Agua Conflicto y Seguridad


El agua virtual y la huella hídrica son indicadores que se han estado utilizando por parte de la Economía Ecológica para valorar la cantidad de litros de agua que se invisibilizan con la producción de cada producto. Es necesario, para preservar nuestro pequeño porcentaje de agua potable, buscar un consumo responsable y no el consumo del despilfarro y la insensibilidad ambiental. Este artículo muestra con gran profundidad los desafíos de la humanidad en cuánto al recurso hídrico se refiere.


Por Gian Carlo Delgado Ramos para Ecoportal

Introducción

Como es de conocimiento público, del total del agua en el planeta, unos 1,400 millones de m3, sólo el 2.5% es agua dulce disponible para el consumo humano. Ésa, dado los crecientes niveles de contaminación, es cada vez de menor calidad y no sólo, su localización está cambiando debido a la alteración del ciclo hidrológico, mucho en respuesta a fenómenos como el cambio climático. (2)

Mientras tanto, el consumo aumenta, no sólo por el crecimiento poblacional, sino por los crecientes patrones de consumo, en buena medida relacionados al tipo de vida de la población.

Y es que ésa es cada vez más urbana y sin embargo sigue requiriendo más alimentos, todo en un contexto de una dieta que tiende a colocar la carne como alimento central (la producción de un kilo de carne de res requiere alrededor de 15 mil litros de agua además de que genera una gran cantidad de afectaciones ambientales como la emisión de gases de efecto invernadero lo que a su vez afecta el ciclo hidrológico (3).

A nivel mundial lo es poco más de la mitad y en México, según INEGI, ya lo es en una proporción de ¾ partes. (4) Es un escenario complejo pues se estima que las zonas del centro-norte captan el 31% del agua en el país, involucran ¾ partes de la población; el 90% de las regiones de agricultura de riego y 70% de la industria generando el 87% del producto interno bruto (PIB). En cambio, en el sur sureste se observan datos opuestos con 23% de la población, 69% del agua y 13% del PIB. (5)

Se observa que la demanda de agua para consumo humano en México aumento seis veces en el último siglo y por tanto que la disponibilidad media per capita ha disminuido en una tasa media anual de 2.4% en los últimos 60 años (se pasó de 17 mil 742 m3 a 4 mil 312 m3). (6)

También es evidente la sobre-explotación de los acuíferos del país se triplicó en las últimas tres décadas del siglo pasado (90% de los 655 acuíferos nacionales, están en esa condición) (7); la carga contaminante de los ríos aumentó en 42%; o que el agua de buena calidad en el país disminuyó en 32%. Al mismo tiempo se reconoce que se trata sólo el 30% del agua (ello sin tomar en cuenta la calidad de tal tratamiento); se pierde de manera preocupante la capacidad de infiltración por la creciente degradación de los suelos y la pérdida de la biodiversidad, a la par del aumento de las superficies asfaltadas en las zonas de mayor población; así como se lastima de modo creciente la capacidad natural del ciclo hidrológico de reciclar los contaminantes.

Un dato representativo puntual es el flujo hídrico de la Ciudad de México. Su consumo ronda los 63 m3 por segundo. Obtiene un 50% del líquido del subsuelo pero a un ritmo de sobreexplotación del 140%. Un 25% se obtiene de la cuenca del río Magdalena y el restante 30% proviene del sistema Lerma-Cutzamala (una cantidad equivalente se pierde en fugas una vez en la ciudad). Al mismo tiempo, se desechan unos 45 m3 por segundo y sólo se tratan 4 m3 en las 28 plantas existentes. (8) La ecuación, tal cual, es insostenible en el largo plazo. (9)

Ahora bien, a pesar de lo innegable de los datos arriba expuestos, vale precisar que la escasez de agua también es en buena parte subjetiva en tanto que un estrés hídrico puede ser agudizado por conflictos distributivos, sea por procesos de disputa o despojo por parte de actores locales, regionales o internacionales que usualmente tienen intereses y poder de decisión distintos, divergentes y/o asimétricos. Siendo en tales escenarios, los pobres los más afectados (véase más adelante).

Por tanto, es causal que alrededor del 12% de la población consume el 85% del agua potable en proporciones promedio de un 70% el sector agroindustrial, un 25% el industrial y 10% en consumo doméstico. (10) Se trata de un contexto en el que los tres principales usuarios de agua a nivel mundial son India, China, EUA. Véase figura 1.


Siendo notable el grado de despilfarro estadounidense si se mira en términos per cápita. No sorprende entonces que a nivel mundial existan aproximadamente mil millones de personas sin acceso a agua potable o que 2.5 mil millones carezcan de servicio de saneamiento. El caso mexicano llama la atención pues revela un esquema verdaderamente ineficiente. En el país, el 77% del agua es de uso agrícola, esto es, por encima de la media mundial. Sin embargo, el país no produce los alimentos que requiere puesto que importa poco más de la mitad de sus alimentos, incluyendo granos básicos como el maíz y frijol.

En este contexto, si se toma nota de la advertencia de la CNA Corporation (11), respecto a la estimación de que en el 2025, alrededor del 40% de la población vivirá en países que experimentarán escenarios de escasez significativa, es claro que el asunto toma gran importancia en las distintas agendas de seguridad. Para México, el punto es relevante pues se calcula que para el 2069 el incremento del estrés hídrico será de entre un 20% y un 30% para zonas templadas y de hasta un 60% para zonas de clima cálido. (12) Tal eventual reducción y redistribución de la disponibilidad del líquido se verá acompañada además de un aumento poblacional que para el 2030 será de unos 125 millones de personas, mismas que demandarán un 25% más de agua que la registrada a principios de siglo.

En tal panorama es sintomático que Homer-Dixon sostenga que, “…los conflictos por agua, entre otros recursos estratégicos, pueden desencadenar conflictos bélicos, escenarios violentos y acciones autoritarias con fuertes implicaciones a la seguridad internacional.”

De la seguridad y conflictividad hídrica


La denominada “guerra por el agua”, así advertida a principios del milenio por el entonces vicepresidente del Banco Mundial, Ismail Serageldin aludiendo a que “…la próxima Guerra Mundial será por el agua”, radica, como se indicó, en el hecho de que su localización y calidad está cambiando. En tal sentido, zonas con potencial de conservar/incrementar sus reservas de buena calidad, pero también aquellas en las que se registran cambios de valores y percepciones sobre su escasez/disponibilidad y en las que se gestan intereses encontrados en un contexto de ausencia o cambios en la política y formas de gestión, se perfilan como estratégicas y conflictivas. A ello evidentemente se suma la conflictividad de las zonas donde la calidad y cantidad de agua disponible tiendan a ser decrecientes.

En este tenor, surge como elemento eje, el concepto de geopolítica o geopolitik y que fuese introducido por Rudolf Kjellen (13) y también elaborado por Friedrich Ratzel en el sentido de integrar la política, la antropología y la geografía. (14) Así, desde el deber del Estado de “expandirse o morir” de Ratzel, pasando por Karl Haushofer quien demostró la funcionalidad de la geopolítica en la concepción de la expansión nazi, hasta el pensamiento de John Mackinder, Alfred Mahan, Nicholas Spykman, Oskar Morgenstern, Edward Teller o Hery Kissinger, la geopolítica ha estado directamente vinculada al pensamiento militar, al poder y en particular a la preservación y expansión de la hegemonía mundial. Por lo anterior, la geopolítización del agua alude, estrictamente hablando, al rol estratégico que juega el recurso desde una visión del poder de Estado y de las clases que lo detentan; noción que ha llevado a considerarlo como cuestión de seguridad nacional. Se trata de una securitización del recurso que implica la toma de decisiones extraordinarias comparables al caso de una amenaza militar aunque en los hechos los datos indican que hay todo un abanico de medidas previas a ello. Y es que de 1948 a 1998 ocurrieron en el mundo tan sólo 21 acciones militares de gran escala y 16 acciones militares de escala limitada, mientras que al mismo tiempo ocurrieron 50 actos diplomáticoeconómicos hostiles y 164 actos de hostilidad verbal entre países con problemas derivados por cuencas fluviales transfronterizos. (15)

Ahora bien, es claro que este tipo de conflictos, transfronterizos, no son los únicos. Por el contrario, otras modalidades figuran incluso como las más comunes y las de mayor relevancia desde el punto de vista de la seguridad nacional, particularmente en lo que refiere a la seguridad interna. Me refiero a los conflictos distributivos, usualmente asociados a procesos de desposesión (usualmente en una dimensión de lo local-regional). (16) Esta figura de conflicto puede diferir notablemente de la de geopolítica del agua arriba descrita, y en tales casos es vista por la ecología política como conflicto distributivo de un recurso entre dos o varios actores. (17) Si bien, en efecto, pueden persistir rasgos de securitización, el énfasis es de otro tipo puesto que los conflictos pueden adquirir la forma de:

• disputas locales originadas por la degradación del recurso o desastres naturales;

• disputas por el acceso, uso y usufructo del agua resultantes de (in)migraciones y/o nuevos ordenamientos territoriales

• de procesos de acumulación por desposesión (inclúyase procesos de despojo por la vía del mercado; e.g. privatización formal o de facto, extranjerización); o

• de conflictos entre territorios o unidades políticas definidas al interior de un país por recursos compartidos, por ejemplo, desde el nivel de estados o provincias, hasta municipios y poblados.

