
Evaluación del International Development Research Centre, en Canadá, sobre los efectos, impactos y recomendaciones en América Latina sobre el Cambio Climático.
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CARACAS, 14 jul (IPS) – La cuestión ambiental se mantiene en segundo plano en América Latina y el Caribe pese a su relación con la persistente pobreza y las trabas para el desarrollo económico, según el GEO-ALC3, tercer informe en una década sobre la región divulgado este miércoles por el PNUMA.
Decenas de especialistas de la región fueron convocados por el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) para elaborar el informe “Perspectivas del Medio Ambiente: América Latina y el Caribe” o GEO-ALC3, siguiendo las trazas de trabajos similares presentados en 2000 y 2003.
“Nuestro propósito es dar ideas para el desarrollo humano con apoyo a la erradicación de la pobreza, no para formular una política ambiental sino para incorporar la dimensión ambiental a las políticas públicas”, dijo a IPS desde de Panamá la mexicana Mara Murillo, directora adjunta del Pnuma en la región y presentadora del GEO-ALC3.
Al ambiente “se lo toma como algo ya dado, al margen de las cuentas nacionales, y se requiere un esfuerzo de internalización no sólo del valor de los ecosistemas sino de lo que proveen en aire limpio, agua clara, alimento y ciclos hidrológicos para comunidades que se apresten a salir de la pobreza”, destacó Murillo.
Para el experto venezolano Antonio De Lisio, al ambiente todavía “se lo ve en la región con criterios tradicionales, de mera conservación”.
“No se lo vincula con las políticas de superación de la pobreza, que es el gran tema de América Latina y el Caribe”, comentó a IPS el profesor De Lisio, director del Centro de Estudios del Ambiente de la Universidad Central de Venezuela.
El GEO-ALC3, al examinar las modalidades de desarrollo en la región, apunta que “el reto más importante es la pobreza”, puesto que aún “35 por ciento de la población (que equivale a 189 millones de personas) es pobre, en tanto 14 por ciento se halla en situación de indigencia”.
Históricamente, dice el informe, “la región se configuró como proveedora de alimentos, materias primas y reserva de recursos”, un modelo que generó “crecimiento económico, desintegración social y degradación ambiental”.
En ese marco, “en muchos países la gestión ambiental sigue siendo laxa para permitir explotar los recursos naturales y resulta aún insuficiente para manejar el gran pasivo así como las tensiones ambientales emergente de la región”, se indica en el texto.
“Los países han hecho más propaganda de sus recursos que trabajo por un modelo de desarrollo sostenible y propio que permita superar la pobreza”, postuló De Lisio.
“El resultado fue el privilegio durante mucho tiempo de la vocación exportadora de petróleo en Venezuela, cobre en Chile o (productos de la) agricultura primaria en Paraguay”, explicó. El informe del PNUMA coincide en que la región privilegia la inserción en el comercio internacional mediante la exportación de recursos naturales y manufacturas con escaso o nulo procesamiento. Precisa que 73 por ciento de las exportaciones son bienes primarios.
Al recorrer ese camino soslayando a menudo las variables ambientales, la región vio aumentar su población 51 por ciento en 40 años, en especial en áreas urbanas, que crecen desordenadamente. Ello también contribuyó a incrementar la demanda de agua en 76 por ciento en apenas 15 años y a cuadruplicar la de energía eléctrica en los últimos 35 años.
“La urbanización acelerada y sin planificación plantea una de las tareas urgentes en la región, así como la pérdida de bosques –aunque la tasa de deforestación ha comenzado a disminuir– y su vulnerabilidad frente al cambio climático”, dijo Murillo.
El documento presentado este miércoles recordó que en la región se encuentran seis de los 17 países más megadiversos del mundo, pero “esta imponente diversidad se está extinguiendo de la mano de la deforestación y la destrucción del hábitat que albergan una gran cantidad de especies”.
También los científicos advierten sobre la posibilidad cierta de cruzar la línea de no retorno en términos de consumo de los recursos del planeta. Es fundamental, indican, que “todos los sectores de la sociedad comprendan la importancia de este límite a fin de evaluar cuando retroceder para operar dentro de los límites seguros”.
