo el aún vigente Protocolo de Kioto, y otro sobre el Grupo de Trabajo sobre Acción Cooperativa de Largo Plazo para continuar con el Plan de Acción de Bali, hoja de ruta que fue definida por la Conferencia de las Partes de la Convención en diciembre de 2008 para llegar a un nuevo acuerdo global de cambio climático.

Las negociaciones sobre una extensión del Protocolo de Kioto se han llevado a cabo durante los tres últimos años. Sin embargo, muchos de los países desarrollados quieren dejarlo de lado y negociar un nuevo acuerdo. Por su parte, los países en desarrollo han rechazado abandonar el Protocolo bajo el entendido de que éste es el único instrumento legal que obliga a los países ricos en dicha materia.

Las reuniones referidas de abril y junio continuarán con las negociaciones en ambos frentes.

Fuente: Revista Puentes, 2 de marzo 2010, http://ictsd.org/i/news/puentesquincenal/71464/

China afirma que no habrá pacto por el clima en 2010


China terminó ayer de ecahr agua fría sobre las últimas esperanzas de que haya un acuerdo en la cumbre sobre cambio climático de México que tendrá lugar a finales de este año. Su representante especial para las negociaciones, Yu Qingtai, se mostró ayer en Pekín escéptico de alcanzar un acuerdo internacional para rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero en 2010, y defendió el derecho de los países en desarrollo a continuar creciendo económicamente sin someterse a ningún objetivo internacional de recorte de emisiones.

Los negociadores no deben esperar que China ceda: "Cuando se trata de responsabilidades que dañan nuestros intereses nacionales, debemos resistir, por mucho que se nos presione". "Tal vez haya ajustes en algunos aspectos, pero no creo que las posturas se modifiquen en lo relevante", afirmó Qingtai.

Reino Unido y Suecia, entre otros, acusan a China de obstaculizar el acuerdo en Copenhague. Qingtai responde: "No creo que los países desarrollados cambien su política de culpar a los países en desarrollo. Nos continuarán presionando para que asumamos responsabilidades irracionales". Tras el fracaso de Copenhague, que culminó sin pacto, los negociadores cifran sus esperanzas en llegar a un acuerdo en México.


Fuente: El País, http://www.elpais.com/articulo/sociedad/China/afirma/habra/pacto/clima/2010/elpepisoc/20100225elpepisoc_9/Tes

Se firma el Proyecto para Introducción de Energía Limpia por Sistema de Generación de Electricidad Solar" (CR-Japón)


Los Gobiernos de Costa Rica y de Japón suscribieron ayer martes un acuerdo para el desarrollo del "Proyecto para Introducción de Energía Limpia por Sistema de Generación de Electricidad Solar", propuesto por el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).

El Canje de Notas, que se dio ayer, representa la aprobación del primer proyecto, de un grupo de catorce que la Dirección de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores presentó ante la Embajada del Japón en junio del año pasado, informó la cancillería.

La iniciativa, por un valor aproximado a los $9 millones de dólares, permitirá al país contar con la primera planta solar fotovoltaica de importancia. Se trata de un aprovechamiento de energía renovable muy abundante en el país, que no produce ninguna emisión contaminante.

En la ceremonia, realizada en el Salón Dorado de la Cancillería, participaron el Director de la División de la Universidad Corporativa del ICE, Roger Carvajal, el Embajador de Japón en Costa Rica, Hidekazu Yamaguchi, el Ministro de Planificación, Roberto Gallardo y el Canciller Bruno Stagno.

El Ministro Stagno manifestó "en nombre del gobierno y del pueblo de Costa Rica nuestro profundo agradecimiento a Japón por esta cooperación, prueba fehaciente de su gran compromiso con las energías renovables, las energías limpias y la lucha contra el cambio climático".

"Esta cooperación nos va a permitir alcanzar, esperamos, ese 100% de energía renovable, de energía limpia, reduciendo así en parte nuestras emisiones de carbono, con miras a ser el primer país en vías de desarrollo en convertirse en carbono neutral para el año 2021", dijo el Canciller Stagno.

El Embajador Yamaguchi destacó la ejecución del programa japonés Cool Herat Partnership, a través del programa de Cooperación no Reembolsable para proyectos relacionados con el Medio Ambiente para los países en vías de desarrollo.

"Costa Rica decidió apoyar los postulados de esa iniciativa japonesa en mayo del 2008 durante la Cumbre Cambio Climático y Medio Ambiente, Centroamérica y el Caribe, celebrada en Honduras. Dentro de este marco Japón está llevando a cabo la cooperación a Costa Rica en el campo del medio ambiente y ahora se ha concretado" dijo Yamaguchi.

El programa de donaciones del gobierno japonés incluyó varios países y empresas en el mundo. El ICE resultó favorecido entre el grupo seleccionado.