Así, frente a la mencionada securitización del agua o de procesos de conflicto distributivo por el recurso, surge el señalamiento del rol que juega la política. Así, la idea de la hidropolítica (18) toma relevancia al ser entendida como la política referida al preciado líquido, pero que no es la política del agua o de aquella de la gestión y administración de los recursos hídricos disponibles. Esta última también se ha calificado como gobernabilidad hídrica en tanto los problemas de las capacidades o agencia de las instituciones para manejar el líquido. Así, la hidropolítica, que es generada por situaciones críticas o potencialmente conflictivas resultantes de la denominada “crisis hídrica” toma cuerpo, por ejemplo, en diversas modalidades de securitización del recurso. Esa puede incluso ser tan sólo a nivel discursivo. Y es que es claro que el acceso, gestión y usfructo del agua no sólo se definen por cuestiones técnicas o administrativas, sino sobre todo por contextos socio-político-económicos particulares.

De ahí que cuando se pretende planificar de manera más compleja y seria, una de las constantes es la aucencia o falta de fluidez de infomación de buena calidad entre los distintos actores responsables y a las diversas escalas de gobienro. Esto debe ser entendido por tanto como un fuerte obstáculo, no sólo a la gestión del líquido, sino a la propia planeación integral ecosocial de los territorios concretos. (19) Pero nótese, no es la falta de información lo que lastima la “gobernabilidad” (20), afectando con ello los contextos. Éstos últimos mas bien son lo que producen tal carencia o dificultad de los flujos de información y diálogo social. Y es que de no hacerse, no sólo quedarían claramente develadas las asimetrias en tanto al acceso, uso, usufructo y responsabilidades de preservación del recurso, sino que además, su costo político ciertamente podría ser mayor.

Geopolítica del agua en AL a principios del siglo XXI

En el continente Americano se identifican cientos de potenciales conflictos distributivos a nivel local, regional e internacional, esto es, prácticamente a lo largo y ancho de las principales cuencas de la región. A grandes rasgos, los conflictos pueden gestarse entre propietarios y/o usuarios del mismo tipo; entre gobierno y concesionarios/propietarios de la tierra; entre el gobierno en sus diversas escalas, las empresas y los pueblos; o entre gobiernos, sean locales, regionales o internacionales.


Los antecedentes son numerosos y van desde luchas de pueblos indígenas y campesinos en defensa del agua de sus territorios, de aquellos en contra de la construcción de represas (e.g. Red Latinoamericana Contra Represas que aglutina a numerosos movimientos – véase: www.redlar.org), hasta disputas mayores entre países. En lo que respectan a estas últimas y las de mayor grado de geopolitización, se identifican en el continente dos escenarios clave: 1) el caso del agua compartida con EUA, tanto canadiense como mexicana; y 2) las zonas del acuífero Guaraní y las de las cuencas compartidas de los ríos Plata/Paraná/Paraguay-Guaporé, Amazonas/Putumayo, y del río Negro-Orinoco.

Vale señalar en torno al primer caso, que las reservas canadienses son las más relevantes de Norteamérica y se localizan a la par del noreste de EUA, la zona más industrializada y con los mayores consumos de agua. Su rol es tal que en el marco de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, se viene hablando de la posibilidad de exportar agua canadiense, un recurso que no quedo fuera del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y que por tanto es mercantilizable en el marco de dicho acuerdo internacional. (21)

Las aguas fronterizas con México (del Colorado y del Bravo), históricamente conflictivas, son relevantes también no tanto por su cantidad sino por su localización. La cuenca compartida del Bravo es justo una zona que tiene serios problemas de agua y de potencial recrudecimiento de las disputas por el líquido en el futuro. Del lado estadounidense además de grandes centros urbanos, existen importantes zonas agroindustriales que comienzan a tener problemas de abastecimiento del líquido (el caso de Texas, Kansas y Nebraska es llamativo dada la fuerte presión que ya ejercen sobre las reservas subterráneas del acuífero Ogalla y que es fuente del 70% al 90% de sus necesidades, mismas que representan el 27% de las tierras irrigadas de esa nación). Del mexicano destaca la fuerte presión que provoca la industria maquiladora, la agroindustria de exportación ahí emplazada, así como las propias necesidades de la población local. (22)

El escenario norteamericano es tan complejo que existe ya la preocupación por la ausencia de acuerdos entorno al agua subterránea binacional, al tiempo que se vislumbran posicionamientos conflictivos como el de la Agencia Stratford que precisan que: “...la debacle fronteriza por el agua puede llevar a descarrilar las relaciones comerciales diplomáticas, dañar el TLCAN y provocar confrontaciones entre los gobiernos locales y los residentes de la zona fronteriza.” (23)

En cuanto al segundo caso, Sudamérica, el asunto no es menor pues sólo el Guaraní cuenta con reservas de unos 55 mil km3 en una extensión de 1,190,000 km2 que se extiende a parte de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Es zona de coexistencia de fuertes intereses empresariales y militares estadounidenses, pero también de otros países como los de Medio Oriente interesados en la compra-exportación-embotellamiento de agua del Acuífero. Ahí, como en el caso de México, hay interés en el negocio de la privatización de los servicios de agua y saneamiento, así como del recurso mismo.

La securitización en Sudamérica es patente desde los intereses estadounidenses como regionales. La militarización por parte de EUA por la vía del Comando Sur, sus bases y emplazamientos militares, responde a garantizar su posicionamiento en una zona estratégica, tanto por los recursos hídricos, biológicos y mineros, como por otros factores. (24) En este escenario, no extraña la advertencia del consejero del Pentágono, Andrew Marshall, sobre la falta de agua potable en el corto plazo y ante la cual EUA debía prepararse para estar en condiciones de “apropiarse” del líquido, “allí donde estuviese” y cuando “fuese necesario”. (25)

Desde luego, la apropiación del recurso es compleja pues no es viable llevarse el agua hacia EUA; no por lo menos en bulto (bulk). Cosa distinta es cuando se habla del agua que se emplaza cerca de las fronteras, o bien, del negocio del agua embotellada. Por tanto, el discurso y la proyección de las fuerzas de seguridad de EUA parecen responder más a justificar el emplazamiento de ésas como parte de una proyección geopolítica que desborda el tema del agua y que entre otras cuestiones sirve para garantizar el fluido negocio producto de la IED de ése país y por tanto de la transferencia de excedentes, pero también para limitar proyectos alternativos de nación o de integración independiente. Esto es, como mecanismo para mantener la subordinación de la región bajo la bien conocida visión monroísta-polkista de “America para los estadounidenses” (26).

Ante ello, se advierte la reacción brasileña de securitizar sus recursos mediante la implementación de un Sistema de Vigilancia de la Amazonía y un Sistema de Protección de la Amazonía como mecanismos de control de sus recursos estratégicos. Lo mismo aplica para Argentina, país que mediante su Plan Ejército Argentino 2025, colocó abiertamente desde 2006 la defensa de los recursos naturales estratégicos como principal hipótesis de guerra. (27)

A modo de reflexión final: conflictos distributivos del agua y seguridad ecológica

Se puede argumentar que la securitización del agua (“el agua como cuestión de seguridad nacional”), logra en el fondo opacar el debate sobre las estructuras sociopolíticas y las relaciones de poder existentes entorno a la degradación ambiental, el acceso, gestión y usufructo desigual de líquido; tanto en términos de las relaciones “Norte-Sur” como de entre ricos y pobres hacia adentro de los propios estados nación del continente. En este contexto, el concepto de seguridad ecológica, en oposición al de “seguridad ambiental” (securitización), adquiere una función explicativa importante si ése es visto como la seguridad de los pueblos y no simplemente del Estado. (28) Y es que mientras la seguridad ambiental del Estado tiende más a la toma de medidas reactivas y por tanto a la búsqueda de una “paz” impuesta mediante la fuerza del Estado (la securitización en su forma típica), la seguridad ecológica alude, como aquí es asumida, a la construcción y operatividad de medidas proactivas, dialogadas, concensuadas y, consecuentemente, socialmente justas. Este último es un esquema, o “un nuevo contrato social del agua” en el que el Estado es sólo un actor más en el proceso de diálogo, no obstante, funge como catalizador de tales o cuales medidas proactivas socialmente pactadas. Y si bien, la cooperación y coordinación de acciones son clave, ello, no debe entenderse como una situación que permite minimizar las responsabilidades diferenciadas de los actores, en particular aquella que le es propia al Estado en tanto responsabilidad social.

Por lo indicado, ante escenarios que prometen una escasez mayor del agua, y por tanto de escenarios de securitización y de conflictos distributivos de diversa índole, un nuevo contrato social del agua parece ser una alternativa necesaria para evitar costos sociales y ambientales innecesarios.

El pronunciamiento de la Asamblea General de la ONU del 28 de julio de 2010 es en este contexto relevante pues reconoce el derecho al agua potable y al saneamiento como derechos humanos básicos e insta a que se les garantice. El meollo del asunto es si se seguirá asumiendo tal derecho desde la óptica del mercado en el sentido de que el hecho de reconocerlo no implica que el líquido sea gratuito. Ese argumento en un contexto de pobreza generalizada (la mitad de la población mexicana vive en la pobreza o pobreza extrema, en un panorama de aumento del empleo informal, del desempleo y de la ausencia de alternativas para la juventud –de ahí los 7.5 millones de ninis) es riesgoso pues los costos sociales pueden ser agudos. Se calcula que para ingresos de un salario mínimo, el pago por el agua, al cierre de la década del siglo XXI, es en México de entre el 10% y el 20% de los ingresos.