Al presentar los escenarios posibles, el GEO-ALC3 llama a los tomadores de decisiones a “sistematizar la aplicación de un enfoque integrador, para dar respuestas más adecuadas a los problemas socioeconómicos y ambientales en el contexto de las agendas regionales y nacionales de desarrollo sostenible”.
Los expertos a cargo de esta investigación destacan, por ejemplo, que “la inversión en sostenibilidad ambiental y social debe interpretarse como esencial para el desarrollo económico”.
Por otra parte, alertan que algunos esfuerzos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM) y otras metas ambientales “tienen efectos contraproducentes”.
Garantizar la sostenibilidad del ambiente es el séptimo de los ocho ODM que los gobiernos del mundo se fijaron en 2000 en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, plazo en 2015 y en base a los indicadores de 1990. Una de sus metas es incorporar los principios del desarrollo sostenible en las políticas y programas nacionales.
El GEO-ALC3 pone como ejemplo de acción contraproducente el aumento de la producción de biocombustibles a gran escala y con fines preferentemente comerciales, compitiendo por los recursos de la tierra y agua disponibles y, por ello, con las nociones de seguridad alimentaria y protección de la biodiversidad.
La propuesta de reorientar los modelos de crecimiento “debe llevar como paralelos los objetivos de abatir la pobreza y crear empleos sostenibles, utilizando la mano de obra local, la innovación local y el uso eficiente de energía, de modo que el empleo potencie nuestra habilidad como pueblo y nuestra capacidad de conservación”, puntualizó De Lisio.
En tanto, Murillo insistió en el carácter utilitario que desean para el nuevo informe GEO. “Que lo utilice la gente, los que formulan políticas, los que toman decisiones, los académicos, las organizaciones no gubernamentales y el ciudadano común, que puede hacer mucho con su patrón de consumo de agua o de uso eficiente de la energía”, indicó.
Fuente: Diario Costa Rica Hoy, http://costaricahoy.info/ambiente/ambiente-la-asignatura-pendiente-de-america-latina/59566/
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la región ha avanzado en ciertos temas atinentes al séptimo Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) de sostenibilidad ambiental. Sin embargo, los avances se ven opacados por un grave estancamiento en indicadores de capital importancia, como la cobertura boscosa que viene disminuyendo a grandes pasos y las emisiones de CO₂ que están aumentando de manera sostenida.
El informe denominado “Objetivos de Desarrollo del Milenio: avances en la sostenibilidad ambiental del desarrollo en América Latina y el Caribe” expone que la situación, a cinco años de la fecha límite para cumplir con los ODM, no es halagüeña para América Latina y el Caribe. Y es que, si bien muestra algunos datos positivos como la reducción en un 85% en el consumo de sustancias que agotan la capa de ozono, o el aumento en un 120% de las áreas protegidas, en otros aspectos los avances no son tan contundentes o hasta presentan retrocesos. El aumento en un 10% en el acceso al agua potable y en un 17% en los servicios de saneamiento dependen grandemente de las áreas geográficas y los niveles de ingresos en cada país. Asimismo, la disminución en un 31% de las poblaciones que habitan en tugurios choca con la realidad de 100 millones de personas que aún viven en condiciones calificadas como “inaceptables”.
El estado de los bosques
En el periodo de 1990 a 2005, América del Sur ha tenido un incremento alarmante en la deforestación, concentrando el 86% del total de la región. Una de las causas más importantes de dicha situación es el aumento en las actividades de explotación agrícola y ganadera dada su mayor rentabilidad en relación a otras actividades ambientalmente sostenibles, pero también debido a errores políticos como por ejemplo el otorgamiento de incentivos a actividades ganaderas en zonas ecológicamente vulnerables. La pérdida de cobertura boscosa para toda la región fue de un 7%, equivalente a 69 millones de hectáreas.
