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The conflicts for climate change


Some experts call the genocide in Darfur the world's first conflict caused by climate change. After all, the crisis was sparked, at least in part, by a decline in rainfall over the past 30 years just as the region's population doubled, pitting wandering pastoralists against settled farmers for newly scarce resources, such as arable land.

"Is Darfur the first climate change war?" asked economist and Scientific American columnist Jeffrey Sachs at an event at Columbia University in 2007. "Don't doubt for a moment that places like Darfur are ecological disasters first and political disasters second."

But new research would suggest the answer to Sachs's question is no, at least regarding the novelty of Darfur. Agricultural economist Marshall Burke of the University of California, Berkeley and his colleagues have analyzed the history of conflict in sub-Saharan Africa between 1980 and 2002 in a new paper in Proceedings of the National Academy of Sciences.

"We find that civil wars were much more likely to happen in warmer-than-average years, with one degree Celsius warmer temperatures in a given year associated with a 50 percent higher likelihood of conflict in that year," Burke says. The implication: because average temperatures may warm by at least one degree C by 2030, "climate change could increase the incidences of African civil war by 55 percent by 2030, and this could result in about 390,000 additional battle deaths if future wars are as deadly as recent wars."

In fact, temperature change offered a better prediction of impending conflict in the 40 countries surveyed than even changes in rainfall, despite the fact that agriculture in this region is largely dependent on such precipitation. Burke and his fellow authors argue that this could be because many staple crops in the region are vulnerable to reduced yields with temperature changes—10 to 30 percent drops per degree C of warming.

"If temperature rises, crop yields decline and rural incomes fall, and the disadvantaged rural population becomes more likely to take up arms," Burke says. "Fighting for something to eat beats starving in their fields."

Whereas 23 years in 40 countries provides a relatively large data set, it does not exclude other possible explanations, such as violent crime increasing with temperature rise, a drop in farm labor productivity or population growth. "Fast population growth could create resource shortage problems, as well," notes geographer David Zhang of the University of Hong Kong, who previously analyzed world history back to A.D. 1400 to find linkages between war and temperature change. Those results were also published in 2007 in Proceedings of the National Academy of Sciences. But "the driver for this linkage," Zhang says," is resource shortage, mainly agricultural production, which is caused by climate change."

Burke and his colleagues specifically excluded records from prior to 1980, because of the conflict rampant in the wake of Africa's emerging colonial independence after World War II. "A lag of a couple of decades would leave sufficient time for post-independence turmoil to wear out," Burke argues. "We took the approach that the best analogue to the next few decades were the last few decades."

Proving the link—and providing a specific mechanism for the increase in conflict, whether agricultural productivity or otherwise—remains the next challenge. "I believe that the historical experience of human society of climate change would provide us [with] the evidence of how climate cooling and warming during the last thousand years created human crisis, and also the lessons for human adaptive choices for climate change," Zhang notes.

"We feel that we have very clearly shown the strong link between temperature increases and conflict risk," Burke adds. But "what interventions will make climate-induced conflict less likely?"

The U.S. military, for its part, is concerned about the issue, analyzing the possibility for climate change to destabilize countries in recent reports, such as an essay from members of the CNA Military Advisory Board in November, "Climate and Energy the Dominant Challenges of the 21st Century."

But, given the recent historical record in places like Darfur, the question about intervention may remain unanswered. "We need 18 helicopters but no one has provided it and yet we are so concerned about Darfur," said former United Nations Secretary General Kofi Annan at an event at Columbia University in September, noting the stretched resources of the peacekeeping


Fuente: Scientific American, http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=can-climate-change-cause-conflict

África: sequía e inundaciones, de extremo a extremo


Nanyuki/Nairobi, (dpa) - Robert Kijambo echa una mirada preocupada a su ganado vacuno: los huesos de la cadera y la pelvis de los animales llaman fuertemente la atención, los ojos están caídos, se puede ver cada una de las costillas. Las terneras están apáticas, arrancando tallos resecados de pasto.

El campesino de la región de Nanyuki en las tierras altas del centro de Kenia está desesperado: "Ya perdí varios animales", dice, "los quería trasladar a otras pasturas pero ahora ya no tienen fuerza. Se caen y mueren, directamente."

La sequía que lleva meses de duración en el país de África oriental afectó también a las regiones consideradas propicias para la agricultura. Ahí se encuentran las plantaciones de café, las granjas de verduras.

En la zona entre los montes altos Aberdares y la región del Monte Kenia, las precipitaciones son más frecuentes que en la mayoría de las zonas restantes del país. Y sin embargo ahí también las personas y los animales sufrieron bajo la sequía. El campesino Kijambo teme por su existencia. "La lluvia tiene que llegar, finalmente", fue su mantra diario durante semanas.