"Para el ICE es muy satisfactoria la donación de dos micro centrales solares por parte del Gobierno de Japón que permitirá que el país pueda fortalecer la investigación y el desarrollo de una energía tan amigable con el ambiente como lo es la que nos proporciona el sol" dijo Róger Carvajal.

Agregó que la hidroelectricidad, la geotermia y la energía eólica dominan la producción eléctrica de Costa Rica, logrando que el 94.6% de la electricidad del país se genere a partir de energías limpias.

El proyecto cuenta con dos subdivisiones. La primera, denominada Proyecto Solar Miravalles, se ubica en la Planta Geotérmica de Miravalles (Guanacaste), donde ya existe una planta de energía eólica y un gran complejo geotérmico. En esa área, de buena irradiación solar, el ICE tiene suficiente terreno para instalar la planta, de un micro central solar de 400 kivatios, la cual estaría interconectada con el tendido eléctrico para proveer de electricidad a algunas comunidades rurales y casas de la zona.

La segunda, denominada Proyecto Piloto Solar Sabana, se ubica en el área que ocupa el edificio principal del ICE en Sabana Norte, en San José. El propósito de este plan piloto es mostrar a los residentes del Área Metropolitana las posibilidades que ofrece la energía solar. Los paneles prácticamente servirán como techo del estacionamiento, lo que demuestra la sencillez de este tipo de instalaciones.


Fuente: Informa-Tico, http://www.informa-tico.com/?scc=articulo&ref=16-02-100005

ONU anuncia que 93 países fijaron objetivos de reducción de gases tras COP15


México, (EFE).- Naciones Unidas anunció este miércoles que 93 países, entre ellos China y Estados Unidos, entregaron a los responsables de la organización internacional objetivos y estrategias contra el cambio climático, metas que el organismo todavía considera cortas.

"Colectivamente los objetivos y estrategias que los países han enviado hasta ahora no son suficientes para reducir las emisiones en línea con lo que la ciencia ha indicado que es necesario si queremos evitar los severos impactos del cambio climático", alertó en rueda de prensa el responsable de la ONU para cambio climático, Yvo de Boer.

El también secretario ejecutivo de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (COP) explicó que los 93 países "representan más del 80% de las emisiones globales relacionadas con energía".

"Este es un comienzo muy positivo que los países pueden utilizar para hacer progresos aquí en México en la próxima conferencia sobre el clima", que se celebrará del 29 de noviembre al 10 de diciembre en Cancún, en el Caribe mexicano.

En Copenhague los países que participaron en COP15 acordaron notificar sus compromisos de reducción de emisiones de gases causantes del efecto invernadero antes del 31 de enero pasado.

De Boer señaló que la presentación de esta información se ha hecho de distinto modo dependiendo de lo más o menos avanzadas que puedan estar las distintas estrategias nacionales.

"Unos 56 países han enviado planes de acción nacionales u objetivos. Otros países han indicado que quieren estar asociados con el Acuerdo de Copenhague. En muchas instancias esos son pequeños países en desarrollo que necesitarán más tiempo para preparar un plan o estrategia nacional", agregó De Boer.

Estados Unidos, el mayor emisor mundial, se comprometió bajo el liderazgo de Barack Obama a recortar un 17% sus emisiones en 2020 con respecto a los niveles de 2005, mientras que China, presentó un programa para "aumentar la intensidad energética de su economía" e "incrementar significativamente sus fuentes de energía renovable" e impulsar la reforestación.

Para el alto funcionario en la próxima conferencia internacional sobre cambio climático que México acogerá a fines de 2010 es necesario ser a la vez "ambiciosos y realistas", una propuesta en la que coincidió con el secretario (ministro) de Medio Ambiente, Juan Rafael Elvira Quesada.

Para De Boer, en Copenhague "las expectativas fueron puestas muy alto y eso puso mucha presión en la conferencia. Creo que debemos aprender de esa experiencia y movernos adelante (...) con ambición".

El pasado 19 de diciembre la XV Cumbre de la ONU del Cambio Climático de Copenhague (COP15) terminó con acuerdo de mínimos y sin carácter vinculante, lo que dejó a muchos participantes decepcionados.

El texto acordado omitió el monto global de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, al contrario de lo pretendido por muchos países, y solo pidió "profundos recortes" en este sector sin precisar plazo, lo que muchos participantes consideraron un fracaso.

El representante de la ONU para cambio climático considera que tras la cumbre danesa es importante dejar de postergar el momento para ofrecer una respuesta de largo plazo contra el cambio climático.

"La ventana de oportunidad para actuar sobre el cambio climático se está haciendo más pequeña según pasa el tiempo", concluyó.


Fuente: El País, http://elpais.cr/articulos.php?id=19231

Quebec adopts California's emission standards

TORONTO (Reuters) - Quebec will become the first province in Canada to adopt California's strict auto emissions standards, the province's environment ministry said on Tuesday.

The new rules will come into effect on January 14 and will impose increasingly stringent limits on greenhouse gas (GHG) emissions from cars and light trucks made between 2010 and 2016 that are sold in the province.