Consecuencias directas de la deforestación son: pérdida de biodiversidad, desestabilización de los suelos, alteración del ciclo hidrológico y una disminución del efecto de sumidero de CO₂. Una de las actividades económicas que más gravemente se verá afectada será la agricultura debido a su dependencia del ciclo hidrológico, siendo al mismo tiempo una actividad muy sensible por su relevancia para la seguridad alimentaria de la región.
Mientras tanto, en el Caribe, se ha dado de manera espontánea un incremento en la cobertura boscosa durante el mismo periodo de análisis, aunque no se cuenta con los datos exactos de tal aumento. Esto se explicaría en parte porque la actividad turística ha rebasado en importancia a la actividad agrícola en las islas caribeñas, generándose un crecimiento de bosques secundarios en las que otrora fueran zonas agrícolas.
En relación con este tema, algunos de los lineamientos propuestos para la acción son: a) implementar medidas para disminuir la rentabilidad de actividades que provocan deforestación frente a las que fomentan un uso sostenible de los bosques; b) reforzar la fiscalización y la aplicación de sanciones contra conductas ilegales; c) poner en marcha mecanismos de pago de servicios ambientales; e d) invertir en la capacidad de desarrollar conocimientos, tecnologías e innovaciones y en su aplicación a los recursos biológicos, entre otros.
Emisiones de CO₂
La producción de CO₂ ha tenido un continuo y sostenido crecimiento en la región, que se estima en un 41% para el periodo de 1990 a 2005. Sin embargo, el propio informe señala que dicho dato es inexacto, pues contabiliza únicamente las emisiones de CO₂ derivadas de la quema de combustibles fósiles y de la producción de cemento, no contándose con datos sobre aquellas causadas por cambios en el uso del suelo y deforestación. La ausencia de dichos datos es crítica, pues se calcula que América Latina y el Caribe es responsable de casi el 50% de las emisiones globales derivadas del cambio de uso del suelo. .
No obstante el incremento registrado y la necesidad de emprender acciones para contrarrestarlo, las emisiones de la región siguen representando sólo una fracción de aquellas que registran los países desarrollados.
En tal sentido, algunos directrices para la acción son: a) consolidar el uso eficiente de energía; b) crear un marco normativo ad hoc para estimular el uso eficiente de energía y desincentivar las actividades altas en emisiones, entre otros.
El desarrollo sostenible como elemento de las políticas públicas
El informe también analiza el estado de situación de la incorporación de los principios de desarrollo sostenible en las políticas y programas regionales, dejando claro que persisten enormes desafíos de implementación y de integración del componente ambiental del desarrollo sostenible.
Como lineamientos en esta materia se mencionan: a) mejorar el conocimiento de los encargados de la toma de decisiones sobre la importancia económica y social del medio ambiente; b) lograr un mayor nivel de coordinación y coherencia de la acción pública, a fin de garantizar la sostenibilidad del desarrollo; c) implementar las bases de un modelo de desarrollo que incluya los costos externos de la degradación ambiental, así como los beneficios externos de las actividades que no perjudican la integridad de los ecosistemas.
El comercio internacional como componente vital del séptimo ODM
En el documento referido, la Cepal hace énfasis en la gravedad que representa para los países de América Latina y el Caribe el que la Ronda de Doha no se haya finalizado y que ni siquiera presente avances. Pero también inquieta el hecho de que probablemente no cumpla la intención original de favorecer a los países en desarrollo.
El comercio internacional es visto como un componente clave para el logro de la sostenibilidad ambiental en los países de la región, no sólo por su potencialidad para reducir la pobreza, sino también por la capacidad para transmitir las crecientes exigencias ambientales que se relacionan con la competitividad y con ello guiar hacia economías con bajas emisiones de carbono.
En este sentido, se vuelve fundamental la gestión de financiamiento para el comercio y de transferencia de tecnología, de manera que los países en desarrollo no se vean limitados a través de nuevas exigencias de índole ambiental en los países desarrollados y por el contrario, puedan encontrar nuevas oportunidades de innovación y crecimiento sostenible.