Y de hecho, la lluvia llegó, si bien aún no a todas las zonas de Kenia. En la capital Nairobi una y otra vez los chaparrones se prolongan durante horas, transformando los caminos de tierra en pantanos. En algunos lugares brotan las primeras hojas tiernas. Pero en la ciudad de millones de habitantes el ganado vacuno carniseco es también aún omnipresente. El ganado de los pastores nómades busca pastos en el parque nacional de Nairobi, a pesar de la estricta prohibición de pastoreo. Para algunos búfalos, cebras y antílopes las lluvias llegaron demasiado tarde; sus cadáveres se encuentran desparramados por el parque nacional.

La estación de lluvias, que fue esperada ansiosamente por cientos de miles de personas en Kenia, como en Etiopía, Somalia o Yibuti, trae además enormes problemas. El fenómeno de El Niño amenaza con prolongar la época de lluvias, que normalmente dura seis semanas, hasta fin de año. Y las fuertes precipitaciones causan aluviones, avalanchas de barro e inundaciones.

En la costa de Kenia fueron destruidos calles y puentes, varias personas se ahogaron. El gobierno ya hace semanas elaboró planes para la catástrofe, pues sólo en Kenia unas 200.000 personas se podrían ver directamente afectadas por las inundaciones, sobre todo en los pueblos a lo largo de los ríos o en las zonas más deprimidas de las barriadas marginales urbanas, donde a menudo decenas de miles viven en asentamientos de chapa densamente poblados. En caso de emergencia habrá evacuaciones y reasentamientos, prometen los representantes del gobierno.

Sin embargo, por el momento perduran las consecuencias de la sequía, a pesar de la lluvia tropical. Faltan todavía unas buenas seis semanas para la próxima cosecha. Los expertos hablan del "hambre verde", cuando el campo el maíz brote pero la gente no tenga nada para comer. Tampoco se acabó el hambre para el ganado que puebla las playas de estacionamiento de los supermercados y en las cunetas de las calles de Nairobi.


Fuente: El País, http://www.elpais.cr/articulos.php?id=16096

Europa generará su energía en granja solar en el Sahara


TOMADO DE: La Nación, http://www.nacion.com/ln_ee/2009/julio/15/aldea2027311.html

En solo seis horas el desierto del Sahara recibe más energía solar de la que la humanidad consume en todo un año.


Por ello, una red formada por 60 científicos de Europa y África anunció ayer un proyecto que pretende capturar parte de esa energía para producir electricidad no contaminante y utilizarla, por ahora, en ambos continentes.


La iniciativa fue diseñada por el conglomerado privado llamado Desertec Industrial Iniciative, con sede en Alemania.


Consiste en la creación de una gigantesca red de plantas solares termoeléctricas –granja solar– en diversos puntos del desierto del Sahara. Esto es algo que ya está en proceso.


A pesar de que se hallan en el desierto, todas las plantas están ubicadas cerca de una fuente de agua, en las costas del Mediterráneo. Esto ocurre porque el agua es una parte importante del proceso de producción de la energía.


Las plantas en construcción serán diferentes a las tradicionales plantas termoeléctricas debido a que no funcionan con células fotovoltaicas o paneles solares normales –que son un poco caros y algunos son difíciles de instalar– , sino que utilizan espejos de metal para captar los rayos del sol.


Una vez que se captura la radiación solar, esta energía se almacena en un contenedor.


Luego, otro contenedor repleto de agua limpia –obtenida del proceso de desalinización del agua del Mediterráneo– será el encargado de enfriar el primer contenedor –que almacena el calor del sol– para generar vapor.


El vapor de agua resultante es el responsable de empujar las turbinas y, de esa manera, generar la electricidad que todos conocemos y que tiene múltiples usos.


Esta electricidad sería distribuida por medio de redes tradicionales de cableado o, incluso, por microondas hacia los lugares que requieren la energía.


La tecnología tiene además otro valor agregado, ya que las plantas en red pueden generar electricidad en ausencia de luz solar, es decir, durante la noche o en los días nublados, debido a que tiene la capacidad de almacenar el calor que produce y luego enfriarlo con el agua desalinizada.


Bueno y malo. Ante el anuncio de esta iniciativa surgieron voces de apoyo y también de crítica.


Quienes lo apoyan ven en este proyecto la posibilidad de reducir las emisiones de gases con efecto invernadero de Europa y África, y, con ello, frenar el calentamiento global.


En muchos países de estos dos continentes la quema de carbón es aún la fuente principal para la producción de la energía eléctrica necesaria.


Sin embargo, los detractores de esta iniciativa destacan que la tecnología podría utilizarse como un nuevo medio de colonización de África por parte de las empresas europeas que están financiando el proyecto.


Además, Wolfgang Palz, presidente europeo del Consejo Mundial de Energías Renovables , considera que el concepto de energía renovable también lleva implícito un deseo de promover la independencia energética y que este proyecto haría dependiente a Europa del sol de África.