Esto es que el costo del agua es peligrosamente regresivo e inequitativo pues puede ser catalizador de conflictos sociales (en tal sentido se contradice nítidamente la idea de seguridad ecológica planteada). Además, el atacar el problema del agua vía la demanda, no resuelve necesariamente el problema medioambiental pues mientras se tenga para pagar, en principio se puede seguir agrediendo la capacidad de carga de los ecosistemas. De subrayarse es que los mayores consumos per capita de agua corresponden justamente a quienes tienen mayor poder de compra. Y es que en cambio, si se mira el asunto dese la “oferta ecológicamente viable”, entendida ésa como la capacidad de carga de los ecosistemas, la propuesta de por ejemplo determinar la capacidad de carga de las cuencas hidrológicas, es clave pues permite definir la “elasticidad” de la oferta independientemente de la demanda (la cual puede ser parcialmente minimizada por medio de un ordenamiento territorial socio-ambiental integral ad hoc).
Ahora bien, cabe advertirse que en esta compleja coyuntura existe la posibilidad de que tome fuerza un discurso que, sobre la base de la crisis del agua y los posibles escenarios futuros, argumente la necesidad de canalizar fuerte sumas de capital a la construcción de infraestructura, lo cuál no es malo, al contrario. Pero, sí puede ser cuestionable en tanto que no necesariamente tiende a resolver o preveer del mejor modo posible los impactos socioambientales negativos existentes o por gestarse (léase, por ejemplo, grandes trasvases, mega-represas, etcétera). Ciertamente serían un gran negocio, pero bien podrían ser diseñados sin considerar seriamente el umbral de carga de los ecosistemas como límite a tales o cuales proyectos; podrían generar una mayor asimetría en cuanto al acceso, gestión y usufructo del recurso; o bien, tan sólo aplazarían el problema (sea en el tiempo o en el espacio).

Así pues, lo que algunos identifican como la débil gobernabilidad del agua en el país, desde la sociología Mills (29) se prefiere calificar tal fenómeno como irresponsabilidad organizada, y que permite no sólo no avanzar sino agudizar la problemática existente. Esta tendencia debe ser revertida con urgencia desde lo que aquí se ha calificado como seguridad ecológica y que implica en el fondo un replanteamiento de lo que se concibe por desarrollo (e.g. “desarrollo para el bien tener” o “desarrollo para el bien vivir”). Desde luego, lo anterior siempre en un contexto de respeto y tomando en cuenta las distintas realidades del país y la diversidad de perspectivas, tanto socioculturales como políticas y, con la condición de que toda acción vele, normativamente hablando, por el bienestar de todos y cada uno de los integrantes del tejido social. De notarse es que hay experiencias exitosas de manejo social/colectivo del recurso hídrico que pueden y de hecho deberían ser tomadas en cuenta. No sólo se trata de casos que permiten visualizar la posibilidad concreta de alternativas, sino que también ofrecen toda una diversidad de experiencias prácticas para cada contexto socioeconómico, político y cultural que se trate.

Tal vez la Constituyente de Bolivia sea uno de los esquemas más relevantes para la Latinoamérica contemporánea, no sólo por el grado de importancia que se le da al agua en términos legales, sino sobre todo, por la elaboración social detrás que llevara al consenso social de concebir al agua como recurso público de uso común. Desde luego, cada país y cada región deberá de experimentar su propio proceso, consolidarlo y mejorarlo con el tiempo a modo de garantizar una seguridad ecológica integral de largo plazo, es decir, del agua y de los propios ecosistemas que sustentan la vida misma. www.ecoportal.net

Gian Carlo Delgado Ramos es Investigador del programa “El Mundo en el Siglo XXI” del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores.

Notas:

(2) Los cálculos estiman que para el 2050 habrá un aumento de la disponibilidad de agua de entre un 10% a un 40% en altas latitudes y zonas tropicales. En cambio, habrá un decremento en latitudes medias y regiones secas de entre un 10% y un 30%. Un escenario en el que las comunidades más pobres serán las más vulnerables y en particular las mujeres y niños.

(3) Sin Autor. “Water shortages are a growing problema, but not for the reasins most people think”. The Economist. EUA, 8 de abril de 2009.

(4) www.inegi.gob.mx

(5) Muñoz Sevilla, Norma y Martínez Rodríguez, María Concepción. “Escasez y distribución del agua en México: impacto sobre la seguridad alimentaria.” Página electrónica del Consejo Consultivo del Agua. México, sin fecha. Disponible en: www.aguas.org.mx/...

(6) Nótese que 1,700 m3 per capita al año es situación de estrés hídrico, mientras que mil m3 es escasez.

(7) En el país existen poco más de 400 mil títulos en el Registro Público del Agua. Es un panorama en el que existe una sobreconcesión del agua. Sólo en 2007 se otorgaron más de 5,400 títulos; 5 mil 29 sin estudio de respaldo. Además, sólo 125 acuíferos sobreexplotados de Baja California, Cuencas Centrales y Río Braco, generaron un déficit de 5 mil 515 millones de m3. Es un contexto en el que a pesar de la urgencia de estudios de valoración serios e interdisciplinarios, es una constante el subejercicio en materia de “Manejo Integral del Sistema Hidrológico”.

(8) Esa agua tratada se usa en un 67% para riego de áreas verdes, 16% para recarga del acuífero, 10% en la industria, 5% en riego agrícola, y el restante en otros usos.

(9) Para mayores referencias sobre los flujos de materiales y energía, o la bioeconomía de la Ciudad de México, léase: Delgado Ramos, Gian Carlo. “Bioeconomía de la ciudad de México. Un balance frente al reto climático” Teorema Ambiental. Año. 16. No. 82. México. Junio-Julio de 2010.

(10) En México, las cifras son 77%, 14% y 9% respectivamente.

(11) CNA Corporation. National Security and the Treath of Climate Change. EUA, 2007.

(12) Magaña Rueda, Víctor. “La vulnerabilidad de México al cambio climático: el caso del agua en el centro de México”. Centro de Ciencias de la atmósfera, UNAM. México, 2008.

(13) Rudolf Kjellen (1864-1922) en “Introducción a al Geografía Sueca” (1900).

(14) Ratzel, Friedrich (1844-1904) en “Geografía Política”, Munich, Alemania (1897). El estado debía expandirse o morir, en palabras de Ratzel.

(15) Perló, M. y Arsenio González. ¿Guerra por el agua en el Valle de México?, UNAM/Fundación Friedrich Ebert, México, 2009.

(16) Sobre una teorización de los conflictos ambientales distributivos, léase: Martínez-Alier, Joan. El Ecologismo de los Pobres. Conflictos ambientales y lenguajes de valoración. Icaria. España, 2006. Sobre la conceptualización de “acumulación por desposesión”: Harvey, David. El Nuevo Imperialismo. Akal Ediciones. España, 2004.

(17) El concepto de ecología política fue propuesto explícitamente por Eric Wolf en 1972 aunque tiene antecedentes con Clifford Geertz y Karl Polanyi. En la década de 1990 se observa un florecimiento de trabajos desde la perspectiva de la ecología política que se interesaban en analizar la relación entre lo económico y lo político, los niveles de organización social y la apropiación de los recursos, todo visto desde la perspectiva de los contextos en los que se dan tales procesos y las relaciones de poder en cuestión. Para una revisión de la temática, léase Martínez-Alier, 2004. Op cit. También consúltese la revista editada originalmente por ese académico bajo el título “Revista Ecología Política” (www.ecologiapolitica.info). Para contribuciones sobre la securitización ambiental, léase por ejemplo: Homer-Dixon, Environment, Scarcity and Violence. Princeton University Press.
EUA, 1999; o Barnett, Jon. The Meaning of Environmental Security. Zed Books. EUA/Inglaterra. 2001.

(18) Maury, R. “Hidropolítica y conflictos por el agua en el Mediterraneo: el caso del Medio Oriente.” Citado en Ávila, Patricia. (editora). Agua, medio ambiente y desarrollo en el siglo XXI. México, El colegio de Michoacán, SEMARNAT/IMTA, SUMA. México, 2002.

(19) Esto significa que debe de cambiarse la modalidad actual de planeación en la que por un lado va la gestión del agua y por el otro la territorial. Se trata de una cuestión que ciertamente ha sido agudizada a partir de que las políticas neoliberales desvincularan los derechos del agua de los de la propiedad de la tierra.

(20) La gobernabilidad (governability) alude a la política o a las reglas del juego político entorno del recurso. En cambio, gobernanza se mira la manera de aproximarse al problema hídrico, en cómo se dirigen las instituciones y cómo se da, o no, la participación social. En tal sentido, se asume que existe gobernanza cuando las organizaciones estatales encargadas de la gestión establecen una política efectiva junto a un marco legal, formal e informal apropiado para establecer y gestionar el agua de forma tal que responda a las necesidades sociales (dígase para la gestión gubernamental y comunitaria del líquido, respectivamente). Debe además haber participación amplia y extendida de los distintos agentes sociales y fluidez de la información. Es de notarse que el concepto de gobernanza proviene del “corporate governance” y por tanto, en particular de una
visión de los derechos privados. Es una noción que después se extenderá a la gestión de los recursos de uso común (o el common law).

(21) Léase: Barlow, Maude y Clarke, Tony. Blue Gold. Sttodart. Canadá, 2002; Delgado, Gian Carlo.“México: competencias y desventajas en el TLCAN.” Instituto Argentino de Desarrollo Económico – Realidad Económica. Edición Especial. Argentina, 12 de octubre de 2007: 1-23

(22) Léase: Delgado, Gian Carlo. Agua y Seguridad Nacional. Arena. Debate. México, 2005

(23) En ibid: 80.

(24) Léase: Delgado, Gian Carlo. “Geopolítica Imperial de los Recursos Naturales”. Memoria. No. 171. México, mayo de 2003; Delgado, Gian Carlo. “Seguridad nacional e internacional y recursos naturales. Tareas. No. 135. Panamá. Mayo- Septiembre de 2010.