Fuente: Revista Puentes, 2 de marzo de 2010, http://ictsd.org/i/news/puentesquincenal/71452/
Ver documento: http://cooperacionambiental.blogspot.com/2010/03/avances-en-la-sostenibilidad-ambiental.html

Directriz obliga a la mezcla de gasolina con etanol y de gasóleo con biodiesel, en una proporción de 5%, que podría llegar a 20% en el 2015
Buenos Aires. Con retraso por dificultades de abastecimiento, empieza este año en Argentina la mezcla obligatoria de gasolina con etanol y de gasóleo con biodiesel, en una proporción de cinco por ciento, que podría llegar a 20 en 2015.
Los consumidores no advierten la diferencia. La gasolina y el gasóleo tradicionales, derivados del petróleo, vienen mezclados con etanol, o alcohol carburante, y biodiésel respectivamente, en la proporción que exige la ley, aunque tanto el gobierno como las empresas admitieron que llevará un año implementar la medida a pleno.
La principal ventaja de estos combustibles es que emiten menos dióxido de carbono y otros gases causantes del recalentamiento planetario.
En Argentina, el etanol se produce a partir de la caña de azúcar. Para atender la demanda obligatoria que genera la ley se requieren 282.000 metros cúbicos de etanol, pero por el momento sólo hay 202.000 disponibles.
Osvaldo Bakovich, coordinador de Biocombustibles de la Secretaría de Energía, explicó a Tierramérica que hay centrales que aún no empezaron a producir. Por eso se prevé que la provisión de etanol estará completa a fin de año.
La información fue ratificada por el director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, Claudio Molina.
“El programa de corte de nafta (gasolina) con etanol comenzó parcialmente el 1 de enero”, dijo Molina a Tierramérica.
“Según la disponibilidad y las facilidades logísticas, habrá lugares del país con cortes de cinco o 10 por ciento y otros donde no habrá. Pero para 2011 el programa estará regularizado en todo el país”, vaticinó.
Molina informó de proyectos de obtención de etanol vegetal de distintas materias primas, como maíz o mandioca, “pero, por ahora, el gobierno otorgó licencia sólo a productores de etanol de caña, cuyas plantas ya funcionan en las (norteñas) provincias de Jujuy, Tucumán y Salta”, dijo.
Pero la verdadera estrella de los agrocarburantes en Argentina no es el etanol, como en Brasil o en Estados Unidos, sino el biodiésel.
Desde que se promulgó la Ley de Biocombustibles (26.093), en 2006, se inyectaron fuertes inversiones al sector, pero la producción se ha destinado sólo a mercados externos en los que ya estaban vigentes normas de mezclas para restringir la quema de hidrocarburos en el transporte.
En Argentina, la nueva norma creó un mercado interno que se expandirá en los próximos años. Para Bakovich, ya no hará falta importar gasóleo o “gasoil”, como ahora, que insume unos 1.000 millones de dólares anuales para satisfacer la demanda del transporte.
En este país el combustible más usado es el gasóleo, con 12 millones de metros cúbicos anuales. Según el Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina, 66 por ciento de los automóviles, camiones y maquinaria agrícola utilizan este contaminante combustible El resto se reparte entre gasolina (17 por ciento) y gas natural comprimido (17 por ciento).
Para cumplir con la mezcla inicial hacen falta 860.000 toneladas de biodiésel. La oferta se apoya en la inmensa producción de soya, la oleaginosa que lidera las exportaciones del país. Además de proveer al mundo del grano y la harina, Argentina es la primera exportadora mundial de aceite de soja.
Eso explica por qué no han prosperado otros planes basados en cultivos más eficientes para obtener biodiésel, como el piñón botija ( Jatropha curcas ) o el ricino ( Ricinus communis ), que aportan tres veces más aceite que la soja y crecen en tierras marginales. “Arrancamos con el biodiésel de soja hasta que se desarrollen otras fuentes”, admitió Bakovic.