Emissions from vehicles will be cut by about 35 percent over the four years, from 187 grams of carbon dioxide per kilometer for passenger vehicles to 127 grams per kilometer by 2016, Charles Larochelle, assistant deputy environment minister in Quebec, said in an interview.

"In Quebec, 40 percent of our GHG emissions are from our transportation sector, so it's quite an important sector if we want to get some reductions in our greenhouse gases," he said.

Quebec first announced its plan to adopt the California emission standards two years ago, but was waiting for legal wrangling between the state of California and automakers to be resolved before it officially got on board.

Fourteen other U.S. states have also adopted the California plan, including Vermont, Maine, and New York state, all of which border Quebec.

The United States is looking at a national strategy to reduce carbon emissions, and the Canadian government has said it will probably tie itself to the U.S. plan.


Fuente: Scientific American, http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=quebec-adopts-californias

UE procura retomar lucha tras fracaso de cita climática


Bruselas. AFP. Decepcionada por el “desastre” de la conferencia de Copenhague, la Unión Europea (UE) examinó ayer cómo volver a presionar a la comunidad internacional y algunos países blandieron la idea de imponer un “impuesto carbono” a importaciones procedentes de naciones muy contaminantes.

“Debemos estudiar cómo proceder tras el desastre de Copenhague”, explicó en una reunión con sus homólogos europeos el ministro sueco de Medio Ambiente, Andreas Carlgren, cuyo país ejerce la presidencia rotativa de la UE.

El ministro belga Paul Magnette se mostró por su parte partidario de endurecer la postura de la UE, cuyos ambiciosos retos contra el cambio climático la relegaron a un segundo plano en la conferencia de la ONU, finalizada el viernes con un acuerdo decepcionante auspiciado por EE. UU.y países emergentes.

“Si algunos países entre los mayores contaminantes siguen obstaculizando” la adopción de objetivos vinculantes de reducción de emisiones de dióxido de carbono, la UE debería estudiar imponer “una tasa carbono a los productos importados” por estos Estados que “compiten de forma desleal con nuestras empresas”, advirtió Magnette.

El fracaso de Copenhague es achacado al rechazo de EE. UU. y China de comprometerse con objetivos legalmente vinculantes.

La postura de Magnette es que defienden hace meses el líder francés, Nicolás Sarkozy, y la canciller alemana, Ángela Merkel.

“He insistido en la necesidad de estudiar seriamente ahora el principio de una tasa de carbono en las fronteras”, anunció tras la reunión en Bruselas la secretaria de Estado francesa de Medio Ambiente, Chantal Jouanno.

“Debemos decidir qué oferta la UE pondrá sobre la mesa el 31 de enero”, cuando las principales potencias deben publicar sus objetivos de reducciones, y “qué debemos hacer para tranquilizar a nuestros empresarios” obligados legalmente en Europa a recortar sus emisiones, dijo Jouanno.

Sin embargo, la idea de una “tasa carbono” sigue sin reunir unanimidad en el seno de la UE.

Muy reservada, la Comisión Europea afirma que por ahora no es un tema de discusión y la secretaria de Estado española de Medio Ambiente, Teresa Ribera, dijo que la medida debe ser la última opción.

La UE acordó el año pasado bajar emisiones de gases con efecto invernadero un 20% en el 2020 respecto a los niveles de 1990 y se mostró dispuesta a subir a 30% si las potencias desarrolladas adquirían el reto en Copenhague.


Fuente: La Nación, http://www.nacion.com/ln_ee/2009/diciembre/23/mundo2204136.html

No se hizo historia en Copenhague


COPENHAGUE, (IPS/TerraViva) - No se hizo historia en Copenhague. Tampoco se selló ningún pacto contra el cambio climático. Tras dos años de intensas negociaciones entre 194 países, rompe los ojos la división entre el mundo rico y el pobre.


Los países pobres quieren reducciones drásticas de las emisiones causantes del recalentamiento por parte del mundo industrial, y éste sigue resistiéndose a cortes sustantivos y metas obligatorias.

A pesar de las enormes presiones, las grandes esperanzas y los esfuerzos de último minuto de gobernantes de 128 países, todo concluyó en un vago texto titulado Acuerdo de Copenhague. La promesa de "sellar un pacto" climático fue pospuesta al menos un año más.

Y hablando de divisiones, la mayor parte de la sociedad civil considera que la reunión de Copenhague fue un amargo desastre. Es un fracaso que "condena a millones de personas del mundo pobre al hambre, al sufrimiento y a la pérdida de vidas", dijo el nigeriano Nnimmo Bassey, presidente de la organización no gubernamental Amigos de la Tierra Internacional.

En el lado opuesto, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sostuvo que se había logrado un "avance significativo y sin precedentes", al hablar en una conferencia de prensa poco antes de la medianoche del viernes en el Bella Center, sede oficial de la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP-15).