(25) Townsend, Mark y Harris, Paul. “Now the Pentagon tells Bush: climate change will destroy us.” The Guardian. 22 de febrero de 2004.

(26) Léase al respecto: Guerra, Ramiro. La expansión territorial de los Estados Unidos. Editorial Ciencias Sociales. Cuba, 1975.

(27) Ministerio de Defensa. Plan Ejército Argentino 2025. Argentina, 2006.

(28) Retomo la sugerencia de Barnett, 2001. Op cit.

(29) Mills Wright, Charles. La elite del poder. Fondo de Cultura Económica. México, 2004.

Fuente: Ecoportal

Cambio Climatico y Pobreza en América Latina


Evaluación del International Development Research Centre, en Canadá, sobre los efectos, impactos y recomendaciones en América Latina sobre el Cambio Climático.


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Cambio Climatico y Pobreza en América Latina

Cambio climático traerá efectos más graves a Centroamérica


El impacto del cambio climático sobre Centroamérica no solo se siente ya, sino que será más grave, lo que convierte a esta región en una de las más vulnerables en el mundo.

Así lo dijo Rajendra Pachauri, jefe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, ONU), este lunes durante una visita a Guatemala.

“Ya existe un impacto, pero las temperaturas serán más elevadas y los impactos más serios para el agua, los ecosistemas, la salud humana, las costas y la biodiversidad”, advirtió el científico.

Desde el domingo y hasta hoy, Pachauri se encuentra en Guatemala, con el fin de entrevistarse con autoridades chapinas y recorrer las zonas golpeadas por la tormenta Agatha y la erupción del volcán Pacaya en mayo anterior.

Vulnerables.Un informe del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC, por sus siglas en inglés) sobre cambio climático y pobreza en América Latina y el Caribe, ya había advertido lo crítico de la situación en el 2008.

En este sentido, Costa Rica (en el lugar 38) y Guatemala (en el lugar 32) aparecían en ese informe entre las 100 naciones en más riesgo por el cambio climático.

Según el reporte, para el 2050 se prevé que el 50% de las tierras agrícolas serán afectadas por la salinización y la desertificación, lo cual reducirá la producción de maíz y arroz, cultivos clave en la dieta de los centroamericanos.

El estrés hídrico, en el caso tico concentrado en el Valle Central y el Pacífico, tendrá impacto en el abastecimiento y calidad del agua.

“Debido al aumento del nivel del mar, se prevén adversidades en las zonas costeras bajas de El Salvador, Nicaragua y Honduras, que incluyen inundaciones, salinización y degradación de ecosistemas”, explicó ayer Pachauri.

Este deterioro en costas afectará también el turismo, actividad que da mucho empleo y dinamiza la economía costarricense.

Asimismo, se puede elevar el riesgo de enfermedades como la malaria, diarrea o dengue.

“Para el 2015, se proyecta un incremento de entre 10% a 23% de las enfermedades gastrointestinales, de transmisión vectorial y respiratorias, principalmente en las regiones del Caribe”, señaló Pachauri.

Ante esta situación, el jefe del IPCC dijo que es necesario adoptar acciones concretas e instó a los gobernantes a hacerlo durante la próxima cumbre del clima por efectuarse en Cancún, en noviembre.

Asimismo, Pachauri destacó que es urgente realizar más investigaciones para proyectar los efectos del cambio climático en la región.

El jefe del IPCC recomendó mejorar los niveles de información sobre el calentamiento global y el manejo de emergencias, con el objetivo de “responder de mejor manera, establecer sistemas de alerta temprana” y ayudar a las poblaciones locales sumidas en la pobreza.


Documento relacionado: Cambio Climático y Pobreza en América Latina

Fuente: La Nación

Estado del planeta Tierra


De nuevo tomamos el pulso al clima y a la biosfera del planeta a través de unos resultados científicos elegidos casi al azar, más o menos relevantes, y producidos a lo largo de los últimos y escasos meses. No son todos, pero dan una idea de la dirección que llevamos.




Análisis

Se han producidos cambios biológicos documentados en las últimas décadas en el hemisferio Norte. Estos cambios han sido atribuidos al calentamiento global, cambios como la extinción de especies o su reubicación en otros lugares. Estos cambios han sido más rápidos en la zona templada que en la ártica. ¿Es el impacto necesariamente mayor en las regiones donde más sube la temperatura?


En un trabajo reciente [1], [2] se proporcionan pruebas de que, aunque el aumento de temperatura ha sido menor en los trópicos, el impacto sobre la vida allí podría ser más grande que en climas templados. El estudio se centro en animales de sangre fría.


Los investigadores se valieron de cerca de 500 millones de lecturas sobre temperatura leídas en más de 3000 estaciones a lo largo de todo el mundo entre 1961 y 2009. Además examinaron el efecto del aumento de la temperatura sobre el metabolismo de los animales estudiados.


Los datos indican que la temperatura ha aumentado desde 1980, siendo consistentes respecto a otros estudios. Estos cambios han sido más rápidos en el Ártico y más lentos en los trópicos.
Un ritmo metabólico mayor requiere más consumo de comida y oxígeno, por tanto los cambios metabólicos son importantes a la hora de comprender el impacto del cambio climático sobre los ecosistemas. Un mayor ritmo metabólico indica que el animal vive una vida más intensa.


Así por ejemplo, se sabe que cuanto más cálida es la temperatura más aumenta el ritmo metabólico de los animales de sangre fría.


Según este estudio el aumento de temperatura tendrá un mayor impacto en la vida animal de los trópicos, aunque allí la temperatura no aumente tanto como en otras regiones del globo. Sin embargo, el impacto metabólico será menor en el Ártico. Por tanto, no hay una proporcionalidad directa entre aumento de temperatura e impacto biológico.


El aumento de temperatura ya acontecido en los trópicos ha expuesto al cuerpo de los animales por encima de la temperatura óptima.


Hasta ahora se había casi ignorado el efecto del calentamiento global sobre la biología tropical.

Como cabría esperar, el informe de 2010 [3] que NOAA ha emitido sobre la situación del Ártico no es nada positivo. Aunque las noticias al respecto ya no salen en los medios, el Ártico sigue calentándose. El Ártico es el “refrigerador” del planeta, sin él la temperatura del planeta se elevará aún más al desaparecer la capa de hielo o nieve blanca que lo cubre en parte.


Según un grupo de 69 científicos el calentamiento ya afecta a la población y al ecosistema de esa región. Así por ejemplo, Groenlandia experimenta marcas nunca vistas de temperatura, sus hielos se derriten y los glaciares van desapareciendo. Los hielos flotantes de verano continúan su declive alcanzándose la menor superficie cubierta desde que se tienen datos de satélite. Este año el mínimo ha sido del tercer mínimo más importante desde 1979, sobrepasado únicamente por los de 2008 y 2007. En cuanto a la nieve ártica cubrió otro mínimo desde que se tienen registros (1966).


El efecto sobre los ecosistemas, sobre el permafrost o sobre la circulación oceánica y las consecuencias climáticas de este fenómeno no lo vamos a repetir una vez más aquí.
Según estos expertos cualquier cosa que vaya a pasar en el resto del planeta pasará antes en el Ártico.


Quizás ayude en la toma de registros una idea [4] en la que se usan narvales para transportar instrumentos de medida a lo largo de las aguas de las regiones árticas. Es la primera vez que se usan este tipo de animales en este tipo de estudios.

Según otro grupo [5], [6] el efecto del calentamiento del Ártico se está acelerando. Uno de los factores que parecen afectarlo son las emisiones procedentes de la mala combustión del gasoleo en los barcos que circulan por la zona. Estas emisiones depositan carbón negro sobre las zonas más sensibles de la región. Este carbón absorbe la luz del sol y calienta la zona sobre la que se deposita. Para 2030 se espera que estos barcos depositen 4,5 gigatoneladas de negro carbón en la región.

Para todos aquellos que guiados por su fe cree que el dióxido de carbono no es el culpable del calentamiento global hay que recordar uno de los últimos estudios [7] al respecto realizado por científicos de la NASA.


Aunque el vapor de agua y las nubes son grandes actores en el efecto invernadero de este planeta, el dióxido de carbono es el que al final controla la temperatura de la Tierra, al menos según un modelo climático realizado por Andrew Lacis y sus colaboradores de la NASA.


Concluyen que sin la presencia de gases de efecto invernadero que no se condensen, otros gases, como el vapor de agua, son incapaces de proporcionar la retroalimentación necesaria que amplifique el efecto invernadero.


Sin embargo, el dióxido de carbono es responsable del 80% de toda la “fuerza radiativa” que mantiene el efecto invernadero en la Tierra. Sin este soporte el vapor de agua se condensaría y dejaría de ofrecer efecto invernadero, pese a que en la actualidad es responsable del 50% del efecto invernadero.

En el trabajo se estudiaron los registros geológicos sobre el dióxido de carbono. Los niveles de este gas oscilaron entre 180 ppm y 280 ppm. La diferencia máxima entre periodos glaciares e interglaciares fue de 5 grados centígrados. En la actualidad nos aproximamos hacia las 390 ppm. Cuando aumenta este gas aumentan también los niveles de vapor de agua en la atmósfera.
En conclusión, hay una relación directa entre dióxido de carbono y efecto invernadero. Este gas actúa como un termostato que regula la temperatura.

Según estos investigadores el calentamiento global está producido por la emisión de gases de efecto invernadero de origen antropogénico, principalmente dióxido de carbono.