Con la infraestructura ya montada, grandes aceiteras se lanzaron al negocio del biodiésel. En principio destinaron el nuevo combustible al mercado internacional, pero desde la entrada en vigor de la ley nacional, se requirió una parte de esos volúmenes para cumplir con la cuota.
La ley exige que los proveedores de agrocarburantes sean empresas pequeñas o medianas, vinculadas a productores rurales o con una parte del capital público. Pero, a la hora de empezar con la mezcla, los productores con esas características no podían satisfacer la demanda total.
El gobierno acordó en las últimas semanas comprar todo el biodiésel que producen esas empresas pequeñas, unas 300.000 toneladas, y aceptó distribuir entre las grandes exportadoras las 560.000 toneladas restantes, hasta completar el volumen requerido.
“Para los grandes productores, la operación en el mercado interno es marginal. El grueso lo exportan”, afirmó Molina. Los principales mercados están en la Unión Europea y Estados Unidos, donde también rige una mezcla obligatoria, cada vez mayor en porcentaje y exigencias.
Otro factor que justifica el protagonismo de la soja es que en Argentina la exportación de aceite está gravada con un impuesto de 32 por ciento. En cambio, si el aceite se transforma en biodiésel, éste paga un gravamen de exportación de apenas cinco por ciento, y la mitad de él se recupera mediante reintegros impositivos.
Para 2015 se prevé que el mercado interno opere con una mezcla de 20 por ciento de biodiésel, según la Secretaría de Energía. Para entonces, la capacidad instalada será de seis millones de toneladas, varias veces el consumo interno previsto para este año, pronosticó Molina.
El menor porcentaje de emisiones contaminantes depende de la eficiencia del cultivo y del resto de la cadena productiva y logística. El agrocombustible de soya, “en los cálculos más optimistas, permite una reducción de emisiones de 31 por ciento promedio”, dijo a Tierramérica Juan Carlos Villalonga, director de Greenpeace Argentina. El dato varía mucho según el rendimiento de la cosecha, alertó.
Bakovic fue más cauto, citando una reducción de 20 por ciento.
“Para que se logre un verdadero impacto, la reducción debería ser de 50 por ciento”, indicó Villalonga. Y advirtió que si para producir un combustible verde se utiliza en exceso el transporte, el riego y la energía en las centrales de producción y expendio, las desventajas pueden ser más que los beneficios.
Según Villalonga, la posible competencia por el uso del suelo con la producción alimentaria, quedó atenuada por la nueva Ley de Bosques (26.331), que frena el avance de la frontera agropecuaria para monocultivos como la soja.
“No creo que haya presión extra sobre la tierra porque hay capacidad ociosa para producir biocombustibles. Pero los biocombustibles no hacen milagros. Si Argentina quiere que su transporte emita menos, haría mucho más mejorando el servicio de carga del ferrocarril --reemplazado en los últimos años por camiones-- que utilizando 100 por ciento de biocombustibles”, aseguró.
Fuente: La Nación, http://www.nacion.com/ln_ee/2010/febrero/16/aldea2271465.html

Un estudio científico publicado ayer en Proceedings of the National Academy of Sciences consignó que el nivel de deforestación será tal que se necesitarían 250 años de utilización de biocombustibles para compensar la pérdida de los árboles.
Brasil tiene un ambicioso proyecto a diez años plazo para producir este tipo de combustible, que emite a la atmósfera muchos menos contaminantes que los tradicionales combustibles fósiles.
Eso implicará la ampliación de las zonas de producción de caña de azúcar (para el etanol) y soya (para biodiésel).
Debido a sus características, las zonas de producción idóneas para estas plantas se encuentran en lugares actualmente utilizados por la ganadería bovina.
En el caso de la caña de azúcar, por ejemplo, esos sitios son el sureste del país: Sao Paulo, Minas Gerais, Río de Janeiro y Paraná.
Los científicos explican que los ganaderos tendrán, entonces, que desplazarse a zonas que actualmente son selva, con la eventual deforestación para que los animales puedan pastar.