"Todas las grandes economías se han unido para aceptar su responsabilidad en las acciones necesarias para afrontar el peligro del cambio climático", añadió Obama.

Parece evidente que los gobernantes no han prestado mucha atención a los anteriores 15 años de negociaciones climáticas.

"Los jefes de Estado ahora están realmente comprometidos", opinó Robert Orr, secretario general adjunto de las Naciones Unidas para Coordinación de Políticas y Planeación Estratégica. "En Copenhague fue la primera vez que emplearon vocabulario climático", dijo.

"Esto pone al clima en el mapa de los gobernantes y a éstos en el mapa del clima", añadió Orr. También aventuró que la brecha entre la política y la ciencia está finalmente empezando a cerrarse.

Es un poco tarde para despertar a la realidad del cambio climático. Dos nuevos estudios indican que la retroalimentación climática hará imposible que el aumento de la temperatura media del planeta no supere los dos grados en el transcurso de este siglo.

Para conseguirlo, no sólo el mundo deberá dejar de emitir dióxido de carbono en las próximas décadas, sino que además habrá que retirar grandes cantidades de ese gas de la atmósfera para reducir su concentración de las actuales 389 partes por millón (ppm) a 350 ppm.

Fue a última hora del viernes cuando el mandatario estadounidense anunció que su país junto con India, Sudáfrica, Brasil y China habían acordado un texto a puertas cerradas, llamado Acuerdo de Copenhague.

Pero, como sólo participaron cinco de los 194 países que pasaron dos semanas discutiendo en Copenhague, algunos delegados se mostraron visiblemente enojados por no haber sido consultados, y las conversaciones continuaron toda la noche.

Para la tarde de este sábado, persistía la confusión sobre el estatuto legal del Acuerdo de Copenhague, y un puñado de naciones, entre ellas Arabia Saudita, Bolivia y Pakistán, se negaban a aceptarlo.

En definitiva, el Acuerdo no tiene carácter legal bajo los términos de la Convención de Cambio Climático, y los países que son parte de ella apenas "tomaron nota" de su existencia y expresaron, o no, su apoyo al mismo.

El viernes por la noche, Obama reconoció que se trataba sólo de un paso en un largo camino para alcanzar las metas indicadas por la ciencia. El mandatario insistió en su importancia, puesto que los países aceptaron drásticas reducciones de emisiones a largo plazo, con el fin de evitar que la temperatura media del planeta se eleve más de dos grados por encima de las marcas de la era preindustrial.

Según el texto, las naciones en desarrollo también aceptaron adoptar medidas voluntarias para reducir la cantidad de gases de efecto invernadero que arrojan a la atmósfera y aumentar esas medidas si se les suministra apoyo financiero.

Y hubo acuerdo en que los países ricos entreguen 100.000 millones de dólares por año para 2020 destinados a asistir a los países en desarrollo en la protección de sus bosques, la adaptación al cambio climático y la reducción de sus propias emisiones.

Se aceptó asimismo trabajar hacia un acuerdo legalmente vinculante que pueda ser adoptado el año que viene en la COP-16 que se celebrará en México.

"Estados Unidos no está legalmente obligado por nada de lo que se hizo aquí en Copenhague", advirtió Obama.

Estados Unidos está internamente dividido sobre este asunto y debe recorrer aún un largo camino para adoptar obligaciones en la materia.

No había transcurrido una hora desde que Obama efectuó su discurso en la sesión matinal de la COP-15 cuando varios legisladores estadounidenses del Partido Republicano celebraron una conferencia de prensa en el Bella Center para negar que el cambio climático fuera causado por emisiones de combustibles fósiles, o sea del petróleo, el carbón y el gas natural.

Las conclusiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y de decenas de academias científicas de todo el mundo son sospechosas, agregaron los legisladores, ninguno de ellos científicos y todos procedentes de estados con poderosos intereses en el sector automotor o de combustibles fósiles.

"Hemos perdido muchas cosas en el camino", manifestó Dessima Williams, de Granada, y portavoz de la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS, por su sigla en inglés), integrada por 43 países.

"Hemos perdido el compromiso vigoroso para estabilizar (el aumento de) la temperatura mundial en 1,5 grados", agregó. "Creemos que esto es fundamental para la supervivencia de nuestros estados miembros", destacó Williams en la sesión final de la COP 15, este sábado.

Las activistas esperaban que un texto sensible al género reconociera la realidad de que las mujeres son por lejos las más perjudicadas por el cambio climático, señaló Ana Rojas, de Energía, una red internacional de género y sustentabilidad con sede en Holanda.

Sólo un tercio de los delegados que asistieron a la COP 15 este año son mujeres, lo cual dificulta la igualdad en la representación de las opiniones de mujeres y hombres en relación con el cambio climático.

"Necesitamos una visión compartida del género en el acuerdo final. Y no sólo con respecto a la adaptación, sino también a la mitigación y el financiamiento" de las medidas contra el cambio climático, dijo Rojas.