Consecuencias

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A lo largo de a última década las avalanchas de rocas y los corrimientos de tierra en alta montaña son mucho más frecuentes. Estos signos tempranos son un aviso de que el calentamiento global se está produciendo. Este tipo de fenómenos se producen debido a la fusión de glaciares y permafrost que elimina el “pegamento” que mantiene ese material en las laderas de las montañas.


Pero al parecer lo peor está por llegar. Los glaciares de los conos volcánicos pueden llegar a desestabilizar grandes cantidades de materiales y hacer desaparecer ciudades como Seattle y destrozar grandes infraestructuras.


Aunque el fenómeno no es nuevo, la última vez que sucedió fue hace 10.000 años. Al final de la última era glaciar muchos conos volcánicos colapsaron y se produjeron grandes corrimientos de tierra. Pero en esa época había poca gente el mundo.


Daniel Tormey, del ENTRIX, ha estudiado [8] lo que ocurrió hace 11.000 años en Planchón-Peteroa (Chile). Un tercio del cono volcánico colapsó movilizándose 10.000 millones de metros cúbicos de rocas que recorrieron 95 km y que cubrieron un total de 370 kilómetros cuadrados de superficie. Según Tormey el fenómeno se debió a la fusión de un glaciar.


Tormey sospecha que según aumenten las temperaturas y se produzcan más lluvias en ciertos lugares la historia se volverá a repetir a lo largo de todo el mundo. Hay muchas personas que viven en la falda de volcanes susceptibles de sufrir algo así, con lo que las consecuencias pueden ser catastróficas. Hay 39 ciudades con poblaciones superiores a los 100.000 habitantes a menos de 100 Km de volcanes que ya colapsaron en el pasado y son susceptibles de hacerlo de nuevo. El riesgo es especialmente importante en los Andes.

Según un estudio [9], [10] los EEUU y otros países populosos se enfrentarán a una amenaza severa de sequías prolongadas en las próximas décadas. La causa será el aumento de temperatura debido al cambio climático, que aumentarán las condiciones para la sequía en los próximos 30 años.


El estudio está basado en 22 modelos climáticos y en un índice amplio sobre las condiciones de sequía, así como en análisis de estudios previos sobre grandes regiones de Eurasia, África y Australia. Los modelos tienen en cuenta proyecciones sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y fenómenos como El Niño.


Por el contrario, en algunas regiones como Alaska o Escandinavia el clima será más húmedo.
Según los investigadores esta amenaza debe ser conocida por el gran público ya que sus consecuencias para la población mundial serán enormes.


Así por ejemplo, dos tercios del Oeste de EEUU serán más secos para la década de 2030. Pero otros países también se verán afectados, como la mayor parte de Latinoamérica incluyendo gran parte de Brasil y México. También se verán afectados los países limítrofes con el Mediterráneo, grandes partes del Suroeste de Asia, Sureste de Asia incluyendo partes de China y sus vecinos y la mayoría de África y Australia. Algunas regiones como el Norte de Europa, Rusia, Alaska y otros lugares en el hemisferio Sur verán disminuido su riesgo de sequías, pero a nivel global este riesgo se incrementará en promedio.


Este pronóstico parece confirmase por otro estudio [11], al menos para Perú y Bolivia, que se convertirán en desierto en muchas partes si la temperatura se eleva de 1,5 a 2 grados. Esto es especialmente importante para la capital boliviana (La Paz) que podría quedarse sin agua y sin agricultura con la que abastecer a su población. El estudio está basado en registros de sedimentos del lago Titicaca y pronostica una grave situación para dentro de 30 años.



Mares y océanos

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Un grupo de científicos marinos sostiene [12] que la muerte masiva de coral en el Sureste de Asia y en el Océano Índico sucedida recientemente resalta la urgencia de controlar las emisiones de dióxido de carbono.


Muchos de los arrecifes de estos lugares del globo (Seychelles, Sulawesi, Filipinas, Sri Lanka, Birmania, Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia…) están blaqueándose y muriendo. El último suceso de este tipo es seguro el peor evento de esta clase desde 1998 y probablemente sea el peor conocido por la ciencia. Un 80% de las colonias de Acropora y un 50% de las colonias de otras familias han desaparecido desde mayo de este año hasta que se elaboró este informe. La superficie cubierta por el coral ha caído de un 50% a un 10% y la escala de este evento es tal que el coral necesitará (si le dejan) muchos años en recuperarse. Además tiene un gran impacto sobre la industria turística y pesquera de la región. Los buceadores de recreo dejan un capital esencial en algunas de estas regiones y son precisamente las regiones que más dependen de este negocio y de la pesca las más afectadas por este evento.


Recordemos que los arrecifes de coral son el equivalente en el océano en biodiversidad a las selvas tropicales. El coral produce además una riqueza económica cifrada en 375.000 millones de dólares al año.


La causa de este blanqueamiento ha sido la alta temperatura del agua, que se ha mantenido durante meses, en la región. Se registró un pico de 34 grados centígrados en julio, cuatro grados por encima del promedio. Una temperatura demasiado alta expulsa las algas simbiontes que viven dentro del coral, éste pierde color (se blanquea) y finalmente muere si no las recupera.
Según estos expertos este tipo de episodios se seguirán sucediendo hasta que se logre controlar las emisiones de gases de efecto invernadero. Según ellos hay que hacer esto mismo muy rápido, porque de otro modo se pondrán en peligro la forma de vida y estabilidad social de decenas de millones de personas que viven en la región.

Pero si creíamos que la situación de los corales es mejor en otras zonas del globo nada más lejos de la verdad. Un estudio [13], [14], [15] sobre el coral en el Caribe arroja un pronóstico también grave. En este estudio han participado colaboradores de 22 países, que han vigilado el coral durante años. El 80% del coral que se ha estudiado se ha blanqueado y un 40% ha muerto. Es un efecto de la ola de calor de 2005, cuya temperatura excedió cualquier registro de los últimos 150 años. El problema es que este blanqueamiento se produce a un ritmo superior al de recuperación.


Este año ha vuelto ha sufrir un blanqueamiento severo de una magnitud muy similar. Se cree que en esta ocasión ha sido producido por La Niña. Se espera que los sucesivos eventos de este tipo sean cada vez peores. De nuevo urge controlar las emisiones de dióxido de carbono.

El problema no es sólo que emitamos mucho dióxido de carbono, sino que además destruimos a los seres y ecosistemas capaces de fijarlo.


El dióxido de carbono no solamente es secuestrado por las plantas, sino además por los animales. Después de décadas cazando ballenas y otras especies grandes y longevas, se ha alterado la habilidad de los océanos de almacenar este gas de efecto invernadero. Al menos así se pone de relieve en un estudio [16] realizado por científicos de varias instituciones.


Una sola ballena contiene tanto carbono como los mayores árboles. Durante un siglo se han cazado ballenas en tal cantidad que se ha emitido tanto dióxido de carbono como el equivalente a destruir 30 millones de hectáreas de bosque templado.


Aunque la eliminación de estos animales aumenta la presencia de otros, la capacidad de almacenar carbono de estos últimos es mucho menor. Además, los grandes vertebrados, al morir, se llevan su masa al fondo del mar y aleja su contenido en carbono de la atmósfera.
Según sostienen los autores del estudio, conservar los grandes vertebrados marinos debe ser una prioridad también a la hora de tener en cuenta las emisiones de gases de efecto invernadero.


Conservar las poblaciones de estos animales es al parecer más efectivo en este aspecto que la fertilización con hierro del mar y otras ideas. Además es gratis, automático y no necesita la intervención humana, bueno, sólo la no intervención.


El número de ballenas azules ha disminuido en un 99% en los últimos tiempos.

Pero este problema de la sobrepesca se va a acabar pronto, porque, básicamente, dentro de poco ya no quedarán más peces en el mar si seguimos así. Así de crudo se expone en un estudio [17], [18], [19] procedente de uno de los países que tampoco se caracteriza por conservar mucho las reservas pesqueras.


Este es el resultado de la expansión sistemática la industria pesquera. Pese a la idea romántica que se pueda tener, la mayor parte de las capturas son realizadas por grandes empresas que, usando alta tecnología, desplazan a cualquier pequeño pesquero artesanal.


Según el estudio, las regiones del mar sobre las que se pesca han crecido a razón de un millón de kilómetros cuadrados al año desde 1950 a 1970 y se triplicó en los ochenta y noventa hasta alcanzar un incremento anual en tamaño igual a la superficie ocupada por la selva del Amazonas.
Las capturas eran de 19 millones de toneladas en 1950, se alcanzó un pico de 90 millones de toneladas en los ochenta y cayó a 87 toneladas en 2005. Este declive no se debe a políticas de conservación, sino a que, básicamente, ya no quedan más sitios donde pescar. Sólo el 0,1% de la superficie oceánica está declarada como reserva.


Según uno de los autores si hay pescado en el mercado es porque se está sobrepescando y se recorre toda la cadena alimenticia del océano para poder así proporcionar cualquier especie de pez al consumidor.


La era de la expansión pesquera ha terminado y mantener el actual suministro simplemente no es posible. Basta un cálculo sobre la producción marina para saberlo, según los autores.
Si seguimos engañándonos no solucionaremos el problema y esas grandes compañías obviamente no harán nada por controlar la pesca a no ser que se lo impidamos.


La única manera de escapar a la tragedia de los bienes comunales es crear normas comunes de obligado cumplimiento para todos. No es cierto que el mar no tenga dueño, es de todos y de las futuras generaciones.

La situación del planeta se podría resumir en lo que se dice en el informe ‘Climate Vulnerability Monitor 2010: The State of the Climate Crisis’, que se presento en Londres hace poco.