Pronóstico. Para lograr los obje
tivos brasileños de producción de etanol para el 2020, los investigadores pronostican que, en el caso de la caña de azúcar, habría que agregar 57.200 km cuadrados de superficie de explotación y, para la soya, hasta 108.100 km cuadrados. Unida, esa superficie equivale a más de tres veces el territorio de Costa Rica.
Según el estudio, el cambio en la utilización de la tierra empeorará, en realidad, el balance energético que se pretende mejorar con el uso de biocombustibles.
Los investigadores calculan que se necesitarían 250 años para volver a lograr el equilibrio entre el dióxido de carbono producido por la tala de la selva y las ventajas del uso del biocombustible.
En esta investigación trabajar
on científicos de la Universidad Kassel, del Instituto Max Planck para Meteorología, de Hamburgo, y del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas en Nairobi, entre otros.
São Paulo, (dpa) - La planificada ampliación de la producción de etanol y biodiesel en Brasil podría llevar a la destrucción de la selva tropical, según una investigación publicada hoy en "Proceedings of the National Academy of Sciences" (PNAS).
Según los científicos, la ampliación del cultivo de la caña de azúcar (para producir etanol) y de la soja (para producir biodiesel) desplazará sobre todo a los criadores de ganado bovino del sudeste de Brasil. Estos deberán trasladarse hacia las cercanías de la selva amazónica y allí desmontar superficies para la cría de sus animales.
Este cambio en la utilización de la tierra empeorará en forma considerable el balance energético que se pretende mejorar mediante el uso de biocombustibles.
En la investigación trabajaron en forma conjunta investigadores de la Universidad Kassel, del Instituto Max Planck para Meteorología de Hamburgo y del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas en Nairobi, entre otros.
Brasil lidera junto con Estados Unidos la producción de etanol. La altamente eficiente caña de azucar es la materia prima que utiliza Brasil para el combustible, mientras que Estados Unidos utiliza el maíz.
En Brasil las plantaciones de caña de azúcar no están ubicadas en la región de la selva tropical, sino sobre todo en el sur, el sudeste y el noreste del país. Las plantaciones de caña de azúcar, cultivo con el que también se produce la típica «Cachaça» (aguardiente de caña), ocupan actualmente 8.000 kilómetros cuadrados de superficie. Según datos oficiales, esta superficie podría hasta octuplicarse.
Para lograr los objetivos de producción de etanol para 2020 los investigadores pronostican que en el caso de la caña de azúcar habría que agregar 57.200 kilómetros cuadrados de superficie de explotación y para la soja hasta 108.100 kilómetros cuadrados.
Esta superficie provendrá en un 88 por ciento de regiones que antes era destinadas al pastoreo de ganado vacuno. Los criadores deberían desplazarse, lo que los llevaría, luego de la simulación del estudio, a talar 121.970 metros cuadrados de selva para crear nuevas regiones de pastoreo.
El efecto que se produce entonces es que los biocombustibles llevan en forma indirecta a la tala de la selva tropical y el balance energético del etanol y el biodiesel se desbarata.
El cultivo de caña de azúcar sería responsable de una "deforestación indirecta" en un 41 por ciento, en tanto la soja lo sería de un 59 por ciento.
Los investigadores calculan que se necesitarían 250 años para volver a lograr el equilibrio entre el dióxido de carbono producido por la tala de la selva tropical y las ventajas del uso del biocombustible.
No obstante el gobierno en Brasilia prevé que la tala de la región amazónica se reducirá para 2020 en un 80 por ciento.
Como solución a este problema los investigadores alientan a que en Brasil se planten las más productivas palmas oleíferas en vez de soja. De esta forma se podrían reducir las superficies de 108.100 metros cuadrados de producción de soja hasta 2020 a sólo 4.200 de palmas oleíferas.
Hace decenios que Brasil es líder en la producción de biocombustibles. Más del 90 por ciento de los vehículos nuevos vendidos en Brasil disponen de motores bivalentes, que se conocen popularmente como "flex" y que utilizan una mezcla de nafta y etanol. Ese combustible es la segunda fuente de energía luego del petróleo en el país sudamericano.