Aunque reconoció que el Acuerdo tuvo algunos avances, está lejos de ser el "acuerdo justo, ambicioso y legalmente vinculante" que la sociedad civil defendía.

Afuera de las sesiones en el Centro Bella, 1.800 manifestantes y periodistas fueron arrestados bajo la sospecha de que pudieran cometer ilegalidades, en lo que la sociedad civil consideró un intento del gobierno danés de reprimir la oposición legítima y la libertad de expresión.

El uso de "gases lacrimógenos, spray pimienta, tácticas de dispersión de multitudes y arrestos colectivos preventivos fija un precedente peligroso, no sólo para Dinamarca, sino para el futuro del mundo", advirtió Tadzio Müller, de Climate Justice Action, una organización ecologista internacional.

"El planeta enfrenta una crisis trágica de liderazgo" sobre el cambio climático, declaró el director ejecutivo de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo.

El Acuerdo representa "una importante concesión a las industrias que contaminan el clima, especialmente del sector de los combustibles fósiles", dijo Naidoo.

"La posibilidad de impedir el caos climático acaba de hacerse mucho más difícil", comentó.


Fuente: El País, http://www.elpais.cr/articulos.php?id=17444

Copenhague concluye con bajas ambiciones


La Conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático evitó por poco una completa catástrofe luego de dos intensísimas semanas de negociaciones, cuando un grupo selecto de líderes finiquitaron el viernes por la noche un acuerdo político a puerta cerrada mientras un centenar de sus contrapartes se quedaban afuera.

A pesar del acuerdo alcanzado entre las principales economías, también conocidos como los “principales emisores”, el pacto es insuficiente para resolver los principales elementos que estabilizarán la atmósfera, protegerán a las comunidades vulnerables, y asegurarán el desarrollo sostenible en los países en desarrollo.

El acuerdo de tres páginas de Copenhague, o Acuerdo de Copenhague, encabezado por los EE.UU., China, India, Brasil y Sudáfrica, no es un acuerdo político vinculante como las Partes originalmente lo habían establecido cuando definieron hace dos años la Hoja de Ruta hacia Copenhague. Las presentes negociaciones, que llegaron a su conclusión este sábado, estuvieron rodeadas de desconfianza respecto al proceso liderado por Lars Lokke Rasmusse, el primer ministro danés que presidió la conferencia. Cuando los jefes de Estado ya habían llegado a Dinamarca durante los últimos días del evento, el acuerdo estaba muy lejos de estar listo. Deseosos de no volver a casa con las manos vacías, un grupo de reducido de mandatarios tomó lápiz y papel y llegó a un acuerdo mientras el resto esperaba sentado afuera. Así, cuando el acuerdo fue dado a conocer por la noche, muchos de los líderes no habían sido consultados por lo que los ánimos se caldearon. Finalmente muchos países terminaron rechazando el acuerdo, el cual fue solamente considerado como un anexo de la decisión final.

En efecto, el acuerdo es una declaración política de algunos, apoyado por varios y repelido por otros. No está del todo claro qué pasará con el acuerdo y cuál será su status formal de cara a la próxima reunión de las Partes. Sin duda, el proceso inclusivo de Naciones Unidas fue menoscabado con el fin de alcanzar una decisión, incluso bajo la mirada del Secretario General y con la facilitación de la Secretaría de la Convención misma. El impacto de la COP 15 (Conferencia de las Partes) en el futuro de la toma multilateral de decisiones sobre cambio climático aún está por definirse; no obstante, el daño en la confianza de muchos países respecto al funcionamiento del sistema es ineludible.

Anatomía del Acuerdo

El Acuerdo acepta que el mundo necesita aminorar el calentamiento global para evitar un aumento de la temperatura de 2º.C, pero no especifica reducciones de emisiones más fuertes de los países desarrollados, un facto clave precisamente para no llegar a ese límite de dos grados. De hecho, la mayoría de los 193 países firmantes de la Convención de Naciones sobre Cambio Climático, representado por la Alianza de Pequeñas Islas (AOSIS, por sus siglas en inglés), los países menos adelantados (PMA) y el Grupo Africano, han advertido que 1,5 grados es el techo absoluto y que los 2º. C grados implicarían dificultades, migraciones en masa, e incluso la muerte de muchas personas.

Además de la falta de especificidad en cuanto a la mitigación por parte de los países desarrollados, el Acuerdo delinea una intención muy general de los países en desarrollo para reducir voluntariamente sus emisiones de carbono.

El Acuerdo también anuncia la creación de un fondo de US$ 100 mil millones durante tres años para ayudar a los países en desarrollo con la mitigación y la adaptación. No obstante, los montos de financiamiento se quedan muy cortos respecto a las sumas calculadas por entidades como el Banco Mundial, McKinsey y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Además, el fondo prevé una partición indeterminada de financiamiento público y privado, aunque no da certeza de si las cantidades serán posibles, ni tampoco garantiza que el tan necesario financiamiento sostenible para los países en desarrollo sea una realidad.