Según este informe el cambio climático producirá un aumento de plagas, enfermedades, huracanes, lluvias torrenciales, sequías, etc. En definitiva, hambre y desastres que producirán un millón de muertes anuales a partir de 20 años. Obviamente serán los pobres los que se verán más afectados. De los 184 países analizados 170 presentan un alto nivel de vulnerabilidad. En particular, España presenta un alto riesgo de desertificación.


Además, el informe estima que actualmente ya mueren 300.000 personas al año debido al cambio climático.


En el informe se advierte de que nos encontramos frente a una amenaza seria e incluso irreversible. Según los autores el tiempo se agota y es necesario actuar para reducir las emisiones de forma urgente en los próximos cinco años.


Fuente: Neofronteras

Y nació el Protocolo sobre Biodiversidad


La Décima Conferencia de las Partes (COP, por sus siglas en inglés) de la Convención sobre Diversidad Biológica (CDB) concluyó con aplausos en las primeras horas de la mañana del 30 de septiembre en Nagoya, Japón, a pesar de algunas dudas en torno al acuerdo internacional obtenido.

Luego de 12 días de discusiones acaloradas y a veces frustradas, los delegados acordaron un protocolo sobre acceso y distribución de beneficios (ABS, por sus siglas en inglés) para los recursos genéticos usados en las invenciones, así como acuerdos sobre financiamiento y un plan estratégico para el trabajo de la Convención.

En más de una ocasión, la conferencia que comenzó el 18 de octubre, dio la impresión de que podría caer en la misma dinámica prácticamente muerta de las negociaciones de la Ronda Doha o las de cambio climático. El resultado permanecía incierto incluso horas antes de la última reunión plenaria, pues era evidente la tensión generada sobre el Protocolo por varios elementos contenciosos en la negociación. Fue hasta que Japón, anfitrión de la cita más significativa sobre biodiversidad en los últimos años, propuso un texto de compromiso, que las posibilidades de evitar un colapso empezaron a tomar forma.

Un importante número de países en desarrollo liderados por el bloque del G-77 y China habían afirmado que no apoyarían un acuerdo sobre financiamiento y un plan estratégico por sí solos. “Brasil y otros no pueden aceptar la adopción de un plan estratégico y una estrategia de movilización de recursos financieros si ningún protocolo (ABS) se pone en marcha. No estamos mintiendo; somos claros en eso”, advirtió Brasil en una conferencia de prensa días antes.

Y se apegaron a sus palabras, pues una vez que se alcanzó un acuerdo formal sobre el protocolo ABS, un paquete de tres decisiones fue rápidamente adoptado, acompañado además de 50 documentos especializados sobre la materia. El logro ya era histórico.

Buen comienzo

Precaución, júbilo y descanso, fueron los sentimientos que despertó en la comunidad internacional el haber concretado su compromiso con los recursos genéticos con la firma del protocolo. “El Protocolo ABS solamente es el punto de partida. Si va a resultar en el régimen viable contra la biopiratería ahora depende de la implementación”, declaró un delegado.

El Grupo Africano formalmente hizo la misma petición en la reunión plenaria, insistiendo que el protocolo solamente era el comienzo hacia la aplicación del tercer objetivo de la Convención, que es el “reparto justo y equitativo que surja de la utilización de los recursos genéticos”. Otros países llamaron al protocolo “imperfecto” e “incompleto”, aunque reconocieron que era un “paso importante” y un “hito” para la biodiversidad.

“Era el impulso que teníamos que aprovechar. No estar de acuerdo no era una opción. Habría aplastado lo que habíamos logrado hasta ahora”, declaró entusiasmado un delegado.

Un instrumento ambiguo

Aunque cierto grado de ambigüedad es característico de los acuerdos internacionales, el texto del protocolo ABS ha provocado que los expertos no tengan respuestas certeras sobre exactamente qué es lo acordado en muchos asuntos críticos, incluyendo el alcance sustancial y temporal del acuerdo, abriendo paso a diferentes interpretaciones que podrían entrar en conflicto.

Mientras se estaba finalizando el texto, algunas disposiciones en disputa simplemente fueron omitidas. Otros desacuerdos fueron resueltos remplazando las cláusulas con declaraciones generales que abren la puerta a la interpretación.

Algunos ejemplos de la ambigüedad se refieren a la inclusión o exclusión de los “derivados”, el ámbito temporal de aplicación del protocolo, la regulación del conocimiento tradicional público y el mecanismo de cumplimiento.

Según expertos, alrededor del 90% de toda la biopiratería se relaciona con los derivados, “compuestos bioquímicos naturales que resultan de la expresión genética del metabolismo de los recursos biológicos o genéticos”, en lugar de los recursos genéticos que pueden reproducirse. La inclusión de los derivados fue entonces una demanda importante por un gran número de países en desarrollo.

El tratamiento de los derivados en el Protocolo ABS está lejos de ser completamente claro. El artículo 2 del acuerdo, que se refiere a términos usados en el texto, incluye las definiciones expansivas de “derivados” y “utilización de recursos genéticos”. Por un lado, el artículo 3, que determina el ámbito de aplicación del acuerdo, no hace mención explícita a los derivados. En su lugar, se refiere a los “recursos genéticos dentro del ámbito de aplicación del artículo 15 de la Convención” y a los “beneficios que surjan de la utilización de dichos recursos”. No obstante, la interrogante sobre si el artículo 15 de la CDB cubre o no los derivados es el tema de discusión entre países desarrollados y en desarrollo.

Por otro lado, la frase sobre “los beneficios que surgen de la utilización de los recursos genéticos” puede ser interpretada para abarcar también los derivados. El término “utilización” también es mencionado en el artículo 4, que comprende el trato justo y equitativo.

Tampoco está definido el estatus de los recursos genéticos que ya han sido sustraídos de sus lugares de origen antes de la entrada en vigor del Protocolo ABS. Algunas Partes de la CDB temieron que sean bastantes los casos que puedan permanecer fuera de la protección del Protocolo sin aplicación retroactiva alguna.

El artículo 3 finalmente acordado permaneció parco sobre el ámbito temporal del Protocolo ABS, y por lo tanto ha eludido una decisión concreta sobre este asunto. El texto de compromiso de Japón introduce una nueva disposición, el artículo 7bis, que solicita a las partes “considerar un mecanismo multilateral global de distribución de beneficios” para abordar las “situaciones transfronterizas” y las “situaciones para las cuales no es posible otorgar u obtener el consentimiento informado previo”. Esto en teoría se aplica al uso de recursos genéticos obtenidos ‘ex situ’ (fuera de su lugar de origen), o en una manera en que no se cumpla con la CDB. Lo haría, no obstante, dependiendo de las negociaciones futuras. Las reglas de derecho internacional público delimitadas en la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados prohíben los efectos retroactivos a menos que las partes de un tratado así lo acuerden. No obstante, permite que nuevos acuerdos sean aplicables cierto tipo de situaciones preexistentes, como sucede en el artículo 70 del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), lo que potencialmente podría cubrir situaciones en las cuales los recursos hubieran sido usados cuando el tratado entró en vigor.

Patentes y requisito de divulgación

Otras disposiciones también vagas dejan mucho que hacer a los procesos domésticos. Esto es particularmente cierto en el caso de los mecanismos de cumplimiento. Por muchos años, muchos gobiernos y expertos demandaron el requisito de divulgación en las solicitudes de patente, lo que les obligaba a revelar el uso de cualquier conocimiento tradicional o recursos genéticos usados en sus invenciones. Algunos países incluyendo naciones desarrolladas, apoyan incluso un requisito similar en las negociaciones de la Ronda Doha.

La exigencia del requisito de revelación, así como otros asuntos referentes a cumplimiento, ahora son cubiertos por la obligación de “tomar las medidas apropiadas, efectivas y proporcionadas para tratar situaciones de incumplimiento” y “establecer uno o más puntos de revisión efectivos con funciones relevantes para la utilización de recursos genéticos” que “colectarán o recibirán como información apropiada y relevante”. No obstante, está en manos de las autoridades nacionales decidir aquello que es “apropiado, efectivo y proporcionado”. Por lo tanto, el régimen internacional por sí solo no proporcionará certidumbre legal; su éxito dependerá de los esfuerzos nacionales de implementación.

Organismos internacionales y otras prácticas

Un lenguaje similar permeó en el compromiso sobre cómo lidiar con situaciones de emergencia que amenacen la salud humana, animal o de las plantas. El nuevo lenguaje determina que las “partes pueden tomar en consideración la necesidad de un acceso expedito a los recursos genéticos, así como una distribución justa y equitativa de beneficios, incluyendo el acceso a tratamientos asequibles para aquellos que lo requieran, especialmente en los países en desarrollo”. Esta norma estaría dirigida a las actuales negociaciones en la Organización Mundial de la Salud, donde los gobiernos debaten sobre si los países están obligados a compartir material genético referente a patógenos humanos, como la gripe aviar y si deben esperar beneficios por esas prácticas

También es ambigua la relación entre el nuevo Protocolo sobre ABS y las discusiones sobre conocimiento tradicional en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). En seguimiento a una solicitud expresa de la Unión Europea, la decisión de la COP de adoptar el Protocolo sobre ABS alude a un proceso de revisión “a la luz de los desarrollos en otras organizaciones internacionales, inter alia, OMPI”, según el artículo 25. El Protocolo también se refiere a los “trabajos y prácticas en curso” que podrían ser usadas para alegar que la regulación del conocimiento tradicional públicamente disponible debe ser tratada en la OMPI. Nuevamente, el silencio acordado sobre la facilitación de la relación específica entre el Protocolo ABS y la OMPI generó cierta incertidumbre que podría traducirse en que algunos aspectos del Protocolo mismo estén sujetos a procedimientos ajenos a la CDB.