De la investigación dirigida por David Lapola de la Universidad de Kassel también participaron el Instituto para la Investigación de Consecuencias Climáticas de Potsdam (PIK) y el Centro Helmholz para investigaciones medioambientales de Leipzig.
Fuente: El País, http://elpais.cr/articulos.php?id=19142
La situación, sin embargo, es común a las 71 ciudades de más de un millón de habitantes que existen en la región, alertó a dpa Ricardo Jordán, responsable de las investigaciones en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Las urbes además encaran problemas de segregación espacial, transporte, provisión de energía limpia, tratamiento de la basura y contaminación atmosférica, según los análisis hechos con el aporte de la Helmholtz Gemeinschaft alemana.
En cifras, sólo en Lima mueren 3.900 personas anualmente por la mala calidad del aire, fenómeno que en la región provoca además la pérdida de 65 millones de jornadas laborales por año.
El tratamiento de la basura es otro conflicto de magnitud. Hoy, sin políticas claras de los gobiernos, los habitantes urbanos de la región producen un kilo de basura per cápita diario.
En cinco años, las urbes deberán resolver qué hacer con 500.000 toneladas diarias de desechos que generarán los hogares, en una región que también aporta 720 millones de toneladas de CO2 al aire.
Las situaciones más complejas las vivirán Caracas, México DF, Sao Paulo y Buenos Aires, las urbes con los peores índices per cápita en generación de basura, según el Banco Interamericano de Desarrollo.
"Es importante considerar que el cambio climático no es solamente un problema ambiental, sino uno de los mayores cambios para el desarrollo sustentable de las ciudades", plantea por ello Cepal en la versión preliminar del informe conocido por dpa.
Como ejemplo, las investigaciones proyectan que Lima tendrá hasta 13 millones de habitantes en 20 años, los que demandarán soluciones en empleo, servicios básicos y seguridad.
Hoy, sin embargo, sólo un 14 por ciento de las aguas residuales tienen tratamiento en esa ciudad. En Bogotá, la cifra sube a un 35 por ciento y sólo en Santiago de Chile avanza a la universalización.
En Sao Paulo, en tanto, el gran riesgo de habitabilidad en esta materia es que la ciudad no cuenta con una provisión garantizada de agua, pues la mitad de su consumo debe importarlo.
Sobre lo mismo, Jordán dijo que estas complicaciones climáticas, ambientales y en servicios básicos tienen efectos sobre la pobreza urbana y están ligadas al crecimiento continuo y no planificado de las urbes.
Un ejemplo de ello es lo que sucedió en Buenos Aires, donde la pobreza e indigencia urbana creció tendencialmente desde 1990, pese a los retrocesos de los últimos años, según el experto.
Este fenómeno, explica Jordán, está unido a una creciente segregación espacial en las ciudades, como ocurre hoy en Bogotá y Santiago de Chile.
El estudio, construido con el análisis de 110 indicadores urbanos, enfatiza que en este escenario el mayor obstáculo es la falta de políticas globales.
Un elemento positivo en todo el cuadro, eso sí, es que América Latina, como la región más urbana del mundo, está llegando a la etapa final de su desarrollo de ciudades, lo que morigera las presiones por cobertura de servicios, aunque aún hay fuerte brechas.
No en vano, en la región viven hoy unos 190 millones de pobres, la mayoría de ellos urbanos y niños, que requieren soluciones en educación, vivienda, energía y alimentación, hitos que obligarán a mayores consumos de energía e incrementos de contaminación, quiérase o no.
Fuente: El País, http://www.elpais.cr/articulos.php?id=14359
Estocolomo. DPA. La Unión Europea (UE) y Brasil acordaron hoy sumar esfuerzos para luchar conjuntamente contra el cambio climático y también poner sus relojes “a la misma hora” para intentar presentar una postura común en la próxima cumbre mundial sobre el clima que se celebra en diciembre próximo en Copenhague.Se trata de un hito desde el punto de vista de la política internacional, tanto para Brasil como para la UE, pues es la primera vez que el bloque comunitario, que elevó a Brasil a rango de “socio estratégico” en 2007, acuerda forjar este tipo de alianza con un país emergente que aspira a convertirse en potencia mundial.