Un elemento del Acuerdo de Copenhague que presentó las mayores dificultades es la información y la transparencia en cuanto a la reducción de emisiones. El asunto fue de gran importancia para los EE.UU., pero también el más contencioso para China, quien apreció que constituía una violación a su soberanía nacional y un mecanismo para que los países desarrollados monitoreen la competitividad. El resultado final fue que las acciones de mitigación que sean tomadas independientemente del apoyo internacional, será informadas cada dos años a través del mecanismo estándar de la Convención de Naciones Unidas.

La meta de conseguir un acuerdo internacional en la materia ha sido aplazada, sin que de momento se sepa a ciencia cierta cuándo podría darse esto debido a que el Acuerdo no menciona ningún plazo. Por lo pronto, las Partes decidieron continuar con el proceso de negociación del Grupo de Acción Cooperativa de Largo Plazo y el Protocolo de Kioto el próximo año.

El balance de los asuntos comerciales

Poder llegar a un acuerdo global que directamente afectará el consumo y la producción necesariamente requiere que los aspectos comerciales se tomen en cuenta. De hecho, los EE.UU. no firmaron el Protocolo de Kioto debido a la preocupación de su Congreso de que los países en desarrollo iban a recibir ventajas comerciales pues no estarían sujetos a los mismos estándares de producción. Hoy en día, grupos de interés estadounidenses están solicitando medidas de ajuste en frontera con el objetivo de pasar su legislación nacional sobre emisiones y energía.
Un tema relacionado con lo anterior, que es el uso de los combustibles para la aviación y el transporte marítimo, fue foco de atención en Copenhague, pues varios países solicitaron el cobro de cargas internacionales a los mismos, a diferencia de lo sucedido en Kioto, donde estuvieron exentos de regulación.

Dada la sensibilidad de los asuntos sobre cambio climático que tienen relación con el comercio internacional, no es sorprendente que éstos sean algunos de los temas que permanecen sin resolverse. Lo siguiente es un resumen del resultado de las negociaciones en aquellas áreas relevantes para el comercio y el desarrollo.

Medidas de ajuste en frontera

Sean llamadas medidas de ajuste en frontera, o en las diferentes denominaciones que se están usando, se trata de lo mismo: medidas unilaterales que un Estado impone cuando un bien es importado desde un país que no ha contrarrestado comparablemente las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de dicho producto. Por un lado, estas medidas son altamente contenciosas debido a los intereses de los países desarrollados que temen que las industrias se instalen en el extranjero, donde prevalezcan estándares más suaves. Los EE.UU. en este sentido, y de acuerdo a la legislación que está siendo considerada en este momento en el Senado, implementarían medidas de esta índole como parte de un paquete más amplio sobre cambio climático.

No obstante, por el otro lado, muchos países en desarrollo se resisten. “Estamos totalmente en contra, totalmente en contra”, dijo el negociador en jefe de la India, Jairam Ramesh. Tres son las preocupaciones principales que provocan este enfoque de medidas en frontera: a) que podrían estar en conflicto con las reglas internacionales de comercio, que piden trato equitativo entre bienes iguales; b) que podría tratarse de una forma proteccionismo, y c) que podrían menoscabar y desoír el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas entre países con diferentes niveles de desarrollo.

Las medidas de ajuste en frontera están contempladas en el texto en la parte que se refiere a posibles consecuencias económicas y sociales de las medidas de respuesta. Son tres las opciones en el texto de negociación: una, es la total prohibición; dos, tomar prestado el lenguaje del artículo XX del GATT de manera que no constituya una forma de discriminación del comercio internacional; y tres, incluir una redacción más precisa que la de la opción dos con la intención de otorgarle mayor tranquilidad a la Partes.

Agricultura

Finalmente el sector agrícola recibió especial atención en estas negociaciones, tanto en sus trabajos preparatorios como en la misma Conferencia. Las razones de esto es que la producción agrícola contribuye significativamente a las emisiones, siendo responsable del 14% de las emisiones globales; además de que el sector se verá fuertemente afectado por el aumento de las temperaturas, las inundaciones y la imprevisibilidad que ronda el cambio climático. El grupo de negociación sobre enfoques sectoriales mantiene un texto que habla sobre la agricultura, y en el cual ya se enfatiza la relación entre el fenómeno climático y la seguridad alimentaria. Asimismo, el texto reconoce la importancia del conocimiento tradicional y llama a un programa especial sobre la materia.