Excepciones

A diferencia del lenguaje utilizado en el borrador de negociaciones, ahora se han omitido completamente las excepciones. Este fue uno de los componentes de la negociación más simplificados, pero que dejó muchas preguntas en el aire, abriendo también paso al uso del derecho internacional público para resolverlas.

En el caso de las excepciones geográficas, debido a que los miembros no tienen jurisdicción sobre ciertas áreas, incluyendo la zona del Océano Antártico y alta mar, se puede suponer que esas zonas están excluidas. Sin embargo, dado que existe una excepción explícita, la carga de la prueba no recae sobre el usuario.

En cuanto a la excepción de los recursos genéticos humanos, se estableció una solución un poco más complicada, aunque ésta no se menciona en el propio acuerdo. Fue en la decisión de adopción donde los miembros decidieron que los recursos genéticos humanos debían ser excluidos.

Respecto a los patógenos humanos, el artículo 6 b) establece algunas reglas, por lo que en principio están cubiertos. El artículo 6 incluye normas especiales para dichos recursos en momentos de emergencia, por lo que en esos casos no estarán cubiertos por disposiciones sustanciales, sino por un mecanismo especial. Esto supone que en situaciones que no sean de emergencia, los patógenos humanos tratados deberán ser tratados como cualquier otro recurso. Esta especificación es relevante ya que el artículo 6 permite una mayor flexibilidad en el acceso y distribución de beneficios.

En relación a la excepción de productos básicos, esta también se suprimió del artículo 3 (ámbito de aplicación). Sin embargo, la definición de “utilización de recursos genéticos” que califica el ámbito de aplicación, excluye claramente los recursos utilizados como materias primas, cumpliendo las demandas de los países desarrollados. A cambio, y con el mismo lenguaje del acuerdo, es decir, la definición de “utilización”, los países en desarrollo parecen haber conseguido su objetivo en cuanto a los “derivados”, aunque con cierta ambigüedad.

Por último, para los recursos agrícolas, la ambigüedad creativa ha resuelto el problema. El acuerdo ahora claramente establece que otros mecanismos ABS existentes que no sean contrarios a los objetivos del Protocolo deberán permanecer vigentes. Este es el caso del Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación (el único otro mecanismo ABS). Sin embargo, no excluye la jurisdicción sobre tales recursos, ni tampoco dice nada sobre el anexo de dicho tratado, o su restricción a determinadas aplicaciones. Lo más probable, sin embargo, es que los recursos estén cubiertos si no se encuentran dentro de la autoridad del tratado referido.

¿Y el futuro?

A pesar de las vicisitudes y el halo de preguntas en torno a los resultados de esta conferencia, poner las diferencias en papel fue la única manera en que los gobiernos obtuvieron un compromiso sobre el Protocolo ABS. Los observadores han comentado que esto hubiera cambiado en los años por venir, pues las discrepancias se antojaban simplemente muy agudas en varios puntos clave. En ese sentido, afirman que, a pesar de sus limitantes, el Protocolo ABS es un excelente paso siempre que las autoridades nacionales tengan en mente que mucho dependerá de ellas y de la implementación que efectúen a escala doméstica, así como también en los futuros procesos de revisión y en las siguientes citas de negociación. Puesto que los Estados Unidos no son parte de la CDB, la importancia que le impriman al Protocolo ciertas instituciones como la OMC, podría reafianzar la efectividad de varias de sus disposiciones.

El representante colombiano en la COP, Fernando Casas, declaró a los medios que a pesar de que rondaba el fantasma del fracaso de la cumbre de Copenhague, ninguna de las partes o negociadores quería fallar otra vez,pues había disposición hacia el acuerdo alcanzado. Sin embargo, a su juicio, fue el hecho de tener como anfitrión de la Cumbre a Japón, un país influyente y ejecutor de importantes desarrollos biotecnológicos, lo que permitió alcanzar un Protocolo ABS. Nada habría sido igual si la sede hubiera estado en un país de América Latina o África, concluyó el experto[1].

Otra percepción tiene Guy Kastler, de la organización no gubernamental La Vía Campesina, que agrupa varias organizaciones de agricultores y productores de 69 países. Para él, “en Nagoya se vio claramente que el consentimiento previo de las comunidades ante los acuerdos de acceso y participación en los beneficios (ABS) no funcionará porque los tenedores de las patentes rechazan divulgar las fuentes de sus “invenciones”. A las poblaciones locales les resulta imposible reclamar cualesquiera beneficios por las plantas y los conocimientos que han cultivado durante siglos. Está claro que se precisan otros mecanismos”[2].

Práctico o no, el papel de los organismos estatales para hacer frente a la “biopiratería” será importante. Brasil, uno de los países que estuvo más interesado en la adopción del Protocolo ABS, recientemente impuso una multa por US$ 12,3 millones a la fabricante brasileña de cosméticos Natura porque a juicio de las autoridades brasileñas la compañía tuvo acceso a recursos de la biodiversidad sin la autorización apropiada. La empresa, por su parte, ha manifestado que todo el problema es una cuestión de malinterpretación de la legislación, y por lo tanto apelará la decisión[3].

Con pros y contras propios de un proceso de negociación multilateral, el consenso logrado después de 10 años de intentos para establecer el Protocolo sobre acceso a recursos genéticos, es un paso adelante en la tan ardua tarea de conservación de la biodiversidad y uso sustentable de los recursos naturales.

En materia ambiental y de biodiversidad, queda pendiente en la agenda la necesidad de desarrollar acuerdos en otras áreas prioritarias, como es el caso del mecanismo REDD+ (Reducción de Emisiones de la Deforestación y Degradación), en instancias como idealmente lo sería la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático (COP 16) a celebrarse en Cancún, del 29 de noviembre al 10 de diciembre del presente año.

El Protocolo ABS estará abierto para su firma del 2 de febrero de 2011 al 1 de febrero de 2012, y surtirá efectos 90 días después de que la quinceava Parte lo haya ratificado. La primera reunión del comité intergubernamental del Protocolo está programada para junio de 2011.

[1] El colombiano Fernando Casas cocinó los avances en Nagoya (2010, 16 de noviembre). El Tiempo. http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/ecologia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-8377020.html

[2] El CBD no paró la comercialización de la bioversidad (2010, 15 de noviembre). La Vía Campesina. http://viacampesina.org/sp/index.php?option=com_content&view=article&id=1086:el-cbd-no-paro-la-comercializacion-de-la-biodiversidad&catid=22:biodiversidad-y-recursos-gencos&Itemid=37

[3] Brasil: Multa por US$ 12,3 millones a Natura por Biopiratería. Ansa Latina. http://www.ansa.it/ansalatina/notizie/notiziari/brasil/20101113121635175894.html


Fuente: Revista Puentes

El agua como derecho humano dista mucho de la realidad


La reciente decisión tomada el pasado 26 de junio por la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) declarando el acceso al agua y a los servicios de saneamiento como un derecho humano esencial abre el debate sobre si el agua puede ser vista como un bien comercial, o ante todo es un derecho universal. Con 122 votos a favor y 41 abstenciones[1], principalmente de países industrializados, la ONU dio un histórico paso para garantizar el acceso al vital líquido a los pueblos de menos recursos.

Aunque la resolución no es vinculante sienta un gran precedente, sobre todo cuando entorpece el orden preestablecido en el que el recurso hídrico era considerado un bien comercial. De hecho, el mercado mundial del agua es uno de los sectores más promisorios. Un análisis de la empresa Pictet, uno de los mayores bancos privados de Suiza, lo destaca así y califica al agua como uno de los recursos estratégicos en el siglo XXI, al igual que los recursos energéticos[2], y esto no es novedad.

La demanda por el recurso hídrico es uno de los principales problemas que enfrentan los países a razón del aumento de la población, así como el extenso uso del agua en las actividades agrícolas. Del consumo total de agua dulce, cerca del 70% lo absorbe la agricultura, según ha afirmado la Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FAO, por sus siglas en inglés).

El comercio de un recurso vital

En la actualidad, según cifras de Pictet, el tamaño del mercado mundial del agua es de US$ 500.000 millones y su crecimiento es estable, en torno a un 6% anual. Para la empresa suiza, un sector de inversión particularmente prometedor es el de las técnicas de desalinización de agua, que registra las mayores tasas de crecimiento. Estos procedimientos permiten producir agua potable a partir de agua de mar a un coste razonable en regiones en donde el agua potable es escasa. Del toda el agua disponible en el mundo, un 96,5% corresponde a agua salada, mientras que tan solo un 3% es agua dulce. De este último porcentaje, el 68% está bloqueada (agua retenida en casquetes polares); un 30% está almacenada en el suelo, mientras que las fuentes superficiales de agua dulce, como lagos y ríos, equivalen a un 1/150 del 1% del total del agua[3].

La ONU ha determinado que más de 1.000 millones de personas sufren carencias de agua en el mundo. Con ese panorama, la discusión sobre la comercialización del agua se hace aún más extensa. Al respecto, hay que notar que la mayoría de países se reservan el control y el manejo de los recursos hídricos por ser considerados de interés nacional. Sin embargo, existen ciertos aspectos considerados en los tratados comerciales o en los acuerdos de liberalización de servicios que podrían permitir una ‘privatización’ de los recursos hídricos. Incluso, la normativa vigente respecto al manejo y control del agua se basa en la diferenciación del agua por su uso. Esto puede indicar que mientras en ciertas situaciones el agua es presentada como un recurso empleado en necesidades básicas, en otras es un insumo dentro de un proceso industrial o agrícola, así como también puede ser considerado una bebida para consumo humano.