Para Brasil supone, además de un reconocimiento como potencia regional, un éxito diplomático. El acuerdo hace que los ojos de Bruselas, en materia de lucha contra el cambio climático, se ponen ahora en Brasilia, desplazando así a países que hasta el momento, según los expertos, dominaban el debate mundial en la materia: Estados Unidos, India o China.
“La UE y Brasil están juntos en el camino para asumir los principales retos (mundiales), y esos retos vamos a enfrentarlos en común”, aseguró el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, al término de la tercera cumbre entre la UE y Brasil, que se celebró hoy en Estocolmo.
La cumbre, bajo presidencia semestral sueca de la UE, se celebra tres meses antes de la crucial cita mundial de Copenhague sobre el cambio climático, en el que ambas partes piensan desempeñar un papel relevante.
En ese sentido, ambos bloques acordaron celebrar en noviembre próximo una reunión bilateral de alto nivel para intentar consensuar una postura común que permita presionar para que se logre un acuerdo en la cita de Copenhague.
Brasil y la UE “están unidos en la necesidad de dar una respuesta adecuada para la cumbre de Copenhague”, subrayó el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva.
“Brasil es uno de los actores fundamentales en las negociaciones sobre el clima. Queremos presionar más sobre el tema del clima”, aseguró, por su parte, el primer ministro sueco y presidente de turno de la UE, Fredrik Reinfeldt.
“Sería muy positivo si Brasil pudiera ser ejemplo para otros países en Sudamérica” en el asunto del cambio climático, aseguró Reinfeldt.
Como contribución a ese proceso, Lula pidió la creación de una lista mundial detallada sobre la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que emite cada país, así como un listado con la cantidad de gases que sus respectivos bosques absorben de la atmósfera, para que la cumbre de Copenhague pueda fijar objetivos nacionales precisos.
“Tenemos que llegar a Copenhague sabiendo de antemano cuánto emite cada país, desde el más pequeño país de Africa hasta los Estados Unidos. Cada país debe asumir la responsabilidad por el daño que causa o los beneficios que provoca2, subrayó Lula.
En la declaración final de la cumbre, a la que tuvo acceso dpa, ambos bloques se comprometen a combatir, de manera conjunta, para conseguir fondos en el mercado internacional que sirvan para frenar la destrucción de los bosques en la zonas tropicales.
Brasil ya se manifestó a favor de reducir la deforestación en un 70 por ciento para 2015 y en un 80 por ciento para 2020, metas que Barroso consideró "ambiciosas".
Precisamente, la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de Brasil tienen su origen en la tala de árboles y en el proceso de deforestación.
De acuerco con la declaración final de la cumbre, ambas partes "acelerarán los esfuerzos para garantizar la inclusión de (la reducción de la deforestación) en el texto final que emane de la cumbre de Copenhague, así como el establecimiento de medios de apoyo eficaces y seguros, con fuertes incentivos de financiación pública".
La UE elevó a Brasil al rango de "socio estratégico" del bloque comunitario en una cumbre celebrada en Lisboa en 2007 y considera al gigante sudamericano un actor clave en temas de medio ambiente por sus enormes reservas naturales, como la Amazonia, además de por su incontestable papel de liderazgo mundial en el terreno de los biocombustibles.
Lula, Barroso y Reinfeldt dialogaron además sobre otros asuntos, como la crisis política en Honduras o las tensas relaciones entre la comunidad internacional e Irán por el programa nuclear del país persa.
Fuente: La Nación, http://www.nacion.com/ln_ee/2009/octubre/06/mundo2114204.html
TOMANDO DE: Adnmundo, http://www.adnmundo.com/contenidos/energia/chile_eeuu_acuerdo_energias_renovables_e250609.htmlPolítica y Cooperación Ambiental Design by topwpthemes. Converted To Blogger Template By Anshul And Ritesh .