Transferencia de tecnología y propiedad intelectual

Quizás uno de los obstáculos para reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero es el desarrollo de las nuevas tecnologías, lo que implicaría el fin de la dependencia mundial respecto a los combustibles fósiles. Este reto está especialmente presente en los países en desarrollo, donde a veces esas tecnologías no tan fácilmente pueden desarrollarse. Esfuerzos para hacer disponibles las energías verdes es algo que se está tratando en las presentes negociaciones. Las Partes están considerando una gama de mecanismos, fondos y planes, algunos de los cuales también se parecen a algunas propuestas presentadas en la OMC. En este sentido, es destacable que el Acuerdo de Copenhague llama al establecimiento de un “mecanismo de transferencia de tecnología”, el cual intenta mejorar la acción para el desarrollo de tecnología y transferencia. Tal mecanismo requerirá de más elaboración y de ciertos pasos adicionales para que pueda ser implementado.

Adaptación y financiamiento

El financiamiento es una de las cuestiones más sustanciales en las negociaciones. Aunque las estimaciones varían, no hay duda de que la adaptación y la mitigación del cambio climático serán muy costosas. Esto es especialmente cierto para los PMA y los AOSIS, para quienes las fuentes de financiamiento a largo plazo son esenciales si van a adaptarse a los cambios ambientales y económicos que traerá el cambio climático. El Banco Mundial ha estimado que entre US$ 140 mil y US$ 175 mil millones serán necesarios para ayudar a los países en desarrollo A implementar las medidas de mitigación para que el calentamiento global no depase los dos grados.

Los EE.UU., la Unión Europea (UE) y Japón llenaron titulares con grandes anuncios sobre este tema. En el caso de la UE, alrededor de US$ 10 mil millones han sido comprometidos durante los próximos tres años para un fondo ‘fast track’. Japón también ha ofrecido US$ 15 mil millones en tres años, y los EE.UU. dio su apoyo para un fondo de US$ 100 mil millones por año hacia 2020, el cual estaría compuesto por fuentes públicas y privadas. No obstante, los detalles más importantes referentes a la financiación a largo plazo todavía no han sido precisados, incluyendo cómo serían recolectados los US$ 100 mil millones anuales.

En perspectiva

No hay duda de que la gobernanza internacional y el sistema de toma de decisiones de Naciones sufrieron un cambio inesperado. Las Partes partieron de Copenhague con menos confianza en las instituciones, así como en su capacidad de obtener resultados. Es poco probable que los líderes se reúnan nuevamente por esta causa, al menos en el corto plazo, dadas las circunstancias e incluso la falta de respeto, según advirtieron algunos.

En cuanto al cambio climático, el mundo no está más cerca de resolver este asunto que hace dos años. Ante la ausencia de un tratado, los asuntos comerciales empezarán a interferir aún más en el terreno de la política climático, particularmente con relación a las medidas de ajuste en frontera. Mientras tanto, y ante la ausencia de señales claras de regulación internacional, el mercado de carbono, con todo su potencial de inversión y tecnología, permanece vulnerable y los fondos podrían no destinarse lo suficiente hacia investigación y desarrollo en cambio climático, que constituye otra de las omisiones en el Acuerdo de Copenhague.

El camino hasta la próxima Conferencia de las Partes en la Ciudad de México no será sencillo. Hay que tomar ciertos pasos para llegar a soluciones efectivas en este tema. De aquí hasta la cita en 2010 en México, mucho del juego estará en el campo de los legisladores en los EE.UU. y en la nueva disposición política de los líderes.


Fuente: Revista Puentes, http://ictsd.org/i/global-platform/bridges-copenhagen-updates/bridges-copenhagen-updates-espanol/67066/

Obama, making climate policy changes


More important than Copenhagen? U.S.-China deal on energy and climate


When the presidents of the two nations that are responsible for 40 percent of Earth's climate-changing greenhouse gases sit down to talk, big things can happen. In the case of Barack Obama and Hu Jintao on Monday and Tuesday, that meant flatly stating that emission reduction targets should be set at an international negotiation on climate change in Copenhagen this December, along with financial assistance figures to help poorer countries mitigate emissions and adapt to a changing climate. Oh, and the world should cut back on deforestation.

Adding those three puzzle pieces together could amount to solving half the globe's climate problem despite involving just four countries—besides the U.S. and China, count in Brazil and Indonesia, which could do plenty by cutting back on their rainforest clearing activities.

But during their summit this week, Jintao and Obama also laid out a comprehensive program to address the clean energy challenge facing both nations, which would go a long way toward reducing greenhouse gas emissions. To wit:

• the opening of a joint clean energy research center (pdf) with $75 million in funding from China and the U.S. over the next five years. Goals? Energy efficiency, "clean coal" and clean vehicles, among others;
Electric vehicle demonstration projects (pdf) and the development of joint standards for the new technology;
• Joint building efficiency standards, including inspector and auditor training;
Renewable energy development roadmaps for both countries, including grid modernization;
• U.S. assessment of Chinese shale gas (pdf) potential as well as help with development of this lower carbon fuel;
• 22 U.S. companies to help develop clean energy projects in China, including alternative energy, a "smart" grid and greater energy efficiency, among others;
• corporate and government cooperation on "21st Century Coal," such as developing carbon capture and storage at the so-called GreenGen plant and gasification of coal to help remove pollution before combustion, among other efforts.