Aunada a esta situación, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha indicado que entre el 20% y el 40% del dinero que circula en el sector hídrico se pierde por causa de la corrupción. El ente multilateral afirma que para el caso del sector de agua potable y saneamiento, el poder desmedido de prestadores de servicios y de las autoridades, sobre todo locales, las construcciones y contrataciones costosas de gran escala, los múltiples niveles de decisión, y la ausencia de la fuerza controladora de la competencia, son algunas de las circunstancias que contribuyen a generar un ambiente propicio para la falta de transparencia[4].

La discusión entonces deberá girar en torno a la protección del recurso hídrico como elemento esencial para cada habitante del planeta y la idea de que el agua es una mercancía más sujeta a las normas comerciales, los tratados de libre comercio y de inversión, así como los acuerdos multilaterales de servicios. Sin embargo se hace necesario poder entender el uso y control del agua desde el punto de vista de su uso: agrícola, doméstico, industrial y de consumo.

El agua como un bien comercial

Los tratados de libre comercio (TLC) incluyen dentro de sus partidas productos como el agua mineral embotellada, agua salada, entre otros. Multinacionales del negocio de los refrescos y bebidas disponen ya de marcas reconocidas en casi toda Latinoamérica. La duda que recae ahora es si en efecto se está comercializando internacionalmente agua embotellada. La respuesta es sí. En efecto, el agua mineral tratada y embotellada es considerada como una mercancía más, y por tanto responde a las fuerzas del mercado de oferta y demanda.

La Organización Mundial de Comercio (OMC), el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) establecen los parámetros para el intercambio comercial del agua y sus servicios. Este marco legal establece que el comercio del agua se encuentra protegido bajo los pilares principales del orden comercial mundial, como lo son los principios de Trato Nacional y Nación Más Favorecida (NMF).

En los acuerdos regionales también hay consideraciones al respecto. En este sentido, dentro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se determinó que el agua en estado natural no está sujeta al acuerdo, según un pronunciamiento de los tres gobiernos signatarios. Esto quiere decir que cada país miembro, sean los Estados Unidos, Canadá o México se reserva el derecho de reglamentar el uso de agua en sus territorios.

Un caso regional curioso en las negociaciones comerciales fue el acuerdo alcanzado por los países centroamericanos y Estados Unidos (CAFTA-RD), donde el agua no fue excluida de las reglas de intercambio. El acuerdo alcanzado para el sector servicios sólo exceptúa servicios cuando fueron expresamente indicados, a diferencia del AGCS, donde sólo los servicios listados son incluidos (lista positiva, es decir, los servicios que los Estados incluyen son aceptados y ofertados). Únicamente Costa Rica ha excluido los servicios de agua, lo que significa que si alguno de los otros países permite alguna privatización, todo el sector estaría disponible para inversión privada. Por su parte, los EE.UU. no están sujeto a la misma regla, puesto que excluyó del tratado las áreas de jurisdicción de cada uno de los estados, por lo que su uso está sujeto a la decisión soberana de cada estado federal[5].

En casi todos los países latinoamericanos existe la definición como tal del producto agua mineral. Frente a las purezas y alta calidad que puedan promocionar las multinacionales de bebidas entorno a sus aguas embotelladas, la FAO determinó hace varios años que muchos consumidores consideran que estas aguas, que vienen de manantiales, lagos, ríos o pozos, tienen cualidades casi mágicas y gran valor nutritivo[6]. Esta idea es falsa. El agua embotellada puede contener pequeñas cantidades de minerales como calcio, magnesio y flúor, pero lo mismo ocurre con el agua del grifo de muchos sistemas de acueductos municipales. Un estudio realizado por este organismo comparó las marcas populares de agua embotellada y demostró que no eran superiores en forma alguna al agua del acueducto de Nueva York. Tan sólo tienen la ventaja de ser seguras en áreas donde el agua del grifo puede estar contaminada. Sin embargo, para las personas de bajos recursos económicos, el agua embotellada es muy costosa, por lo que hervir el agua local brinda un líquido seguro a un costo mucho menor, según indicó la FAO.

El costo del recurso hídrico frente al costo operativo de la explotación y comercialización del mismo es relativamente bajo. En total, el agua representa una ínfima parte del costo del producto embotellado, que se comercializa a miles de veces su valor. Controversiales cifras han sido divulgadas por los medios de comunicación, organizaciones ambientalistas, y demás personas interesadas en el tema, que no entienden como un bien en principio de uso “común”[7], puede ser comercializado a un valor exagerado.

Según Beverage Marketing Corporation, una empresa consultora del sector de bebidas, para 2009 el consumo de agua embotellada en Sudamérica aumento un 11% con respecto al año anterior. El mayor aumento a nivel global por región, seguido por Asia con 5,9%. Además, México pasó a ser el primer consumidor mundial de agua embotellada (por delante de Canadá); algo inverosímil si se tiene en cuenta los índices de pobreza en ese país. Según datos divulgados por el periódico mexicano La Jornada, cerca de 7.800 millones de botellas de plástico PET -21.3 millones al día- fueron desechados en el país, situación que agrava la problemática ambiental al requerirse años para que tales botellas plásticas se degraden[8].

El impacto ambiental del uso continuo de envases plásticos es enorme. Tan sólo una quinta parte de las botellas usadas se reciclan. Este porcentaje es menor en la región, donde apenas se está intentando integrar sistemas de reciclaje en las ciudades, aunque aún es muy poca la respuesta de las personas.

Agua embotellada vs. agua ‘común’

La situación en México, donde la gente prefiere el agua embotellada, puede ser un reflejo de lo que muchos países latinoamericanos padecen. Al parecer el problema radica en la percepción, y en varios casos en la certeza, sobre la poca calidad del agua que se emplea por la red pública de suministro. Sin embargo, la comercialización del recurso hídrico en las condiciones actuales es inquietante, sobre todo si se cuestiona si los latinoamericanos, con cerca del 40% de las reservas de agua dulce del mundo, deberían pagar por algo que a todas luces es un derecho natural.

Otro factor que para los expertos influye sobre el hecho que América Latina esté consumiendo cada vez más agua embotellada es el asunto de las tarifas. En nuestra región, que cuenta con la mayor disponibilidad per cápita del recurso hídrico del mundo, las tarifas por el uso del agua son bajas. Esto permite crear una reacción cíclica que empieza cuando al pagar bajas tarifas no se pueden hacer los mantenimientos e inversiones para mejorar la calidad de la infraestructura de distribución y de tratamiento del agua, lo que produce que la población en general desista de emplear el agua potable del grifo para el consumo y prefiera el agua embotellada, cuya publicidad y distribución son extensos.

A medida que la población siga aumentando, se espera que las reservas de agua dulce no sean suficiente para cumplir con la demanda. Para el año 2025, la demanda de este recurso será un 56% mayor que el suministro disponible. Es por esta razón que grandes países como China e India tienen un gran reto para garantizar el acceso al agua de su población, que en conjunto representan más del 40% de los habitantes del mundo. En la región, Brasil y México afrontarán grandes pruebas para mantener las redes de suministro y acceso disponibles. El panorama del agua como recurso básico para la existencia humana, hace pensar que quizás será uno de los mayores detonantes de conflicto en el presente siglo.

Cuadro: Perú y Ecuador impulsan proyecto transfronterizo para uso de aguas en actividades agrícolas

Pasaron 39 años para que los agricultores de Ecuador y Perú vieran nacer el Proyecto Binacional Puyango-Tumbes. El objetivo es utilizar el recurso hídrico superficial en el riego agrícola mediante el trasvase de las aguas del río Puyango (ecuatoriano) y Tumbes (peruano). La idea es utilizar las aguas de ambos ríos para riego en Ecuador y Perú, en una zona que comprende 44.600 hectáreas de frontera agrícola. En el proyecto, que surgió en 1998, se invertirán US$ 298,5 millones. Ambos países compartirán la responsabilidad en los aspectos operativos y administrativos del proyecto.


[1] Resolución de las Naciones Unidas: El derecho humano al agua y el saneamiento (2010, 26 de junio). http://www.unesco.org/water/wwap/news/archives/UNDecWaterHR_ES.pdf

[3] Agua fuente de vida y de… rentabilidad (2010, 28 de junio). Pictet. http://www.pictet.com/es/home/communications/pictet_press/water_source.html?query=agua&lu=es

[3] El ciclo del agua: The water cycle. Programa Hidrológico Internacional (PHI) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). http://ga.water.usgs.gov/edu/watercyclespanish.html

[4] Carta Circular de la Red de Cooperación en la Gestión Integral de Recursos Hídricos para el Desarrollo Sustentable en América Latina y el Caribe N° 32. http://www.cepal.org/drni/noticias/circulares/5/40365/Carta32es.pdf

[5] International Development Research Centre. (2005)Agua y Libre Comercio: Impacto e implicaciones de los Acuerdos de Libre Comercio sobre el Agua y sus Servicios http://www.ibcperu.org/doc/isis/7406.pdf

[6] Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO. Bebidas y condimentos. http://www.fao.org/docrep/006/w0073s/w0073s0z.htm

[7] Da Cruz, J. (2006). Agua embotellada: signo de nuestro tiempo. http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd59/DaCruzAgua.pdf

[8] México, primer lugar en consumo de agua embotellada; la demanda crece 40% (2010, 18 de mayo). La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2010/05/18/index.php?section=sociedad&article=041n1soc


Fuente: Revista Puentes