Coal is clearly the linchpin of any efforts to address greenhouse gas emissions from the two countries: the U.S. gets half its power from the dirty black rock and China more than 80 percent. In fact, burning coal is the main reason the two countries lead the world in producing global warming pollution. And coal has now surpassed oil as the fossil fuel producing the most greenhouse gases (ending a 40-year run for petroleum), according to the Global Carbon Project, thanks largely to a rapid increase in its burning in China, India and other developing countries.

But as far as efforts to clean coal go, there is currently only one project in the world that both captures and stores the CO2 that would otherwise be emitted from a coal-fired power plant—Mountaineer Power Plant in West Virginia. And that demonstration project captures just 1.5 percent of that 1,3000 megawatt coal-fired power plant's emissions, or 0.00001 percent of global emissions of the greenhouse gas. China and the U.S. working together to solve climate change is exactly what the planet needs, yet it's clear there is a long way to go. In fact, European and environmentalist commentators have charged Obama with being "dishonest" or "fibbing" about climate change.

However, as an ancient (and possibly apocryphal) Chinese philosopher mused: "A journey of a thousand miles begins with a single step." Could this historic visit and agreement be that step for climate change?

Fuente: Scientific American, http://www.scientificamerican.com/blog/post.cfm?id=more-important-than-copenhagen-us-c-2009-11-17





Obama and (climate) change: Indian edition


The U.S. launched this week a historic program to advance clean energy in India—where simply moving the 40 percent of the South Asian nation's citizens who still burn coal, dung or wood to electricity could deliver major improvements for development, clean air and climate. Last week, it was a similar historic program to advance clean energy with China as well as a shared commitment to meaningful steps as part of the upcoming Copenhagen climate talks. And, to top it off, Obama has announced plans to swing by the talks on Dec. 9 as well as to publicly commit to U.S. emission reductions "in the range of 17 percent below 2005 levels in 2020 and ultimately in line with final U.S. energy and climate legislation."

By negotiating directly with China and India—as well as neighbors Mexico and Canada—to craft a shared strategy on climate change, the Obama administration has both addressed more than half of global emissions of greenhouse gases and made international consensus in Copenhagen more likely. The president has also gotten both developing countries to agree to actively monitor and announce their greenhouse gas emissions going forward—a key aspect of any international verification system for emission reductions. And China has already committed to keeping the intensity of its emissions 40 to 45 percent below 2005 levels by 2020.

"Based on progress made in recent, constructive discussions with China and India’s Leaders, the President believes it is possible to reach a meaningful agreement in Copenhagen," according to a prepared statement from the White House. "The President’s decision to go is a sign of his continuing commitment and leadership to find a global solution to the global threat of climate change, and to lay the foundation for a new, sustainable and prosperous clean energy future."

A big part of that foundation will be developing the kinds of clean energy technologies discussed with China and India—from coal with carbon capture and storage to new nuclear power plants, and from rural electrification abroad to energy efficiency improvements at home. In particular, the U.S. National Renewable Energy Lab will partner with India's Solar Energy Centre and Centre for Wind Energy Technology to map potential, develop technology and, ultimately, aid in its deployment—potentially allowing rural Indians to "leapfrog" directly to distributed solar energy, without the need for costly transmission lines. And there will also be enhanced cooperation in agriculture—helping to revitalize the Green Revolution in India that dramatically reduced starvation there in the 20th century.

"India is important to the energy and climate change problem for several reasons," said U.S. Secretary of Energy Steven Chu during a visit to the country this month. For one, "eighty percent of the infrastructure in India has yet to be built. What we have today and what we are going to have by 2030. So this is an incredible opportunity for India to build its buildings, its cities, its highways, its infrastructure, its transportation in the most energy efficient way possible."

Further, the President outlined his vision for pending climate legislation in the U.S. this week—in addition to the target of reducing emissions to 17 percent below 2005 levels by 2020 (a goal already half-achieved thanks to the Great Recession and other factors), a 30 percent reduction by 2025, 42 percent by 2030 and, ultimately, an 83 percent cut by mid-century.

"The U.S. commitment to specific, mid-term emission cut targets and China's commitment to specific action on energy efficiency can unlock two of the last doors to a comprehensive agreement," said Yvo de Boer, executive secretary of the United Nations Framework Convention on Climate Change, of the chances for a global agreement in Copenhagen.

Of course, the shape of any final U.S. commitment to cut greenhouse gas emissions will be decided by the U.S. Congress, but the President has a final option should legislators fail to act—regulation under the Clean Air Act by the U.S. Environmental Protection Agency.


Fuente: Scientific American, http://www.scientificamerican.com/blog/post.cfm?id=obama-and-climate-change-indian-edi-2009-11-27